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Joaquín Lenín

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Partamos dejando en claro que el Joaco no es santo de mi devoción. Y a pesar de ser un personaje que cuesta tomarse en serio por sus curiosas ocurrencias, no es la idea que los árboles no dejen ver el bosque.

¿Qué bosque dirá Ud.? Que fue funcionario de la dictadura cívico-militar, o sea, en las palabras del propio Piñera, fue parte de los “cómplices pasivos”. Que violó la ley de la propia dictadura sobre la prohibición del lucro en educación cuando retiró utilidades de la Universidad del Desarrollo. Que no pocos de sus proyectos son ridículos (y hay que reconocer que él mismo lo ha aceptado en algunos casos). Que su accionar como alcalde de Las Condes ha implicado una extrema exposición mediática sospechosa cuando no risible: acude a las más nimias situaciones vecinales siempre acompañado de un equipo audiovisual. Y, finalmente, que ya habría comenzado su campaña presidencial.

Insisto, el Joaco no es santo de mi devoción.

Sin embargo, a estas alturas en que ya se derramó mucha tinta sobre el tema de su proyecto de “viviendas sociales” en la Rotonda Atenas y se pacificaron los ánimos, me parece adecuado rescatar un punto: puede que, a la larga, Lavín esté poniendo un tema relevante en la derecha.

Más allá de que sean o no viviendas sociales y del supuesto objetivo último de Lavín de intentar llegar a La Moneda una vez más, no dejó de llamar la atención (para mal) que las críticas más ácidas que recibiera hayan venido de las que serían las bases de su “sector”. De quienes se escuchó hasta acusaciones de “populismo”… el viejo y confiable “argumento” de quiénes, justamente, no son capaces de elaborar argumentos.

El compañero Joaquín Lenín, en un loco afán izquierdista y revolucionario, estaría intentando integrar socialmente. Quiere llevar a esos extraños llamados “pobres” (¡que nadie aún sabe a ciencia cierta quiénes son!) con sus dudosas costumbres a los barrios de la gente “bien”… quienes en realidad, con la magra distribución del ingreso en el país, hace rato que no son gente bien-bien. Aparte de los evidentes problemas de convivencia y de delincuencia que este radical proyecto marxista-lavinista implicará, lo más catastrófico que sucedería es que los precios de las propiedades de las personas decentes bajarían. Sí, la integración, por casi ínfima que sea dada las características del proyecto, es incluso un mal negocio.

Todo ese escándalo nos recordó que la moralidad clasista del siglo XIX sigue con nosotros. Todavía en Chile las promesas de igualdad y dignidad universal de la Modernidad no son para todos los grupos sociales. Esa gente que a priori rechaza al “pobre”, nunca se preguntó qué sociedad construimos para temerle tanto a otros chilenos diferentes; y, si estos fueran realmente personas peligrosas y malvivientes, qué sociedad construimos donde los “pobres” son así.

Entonces, fuera del triste espectáculo de los “cacerolazos” contra los potenciales beneficiarios del programa de “viviendas sociales” y las críticas contra Lavín desde los vecinos derechistas, me parece importante que, como dije antes, el alcalde pudiera estar poniendo un tema en su sector.

Sí, sí sé que es algo mínimo para una mentalidad normal. ¿Qué gracia hay en sostener que todos somos iguales y los barrios deben integrar a los diferentes grupos sociales? Ninguna… salvo en Chile. ¡Ese es el punto!

En nuestro país “indio” es un insulto; las “nanas” deben llevar uniforme y tienen cerrados ciertos espacios de condominios y edificios; la jerarquía social se construye en base al color de piel; las opiniones fascistas, racistas o clasistas son legítimas y deben estar protegidas por la libertad de expresión... Bueno, en esta isla ideológica que es Chile, la igualdad es una especie de anatema en general; y para parte importante de los votantes de derecha de las clases acomodadas, un asunto que sus partidos deben combatir. Lucha que se tendría que dar incluso en el caso de un proyecto inmobiliario donde la integración social es cuantitativamente insignificante.

Así, más allá de la opinión que uno pueda tener de Lavín, me parece que a la larga no es menor que pueda dejar sentado que la mínima decencia no está ajena a la derecha. Que dicho sector político-cultural debe de una vez salir de las cavernas y superar sus miedos atávicos a los ateos, al sexo, a los inmigrantes (siempre que sean negros y pobres), la integración, los jóvenes que no van a misa, la homosexualidad y la transexualidad, los pobres, al feminismo y la izquierda (dos etiquetas muy generales bajo las que subyacen muchos y diversos grupos) y tantos otros temores que los torturan.

Ya está bueno de esta derecha reaccionaria, en el más pleno sentido del término; una que construyó una cultura que no ve lo colectivo o rechaza pensar más allá de la conveniencia individual. ¡Queremos una derecha democrática y realmente liberal! De hecho, una democracia pluralista lo necesita.

Es el propio sector el que debe terminar de una vez con el engendro moralmente conservador, liberal en lo económico, filo fascista y con una visión decimonónica de las diferencias entre grupos sociales. En la mayoría de los países democráticos esas tendencias no son sensibilidades diferentes de una coalición, sino partidos diferentes y en pugna. Baste recordar a la fascista Le Pen versus el tecnócrata liberal Macron en Francia.

Francamente me importa un comino que Lavín se esté disfrazando para su campaña presidencial, si a la larga ayuda a que no sea defendible una añeja e inmoral concepción clasista de la sociedad. Este rechazo no es monopolio del “progresismo” o la “izquierda”; más importante todavía: ¡no debe serlo! Esos son valores elementales de una sociedad democrática. Son consensos básicos acerca de los cuales necesitamos un compromiso transversal… al cual, de una vez por todas, debe sumarse la derecha democrática.

¿Podrá ser Lavín el condutor de la máquina del tiempo que traiga a la derecha desde las cavernas antediluvianas al siglo XXI?

07/08/2018 15:41 andrés monares #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Mauricio Rojas... Lamentablemente, nada nuevo bajo el sol

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La actualización de una vieja entrevista del Dr. Rojas, el destacado intelectual de derecha, dejó la grande. Aunque ya sabemos que para este gobierno las declaraciones son sólo eso: palabras al viento, que no deben impedir ver el cuadro completo. Más, cuando ya no representan la vanguardista opinión actual del ministro. En todo caso, sinceremos las cosas: en este país campea la impunidad intelectual. Cualquier opinión es aceptable y, si causara algún problema, mañana se olvida.

Ahora bien, no podía esperarse más de Rojas un “Senior fellow” (¡sí, en inglés!) de la Fundación para el Progreso... o, en realidad, para el Retroceso: derechito al siglo XIX. Pero el inefable Piñera igual lo nombró, pues obviamente le debe haber dado plena confianza que perteneciera a la misma fundación darwinista social de Gerardito Varela: un tipo que ya sabemos es prenda de garantía. La torpeza política de nuestro inversionista-prófugo y su sed de poder le impulsó en su campaña a sellar un compromiso con la extrema derecha: fascistas, ultraconservadores religiosos y anarco-capitalistas. No le pidamos más a dicho personaje. No nació para grandezas, salvo si hablamos de sus cuentas en paraísos fiscales. Ni en su anterior presidencia, ni en ésta Piñera fue capaz de darse cuenta de que podía pasar a la historia como el fundador de una derecha liberal y democrática post dictadura. Si tal vez hubiera habido plata de por medio... mmmmmmm... tal vez. En fin, ya fue.

Todo mal. Esta derecha miserable cree que la doctrina y la consecuente juridicidad de los derechos humanos son de la izquierda. Claro, nunca han leído sus propias fuentes ideológicas de la Ilustración; creen que basta con saber teoría de precios ortodoxa: matemática en vez de latera prosa que defiende gobiernos del pueblo (aunque quedarían súper tranquilos si supieran que ese “pueblo” de los ilustrados se refería sólo a varones blancos propietarios). Para el grueso de nuestra triste derecha, lo que ordena Washington y la tradición clasista-rentista de nuestro siglo XIX bastan. ¡Renunciaron a la gloria de asumir su propia tradición! Esa que “inventó” en Occidente el estado de derecho y los derechos individuales. Esa que luego fue el cimiento para entender que la horrorosa experiencia fascista de mediados del siglo XX no debía repetirse jamás, y por eso se pensó y escribió una Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Pero, no le pidamos tanto a nuestra derecha. Si apenas leen el cuerpo D de El Mercurio.

Es esa derecha, de la cual Rojas es un excelente representante, la que clama que no es objetivo tomar en cuenta sólo del 11 de septiembre de 1973 en adelante. Dicen que hubo un contexto previo que provocó el Golpe y los crímenes de lesa humanidad que conllevó. En otras palabras, se refieren a la mitología de que los “guerrilleros” se lo merecían porque “no eran blancas palomas”. Sus secuestros, torturas, asesinatos y desaparecimientos quedan así explicados: sembraron vientos y cosecharon tempestades. Nuestra derecha no entiende, por ignorancia o mala fe, que los derecho humanos son… curiosamente… de todos los humanos.

No obstante, las afiebradas teorías del Plan Z y de los 30 mil y tantos guerrilleros extranjeros del ’73 no explican el drama de simples militantes, funcionarios públicos, ni de los chilenos comunes y corrientes cuyos derechos fueron violados por agentes del Estado en un plan sistemático de represión. ¡¿Y para qué hablar de niños?! Sí, los valientes soldados asesinaron a menores de edad también.

Más allá de la falsedad de dichas teorías, si se aceptara la fantasía de la “guerra interna” por la cual “eran ellos o nosotros”, la famosa artimaña del contexto o de lo que pasó antes del '73, se tornaría coherente violar una mujer si anda con mini y escote en un sitio eriazo o asesinar a la pareja que te engañó con otro hombre o es muy coqueta. El punto, para peor, es que enfrentamientos aislados nunca dieron cuenta de un real estado de guerra.

Lo de Rojas no es nuevo, ni un desliz de un bobalicón. Sus declaraciones no son una “salida de madre”. En Chile esa gente tiene un espacio “ganado” y hasta se los defiende usando la falacia de que su opinión está amparada por la libertad de expresión. Así de patético es nuestro país. Mentir descaradamente o vociferar discursos de odio por los medios de comunicación… ¡es un “derecho humano”! Fuera de la idiotez de dicha postura (perdonen la palabra, ¿pero qué otra se puede usar?), es irónico que los negadores de los derechos humanos se amparen en ellos para seguir enalteciendo esas negaciones a los derechos humanos. Un pésimo chiste.

Se sabe que la niña símbolo de esa postura es Patricia Maldonado. Pero, como señaló el actor Luis Gnecco en una entrevista, son los directivos de Megavisión quienes le deben una explicación al país. En todo caso, que por décadas no haya pasado nada con dicho oscuro personaje, habla más de Chile que de Megavisión. Maldonado seguirá en pantalla orgullosa por ser “consecuente” y ser una persona “que va de frente”. Igual de orgulloso estaba el “Mamo” Contreras.

Ese es Chile. Asumamos que no hemos llegado a esto… “esto” siempre ha estado ahí desde 1990. Hagámonos cargo.

En el último tiempo he querido enaltecer a las personas de derecha democrática que tengo el gusto de conocer. Pero, tristemente para el sistema democrático, al final de cuentas esa gente es mera desviación estándar del “sector”. Y específicamente en el gobierno son mera comparsa: Blumel explicando lo inexplicable es la prueba.

Chile da vergüenza. No ahora, hace décadas. Por supuesto que por nuestra triste derecha. Sin embargo, asimismo debemos hacernos cargo de nuestra responsabilidad. Porque gente como Rojas, Varela, Maldonado, J.A. Kast, la Familia Militar o el Movimiento Social Patriota no salieron de la nada. Insisto, hoy es Mauricio Rojas, pero lamentablemente su caso no es nada nuevo bajo el sol en esta copia pirata e infeliz del Edén.

12/08/2018 20:08 andrés monares #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Prioridades y grandes debates de cierta izquierda

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- ¿Qué pasa compañero? Lo noto preocupado.


- Sí, estoy muy preocupado por la situación del país. Por ejemplo, no tenemos un modelo de desarrollo con una mirada de futuro, los recursos marinos se entregaron a unas pocas empresas, más de un 60% de los jubilados reciben pensiones miserables, la educación y la salud no son derechos, las grandes forestales se benefician de subsidios del Estado, tenemos un sistema impositivo regresivo, se mantiene por décadas una gran desigualdad socioeconómica, la participación política es baja, se reprime al pueblo mapuche y a los movimientos sociales, las grandes empresas coimean a nuestros políticos para que legislen en su favor y hasta les redactan los artículos de las leyes, se perpetran una alta cantidad de femicidios, son muy diferentes las penas para los delitos cometidos por pobres y ricos, los recursos mineros no son chilenos como dice la propia Constitución, los salarios de la gran mayoría de los trabajadores son muy bajos, la inversión público-privada en I+D es escasa, las tasas de depresión son altas, no se apoya a las Pymes, no se protege la naturaleza, no hay una política de fomento deportivo, no existe apoyo al desarrollo de la industria nacional, el agua es privada, las tasas de sindicalización son bajas, mueren miles de personas al año esperando atención en el sistema público de salud, hay un gran consumo de alcohol entre nuestros jóvenes, se mantiene la brecha salarial entre hombres y mujeres, nuestras cárceles están hacinadas y no entregan posibilidades de rehabilitación, las grandes empresas se coluden, las familias están endeudadas, la gente lee poco, no hay pluralismo en la prensa, se están viendo brotes de xenofobia, los bancos prestan a tasas usureras, los medicamentos son carísimos, no estamos preparados para el cambio climático, no se ha diversificado la matriz energética, han aumentado los campamentos, Carabineros y el Ejército presentan serios casos de corrupción, la población rural en muchas zonas no tiene conectividad, la infección de VIH está disparada…

- ¡Pero compañero! … ¡¿Pensé que estaba preocupado por los arteros ataques contra los procesos populares y revolucionarios del mundo que realizan los reaccionarios y revisionistas enquistados en partidos pequeño burgueses que le hacen el juego a la ultraderecha y al imperialismo yanqui?!

- …Eeeeeeeh…

- Shuuuuuu… No sabía que era tan amarillo compañero… ¡Qué poca consecuencia la suya!

- …
27/08/2018 10:55 andrés monares #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

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