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Desnacionalización del cobre: ¿peor es na’?

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Alumnos en la Facultad donde trabajo, tuvieron la destacable iniciativa de organizar un ciclo de charlas en torno al cobre. Su idea era relevar su importancia, cuando pocos parecen entender a cabalidad el sentido de que es el “sueldo de Chile”. En la última reunión expusieron un ex Director Ejecutivo de CODELCO durante uno de los gobiernos de la Concertación (en adelante “Director C”) y un ex Gerente General de la compañía durante el gobierno de Salvador Allende (en adelante “Gerente UP”).

El Director C era un expositor entretenido, histriónico y con el desparpajo que da tener la seguridad de estar del lado evidentemente correcto; por ende, de estar diciendo obviedades indiscutibles. Sin embargo, si Ud. ignorara el cargo que ocupó y que hoy es un académico, durante la mayor parte de su alocución hubiera supuesto que era un representante de alguna minera privada. Así de entusiasta con el sector privado, y en el fondo con la desnacionalización, era este ex funcionario público.

En su defensa de las mineras particulares, fue dejando en claro el modelo de desarrollo al cual adscribía. Por mucho que nadie recuerde cuándo votamos a favor de esa moción, nos aclaró que “Chile había elegido” seguir la senda del libre mercado. En ese marco, en el ámbito del cobre se había hecho un conveniente acuerdo con las compañías privadas: dos tercios de las ganancias para ellas y un tercio para nosotros. Asumía la desnacionalización al decir que, como Chile es “serio”, no se deben cambiar las “reglas del juego”: “un país tan importante como Chile” (¡prometo que sic!) no se podía dar el lujo de nacionalizar como ese tal Evo. Cualquier intento en ese sentido era absurdo por el costo que implica comprar las empresas. Quienes estaban por la nacionalización, por mejorar el trato con las mineras privadas para que Chile consiguiera mayores ingresos o por otro modelo de desarrollo, eran sino mentecatos a lo menos inocentes.

El problema con su posición no estriba en no compartirla. Sino en ser una típica expresión del maniqueísmo, pragmatismo radical y autocomplacencia tecnocrática. Sin el menor atisbo de autocrítica o de un análisis que no sea meramente circunstancial, asume el presente como el mejor de los mundos posibles y rebaja o ridiculiza a quienes tienen otra visión. Todo ello, sin tomar en cuenta el por qué y cómo llegamos a la actual situación; y sin molestarse en analizar las opiniones disidentes.

A estas alturas, por supuesto que es imposible comprar las mineras privadas por su costo exorbitante. Pero, el punto es por qué decimos “a estas alturas”. ¿Qué pasó para llegar a dónde estamos cuando esas minas eran y son chilenas? Qué ocurrió para que este ex empleado público de alto nivel no tomara en cuenta dicho tema: en su exposición no nombró la nacionalización, ni la violación de la propia Constitución de la República que significa la desnacionalización.[1] Para él considerar la historia sería un juego de “política ficción”. El único tema era el mutuo beneficio de la repartija.

Aún con la capacidad de negociación que da tener un 40% del cobre del mundo, no se deben alterar las “reglas del juego” para obtener más dinero: ¡como si se fueran a cambiar los contratos a cada pataleta de algún funcionario del Ministerio de Minería! En el afán de convencernos de algo así como que “peor es na’ ”, se valida el entregar rabo y oreja para no analizar fórmulas alternativas de gestión (no de propiedad, la cual es chilena) más beneficiosas para el país; sean privadas, mixtas o estatales. Los pragmáticos radicales no defienden cualquier realidad, sino la neoliberal; ese es su nivel de empirismo y el nivel de apertura al diálogo esperable en ellos. Y, para variar, imponen a todos los chilenos una situación que rechazarían en su caso: ¿o aceptarían ganar sólo un 33% y cuasi regalar un 66% a un tercero en un negocio propio?

En cuánto a los modelos de desarrollo, el Director C dejó manifiesto que cualquiera diferente al monetarismo chileno es radical, populista, pasado de moda, ineficiente, etc., etc., etc. Antes siquiera de entrar en diálogo, asumió que opiniones distintas a la suya son ridículas peroratas de fanáticos populistas. Es impensable siquiera buscar alguna variación al actual modelo de desarrollo y a su política minera. Menos todavía cambiarlos. Me imagino el duro juicio que debe tener de extremistas no monetaristas como los holandeses, belgas, canadienses o suecos.

El Director C me pareció sincero en su creencia de que su opción es la mejor forma de ayudar al país.[2] Lo malo es que la historia le debe incomodar. Hubiera sido bueno preguntarle qué sintió el 11 de julio de 1971 cuando se nacionalizó el cobre. ¿El hoy realista habrá sentido una emoción populista-estatista? La amnesia pragmática no alcanza para esconder esos pecados de juventud. Esa es historia y de la buena; de esos hechos que marcan y hacen a una nación. No fue política ficción, fue una decisión que sí se votó y se aprobó por unanimidad. Y, aunque a la fecha mire por encima del hombro el movimiento social en Bolivia, debe haber participado en ese movimiento social nacionalizador y estatista de principios de los setenta.

Los modelos de desarrollo son políticos. La economía y los negocios no existen en el limbo: eso es empírico, no voluntarismo. Por eso, al final no era él quien en realidad podía y debía ser irónico. Tendría que haberlo pensado antes de satirizar respecto de la nacionalización como principio político general y la renacionalización chilena en particular. No es una posición adecuada (usando un eufemismo) para la persona inteligente que es. Tampoco es una actitud adecuada (otro eufemismo) obviar y validar una especie de hurto consensuado (otro más) para alguien con espíritu de servicio público.

Para ir terminando vamos al Gerente UP. Este extendió su exposición dando muchos datos. Se podía palpar su urgencia porque dar a conocer lo que se calla. Y se entendía que esa avalancha de cifras, es parte de la actitud de quienes por ser críticos han sido deslegitimados e invisibilizados. Mientras los obsecuentes se pueden dar el lujo de hablar con total impunidad intelectual, a los disidentes se los obliga a un doble esfuerzo teórico y de empirismo. En este caso, demostró sólidamente las pérdidas del país por la inconstitucional explotación privada del 70% del cobre. Con la desnacionalización, y este modelo tan extrema y rígidamente privatizador en que las compañías apenas tributan y no pagan royalty, el “sueldo de Chile” es mucho menor de lo que podría ser. No podemos estar conformes con la desnacionalización y es falso que “peor es na’ ”.

Al final, la ironía suprema se dio cuando tomó la palabra un estudiante recién egresado. Con una ecuanimidad digna de resaltar, le señaló al Director UP que sus planteamientos no estaban mal. Mas, eran muy idealistas... ¡¿Adónde hemos llegado para que un jovencito sea tan “realista” que sermonea por “idealista” a un hombre mayor experto en su materia y con una postura casi de sentido común?!

(Publicado originalmente en www.elmostrador.cl, 09.11.06)



[1] Nota 2013: Es importante señalar que, tanto el Directo C como el autor, estaban equivocados el 2006. Al estar establecido en la propia Constitución que los minerales son chilenos, en el caso de re-nacionalizar nada de lo no extraído debe comprarse, ni siquiera expropiarse.

[2] Nota 2013: Debo confesar que, posteriormente, al tener mayores referencias acerca del Director C, he cambiado esta opinión. Todo indica que, como tantos otros tecnócratas de su tipo, no tiene en absoluto el bien del país entre sus prioridades.

 

11/07/2019 19:32 andrés monares #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Automatización y (des)empleo

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Muy lentamente se empieza a tomar el peso de la catástrofe que implica, y seguirá implicando, la automatización para el empleo de millones de personas... y, por ende, para su supervivencia. Sí, insisto, son millones: “un estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) estima que el 53% de los empleos en Chile se verán amenazados por la automatización en los próximos años”.[1] Ello significa que más “de un millón de empleos están con alto riesgo de automatización en Chile”.[2]

La tragedia por venir se entiende aún más profunda cuando se recuerda que por décadas en nuestro país se ha venido imponiendo, en las ideas y en la práctica, que cada cual es responsable por sí mismo. No se debe esperar apoyo y menos ayuda de la sociedad organizada en el Estado. Además, esa perspectiva (in)moral viene siendo validada por una cantidad no menor de chilenos que con orgullo señalan que “no les gusta que les regalen las cosas” o que desprecian una supuesta flojera de los pobres.

En este contexto recuerdo la triste y preocupante anécdota que me relatara un ingeniero civil que se desempeñaba como profesor de una prestigiosa universidad nacional.

Nuestro informante me refirió que se le acercó un alumno que quería hacer su tesis con él y cuyo proyecto se trataba de la automatización de un proceso industrial. Una vez conversados los aspectos netamente técnicos de la tesis, el profesor le consultó al joven acerca de qué pasará con las personas que trabajaban en el proceso que sería automatizado. Su duda se dirigía a que si la tesis contemplaba, por ejemplo, un plan de capacitación para quienes quedarían cesantes.

¡Afirmarse!... No diga que no le avisé.

El estudiante un poco sorprendido por la curiosa duda del profesor, le contesta que no hay problema: esa gente es subcontratada… por lo que no habrá mayores inconvenientes para despedirla. Luego, el personaje se quedó como esperando seguir la conversación de lo en realidad relevante: lo meramente técnico del asunto.

Ante tal respuesta, y en realidad, ante tal postura del estudiante, el profesor le indicó que debía desarrollar en su tesis algún tipo de plan para esos trabajadores y que luego volvieran a conversar. El alumno nunca apareció de nuevo… Todo indica que lo suyo era, como señalé, una postura: ¿por qué un técnico competente tendría que preocuparse de algo que no tendría nada que ver a su labor técnica?

No digo, ¡ni de lejos!, que todos los estudiantes de carreras profesionales de carácter técnico sean así. Me alegra de hecho conocer muchos ejemplos de ello. Sin embargo, me parece muy peligroso que alguien que a corto plazo pudiera llevar adelante o participar de proyectos de alto impacto, dirigir equipos y/o tener poder de decisión ante cuestiones relevantes, muestre tan poco criterio y ni el más mínimo grado de empatía. Es más, que como alumno terminal de una de las mejores universidades del país desee ser un simple y triste técnico en el más vil de los sentidos: un hacedor de cosas incapaz de ver más allá de su tarea inmediata. Peor todavía: ¡que haya decidido no querer ver más allá!

Una vez más se tiene un ejemplo de que la tecnología no es neutral. Pasan muchas cosas con ella o a partir de ella. Desde la pérdida de empleos, hasta el cambio de costumbres o ideas en la sociedad.

Dios nos pille confesados si éste es el tipo jóvenes que estamos (de)formando en la educación superior. Ya señalé que mi experiencia me dice que la muestra es más variada. Pero, igualmente me consta cómo se puede naturalizar esa actitud de mediocridad técnica entre estudiantes, profesores y profesionales.

Nunca ha dejado de tener sentido la relevante duda ética sobre de si todo lo que técnicamente se puede hacer, se debe en realidad hacer. Sigue en pie la conveniencia (y dudé si escribir “urgencia”) de entregar una formación amplia a quienes cursan carreras profesionales de orden técnico.[3] Por evidente que sea, nunca está de más recordar que los contextos socioculturales y los cuerpos de ideas se ven afectados por la técnica; y ésta igualmente por esos contextos y cuerpos de ideas.

No existe la técnica separada de lo ético, social, cultural, económico, político, medioambiental, religioso, estético, recreativo, etc. Esa supuesta posibilidad de aislar la realidad en campos separados que no se comunican, es una fantasía de las personas con mentes ingenuas, de corto alcance, ignorantes o que buscan salvar su desinterés por las consecuencias de sus actos.

Una vez más nos hallamos ante dilemas éticos surgidos de la técnica. No es la primera vez ni de seguro será la última. El mundo ya ha probado en carne propia los desvíos del sueño u optimismo tecnológico de la “civilización” occidental moderna. No es mi intención adherir aquí a las duras palabras de Ortega y Gasset respecto de una general barbarie del “especialismo”.[4] No obstante, claramente el peligro es cierto cuando la especialización técnica se convierte en atomismo, y se le suma un contexto de desprecio por los criterios y preguntas que pueden aportar las humanidades, artes y disciplinas socioculturales.

De esa manera, se puede caer en la ingenuidad descontextualizada o la carencia de empatía y de sentimientos de culpabilidad por el daño causado a otros que raya en la psicopatía. Se puede así terminar afirmando respectivamente, que el desempleo actual y futuro por motivos de automatización en realidad no es culpa de la técnica; o desde una mediocre ironía, que si se trata de evitar la cesantía de millones mejor seguir cavando con las manos para que siga habiendo empleo...



[1] “Estudio estima que el 53% de los empleos se verán amenazados por la automatización” (https://www.mega.cl/noticias/nacional/252439-estudio-de-la-ocde-automatizacion-amenaza-para-empresas.html, 28.02.19).

[2] “Más de un millón de empleos están con alto riesgo de automatización en Chile” (https://www.cnnchile.com/economia/empleos-alto-riesgo-automatizacion-chile_20190703/, 03.07.19).

[3] Por ejemplo, entre otras instituciones destacadas en la enseñanza de las ciencias y la tecnología, en el MIT casi un 25% del currículum de los estudiantes del ámbito científico-tecnológico corresponde a materias de humanidades, artes y disciplinas socioculturales (“At MIT, the humanities are just as important as STEM”, https://www.bostonglobe.com/opinion/2014/04/30/mit-humanities-are-just-important-stem/ZOArg1PgEFy2wm4ptue56I/story.html, 30.04.14).

 [4] “La barbarie del ‘especialismo’ ”, en línea: http://users.df.uba.ar/solari/Docencia/Complejos/ortega.pdf.

21/07/2019 20:09 andrés monares #. sin tema Hay 4 comentarios.

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