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Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2017.

Fútbol profesional chileno

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Ver hoy a los punteros jugando, y a los equipos "grandes" en general... es torturador. Más, con unos hinchas viejotes gritando y cantándote en la oreja... Insufrible.

Pero, justamente los hinchas ni se inmutan, hasta se gozan en su ridícula autocomplacencia por el fútbol profesional. A saber:

- Un campeonato mediocre que es "emocionante", porque es tan malo que varios pueden campeonar.

- Campeones que hace más de una década hacen el ridículo en la Libertadores (¿cuántos campeonatos chilenos valdrían 1 en un campeonato decente de otro país?).

- Campeonato penca donde jugadores viejos o de mediocre paso por el extranjero son "estrellas".

- Campeonato penca y vergüenzas internacionales que las SADP no les importa, porque sacan igual su platita con su mirada de corto plazo.

- Clubes sociales que les fueron "guachipeados" a los hinchas por esas mismas SADP y aun así los "fanáticos" se pavonean de ser "campeones" de triunfos que en realidad no les pertenecen (¡cómo si nos sintiéramos en el cielo porque una empresa tuvo utilidades extraordinarias!).

- Hinchadas que sitúan su identidad en una SA y desde esa identidad asumen que otros clubes SA son "archienemigos" (¡como si en cualquier otro mercado se odiaran los consumidores de dos marcas!).

- Por si fuera poco, Chile adulta fuera del Mundial, recordando además que esa gran generación no es fruto de un modelo de desarrollo deportivo.

- Las selecciones juveniles dan bote y las juveniles de los clubes están botadas... no dan plata a corto plazo para las SADP.

- SADP que a estas alturas ya se sabe no han servido para desarrollar nuestro fútbol.

- Desarrollo que nunca llegará si, entre otras cosas, los 3 clubes "grandes", con la anuencia de los demás, se llevan la mascada del león de las platas del canal del fútbol.

Así está la cosa... que tu vida se juegue cada domingo por un club que no te pertenece, por una SA en la cual ni siquiera tienes acciones, y que eso sea más importante que tu salud, pensión o educación.

Sí, me dejaron mal genio los pelmazos cantándome en la oreja.

07/11/2017 13:05 andrés monares #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

La Reforma Protestante: ¿Un legado encerrado en los templos?[1]

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El pasado 31 de octubre se celebraron los 500 años de la Reforma Protestante, 500 años desde que en 1517 Martín Lutero publicara en las puertas de la iglesia de Wittemberg sus “95 tesis” donde criticaba las indulgencias de la Iglesia romana. Poco importa ya si en realidad las pegó o no en dicha iglesia, pues lo importante es que a partir de sus tesis se desarrollaría un proceso teológico, eclesiástico, social y político en Europa Occidental. Proceso que, lamentablemente cuando se piensa en seguidores de un dios de amor, tuvo en un principio cruentas manifestaciones.

Por fortuna, los conflictos violentos quedaron en el pasado, aunque uno podría sospechar que se mantienen resquemores… hoy muy bien disimulados por el espíritu ecuménico que, por suerte, está en boga. En nuestro país, esas animosidades responden a todo lo que ha implicado para los “protestantes” ser una minoría hasta el día de hoy. Por suerte, los peores días ya han pasado y pareciera que se avanza, lento pero firme, a un reconocimiento igualitario de esos compatriotas por parte del Estado.

Pero, tal vez ese reconocimiento oficial no lo realizan o sienten todos los chilenos “de a pie”. A pesar de que hoy en nuestro país las diferentes confesiones herederas de aquel suceso europeo occidental vienen teniendo mayor visibilidad en el espacio público, en general la tienen en tanto confesiones solamente. Es decir, como diferentes grupos de personas creyentes agrupadas en alguna iglesia específica; la mayoría de los chilenos ni siquiera saben a qué interpretación particular del cristianismo corresponde cada agrupación.

Para ese mayoritario grupo de compatriotas, que pareciera están fundamentalmente influenciados por el catolicismo (aunque ellos mismos se digan ateos u agnósticos y/o se reconozcan seguidores de la que creo es la verdadera religión mayoritaria en el país: “católico a mi manera”), los “protestantes” se tratarían de una especie de masa informe de gente religiosa, la cual en general es etiquetada como “canutos”. Estos “canutos” serían personas que se caracterizarían por su conservadurismo político y moral, y que en tal sentido poco y nada tienen que ver con la Modernidad, sus instituciones, sistemas de ideas y valores.

Incluso, me atrevería a señalar que entre no pocos protestantes se puede encontrar una opinión similar. La fe mira con recelo lo mundano y, precisamente, ha sido la Modernidad la que habría traído a las sociedades diversas instituciones, sistemas de ideas y valores reñidos con el (¿“verdadero”?) cristianismo.

No obstante, cuando uno investiga el origen de la Modernidad occidental queda bastante claro el protagonismo de las confesiones separadas de Roma en el siglo XVI. Asimismo, esa otra gran fuente de anti cristianismo o derechamente de ateísmo que se supone fue la Ilustración, cuando se leen los textos originales de sus autores, queda en evidencia la profunda piedad cristiana protestante de aquellos filósofos. Así, es posible establecer un camino teológico y filosófico —y luego uno político, económico y hasta científico—, que comienza en la Reforma, pasa por la Ilustración y da a luz a la Modernidad.

Esos tópicos se detallan en el libro Reforma e Ilustración. Los teólogos que construyeron la Modernidad. Texto que busca exponer la determinante influencia de las doctrinas de la Reforma en la Ilustración. Y, en consecuencia, poder constatar cómo a través de los sistemas filosóficos elaborados por los miembros de ese movimiento intelectual y su vigencia, su religiosidad se materializó en una tradición sociocultural anglosajona: la Modernidad. En otras palabras, la tradición occidental pos Reforma es a todas luces de origen y carácter protestante. Por más que la primera generación de reformadores estarían hoy totalmente en desacuerdo con el curso que tomaron sus ideas en los siglos XVII y XVIII o cómo ellas fueron interpretadas en ese período y aun después.

La teología acerca de Dios, los efectos del pecado original en la humanidad y el ascetismo intramundano fueron los cimientos sobre los cuales trabajaron los filósofos de la Ilustración. El error de asumir que estos pensadores eran anti cristianos y hasta ateos, se pueden explicar a partir de la pasión teológica del siglo XVII, en donde las diferencias doctrinales terminaban en la grave y afrentosa acusación de ateísmo.

Mas, cuando se investiga la génesis de los sistemas que podemos identificar como los más relevantes que legó la Ilustración a la Modernidad, se descubren con toda claridad sus fundamentos y objetivos cristianos protestantes. Puntualmente, nos referiremos aquí brevemente a la ciencia experimental, al republicanismo (inseparable de la teoría política y del derecho) y al capitalismo de mercado.[2]

En cuanto a las ciencias naturales, lo primero es recordar el concepto que hasta bien entrado el siglo XIX servía para identificar a esos estudios: filosofía natural. Esta terminología hacía referencia a la etimología de la palabra filosofía: amor al conocimiento; lo que en términos cristianos es amar a Dios (Sabiduría, Logos) a través del estudio de su creación, en la cual se podían encontrar sus atributos visibles. Ese proyecto devoto se puede identificar en dos personajes: Francis Bacon e Isaac Newton. Ambos cristianos quienes vieron en la investigación de la naturaleza, la posibilidad cierta de probar la existencia de Dios al comprender que si hay una creación es porque hay un Creador; y luego, puntualmente Newton, que en las características del universo era posible encontrar los atributos visibles de la divinidad por medio de la inducción, la experimentación y la medición. Para sus contemporáneos cristiano-protestantes no había ninguna duda de que Newton había levantado los velos de misterio de la creación al probar, a través de la filosofía natural, su funcionamiento por medio de leyes establecidas por la divinidad. Lo cual, en el fondo y primariamente, comprobaba la existencia de Dios.

Sobre esa demostración y metodología newtoniana, trabajarían otros pensadores: una vez demostrada la verdad en lo natural no humano, faltaba despejar las incógnitas del mundo humano. Es el caso del filósofo moral inglés John Locke, quien elaboraría la teoría republicana desde fundamentos religiosos protestantes. Al establecer los fundamentos piadosos para el establecimiento de la sociedad política a fin de cumplir el mandato del Génesis 1,28, tal como Newton en el caso del universo, Locke comprobaría que las regularidades en la conducta humana individual y social, respondían a la voluntad divina. Y, tal como a Newton, su época le reconocería por tamaño logro.

Finalmente, nuestro tercer y último ejemplo es Adam Smith, otro filósofo moral abiertamente cristiano protestante. El autor, sobre los cimientos establecido por Newton y Locke en el siglo XVII, elaboraría una síntesis en la siguiente centuria que se ha llegado a conocer como economía de mercado. Ya probado por Newton que la voluntad divina de carácter regular ejercía su influjo en el mundo y por Locke que lo hacía específicamente para hacer cumplir el Génesis 1,28, sólo restaba sintetizar esos fundamentos en un ámbito particular: la producción y el comercio. Así, la economía se transformaba en el trabajo de Smith en un medio divino para conseguir la supervivencia de la especie, siendo la “mano invisible” la divina providencia que dirigía a los humanos en lo productivo-comercial.

Desde el estudio de los textos originales de los filósofos ilustrados y de su contexto, se puede concluir que lo que el prejuicio protestante y el prejuicio secular moderno ha visto cual actividad filosófica profana y hasta antirreligiosa en la Ilustración, en realidad siempre fue teología [3]. Los filósofos ilustrados, por más que fueran rechazados por el clero ortodoxo, fueron conscientes promotores de la teología. Sus sistemas de ideas o filosofías eran una expresión que al mismo tiempo es intelectual pura; y en tanto actividad erudita, es también ascética (emocional/conductual).

La herencia Ilustrada fue desarrollada hasta convertirse en lo que hoy llamamos Modernidad. Su directa relación con la Reforma no puede ser obviada por sinrazones seculares, ni tampoco por visiones religiosas ortodoxas que no reconocen nada que no siga al pie de la letra un dogma anquilosado y ciertas interpretaciones de las Escrituras.

Sin lugar a dudas para quien esto escribe, lo mismo que en la llamada “Edad de la fe” europea occidental, las naciones modernizadas viven a la fecha en base a patrones desarrollados desde específicas interpretaciones de dogmas cristianos. El campesino, el artesano o el noble de la tardía Edad Media, entendían y sentían en tanto propios, rasgos socioculturales que se podrían catalogar de aristotélico-tomistas. Lo que ocurría sin que la gran mayoría de ellos hubiera leído a Aristóteles o Tomás de Aquino, o ni siquiera hubieran escuchado de ellos. Asimismo, a la fecha en el mundo moderno y/o modernizado, se están asumiendo una serie de patrones conductuales, una moral e ideas cuya raíz se hunde en el siglo XVI, en la Reforma Protestante:

…por la influencia y vigencia de los sistemas ilustrados en la Modernidad, se tiene que estamos sumidos en un mundo religioso (…) Es cierto que el “ascetismo intramundano” conceptualizado por Max Weber, fue un poderoso y decisivo incentivo ético en diversas esferas. Pero, el ascendiente de la teología (…) llegó mucho más lejos: sirvió de fundamento para elaborar proyectos y sistemas de ideas que, materializados por la firme convicción de aquel empeño ascético, terminaron de una u otra manera por construir la Modernidad

Esos hechos, a la luz de los textos y la historia aparecen como indesmentibles. Pero, quedarse en que el cristianismo separado de Roma es fundamental en la construcción del mundo contemporáneo, sería una vana satisfacción si los cristianos no se hacen cargo de lo que ha conllevado la Modernidad cristiana. Es comprensible que se gocen de lo positivo, pero es imperativo que busquen solucionar lo negativo. No se pueden esconder en la secularización que, olvidándose de Dios y de la teología, dejó una estructura firme pero vacía de espiritualidad. Los desafíos actuales, desde el cambio climático hasta la desigualdad y la pobreza, claman por una acción urgente. Hemos explotado y descuidado groseramente a la naturaleza, hemos explotado y descuidado groseramente al prójimo. Pareciera entonces hora de que los cristianos vuelvan a recordar que lo son y que eso implica intentar seguir las exigencias éticas radicales de su maestro.

♦ Este texto fue publicado el 09.11.17 en el sitio:

http://www.corecchile.com/2017/11/09/la-reforma-protestante-un-legado-encerrado-en-los-templos/



[1] Se han usado aquí algunas partes de la “Presentación” de mi libro Reforma e Ilustración. Los teólogos que construyeron la Modernidad (Editorial Ayun, Santiago, 2012), las que se han escrito en cursiva.

[2] Por motivos de espacio y por el carácter de este escrito, sintetizaremos las propuestas de los autores, lo cual implica simplificar u obviar el detalle conceptual y lógico de sus filosofías.

[3] Tal vez ese recurrido y extendido error se pueda dilucidar, al menos, por tres motivos: la crítica ilustrada al clero dogmático y autoritario, y a la rígida piedad antiintelectual; las acusaciones de irreligiosos y hasta de ateos que precisamente recibieron de esos sectores; y ciertos silencios en los textos iluministas, que se explicarían por lo innecesario de aclarar lo evidente (a pesar de que en general son explícitos en sus afirmaciones y argumentaciones religiosas, lo cual debilita este punto o deja en evidencia una lectura poco rigurosa).

10/11/2017 13:01 andrés monares #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Nos lo merecemos parece

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’Tamos mal...

Cuando escuchas a un par de profesoras universitarias que se molestan porque a Piñera los periodistas le preguntan tanto por su estafa al Banco de Talca... ¡Si fue hace tanto tiempo!

Cuando un votante de la Nueva Pillería dice que los del Frente Amplio son extremistas... ¡Si proponen políticas socialdemócratas que aquel votante en teoría debería apoyar!

Y los jóvenes, con el potencial de votos para poner a una persona en La Moneda y cambiar la constitución de la Cámara... ¿Votarán?

¡’Tamos mal, muy mal!

15/11/2017 15:06 andrés monares #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Sánchez y Guillier no son blancas palomas

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Estas líneas responden a la oportunidad única que tuve ayer por la noche en un café: sentarme junto a la mesa del equipo de investigación de un prestigioso sitio periodístico. No es que uno ande por la vida escuchando conversaciones ajenas, pero aunque hablaban en un volumen moderado, el local era chico y la cercanía hizo lo suyo.

Estaban conversando sobre una investigación acerca de Beatriz Sánchez y Alejandro Guillier, la cual según ellos de seguro sería el “golpe” periodístico del año. Escarbaron en su pasado, cuando ambos coincidieron en el mundo del periodismo, y descubrieron que habían hecho varios negocios juntos. Hasta ahí nada que llamara la atención. El punto es que no pocos de esos negocios fueron de un carácter ético bastante dudoso.

Dentro de lo que alcancé a escuchar estaba: a) el uso de información privilegiada conseguida como periodistas, para comprar acciones de una compañía a un precio muy conveniente; b) que estarían siendo investigados judicialmente en un país vecino porque justamente esa compañía, con su anuencia como accionistas mayoritarios, pagó una coima millonaria para entrar en el mercado de dicha nación; c) que las ganancias de sus negocios las han usado para comprar las hoy tan de moda empresas zombies y así eludir millones de pesos en impuestos en Chile; y, d) poseerían una cantidad considerable de dinero en paraísos fiscales para eludir, una vez más y por otra vía, ¡el pago de impuestos en el país del cual quieren ser presidentes!

Al tenor de los antecedentes de la investigación, lo más probable es que al darse a conocer arda Troya con toda razón y desde todos lados les den duro a los candidatos. Si basta uno de los casos señalados para desarrollar una opinión negativa de Sánchez y Guillier, imaginamos lo que pasará al considerar todos los chanchullos nombrados. Especialmente, es esperable la condena ética a esos turbios negociados desde la derecha política y sus votantes. En realidad, no se trata de ser de derecha para reprocharlos; es sencillamente una cuestión ética que va más allá de lo ideológico. En cualquier país normal debiera ser el fin de su carrera presidencial.

Lamentablemente, Chile es muy singular y uno puede sospechar que nada ocurrirá. Y eso que estamos en medio de una indignante ola de corrupción que, salvo a los propios corruptos, a nadie deja indiferente.

Prueba de aquella triste situación para cualquier país, es que la candidatura de Sebastián Piñera sigue en competencia... Ya se habrá dado cuenta Ud. de que lo relatado arriba sobre Sánchez y Guillier es falso. Salvo los hechos que sí son verdaderos y corresponden a parte, sólo a parte, del amplísimo prontuario de Piñera. Un candidato que ya fue presidente y senador con una orden de arresto en su contra a cuestas por el desfalco al Banco de Talca.

Su carrera política es una muestra de que la codicia desenfrenada, la ambición por el poder, una ética comercial absolutamente cuestionable, la mentira sistemática y hasta la incontinencia verbal no son obstáculo para ser votado.

A la fecha la defensa del candidato de Chile Vamos es rabiosamente cerrada entre sus fans. Hace meses su comando afirmó que criticarlo era una “canallada” y ello ha sido el sostén de su “defensa”. A nadie de sus seguidores parece importarle que, con una burda estrategia comunicacional, se eluda el fondo de las críticas. Para ellos no se trata de probar su inocencia, sólo de ignorar las evidencias.

El plan ha funcionado tan bien que los argumentos racionales y fundados en hechos no tienen ningún efecto en los “piñeristas”. Estos no han comprendido que no se trata de política partidista y menos de una “canallada”. ¡Es una cuestión ética! Y esa flagrante indiferencia ante lo ético no deja de ser profundamente trágica para nuestro sistema democrático.

Por eso es tan difícil escribir sobre Piñera. Fuera de que ya tantos lo han hecho y muy bien, con detalladas exposiciones de sus andanzas. Sin embargo, la intención de voto sigue ahí, firme. Y obviamente, a días de la elección, no es de mi interés que entre sus detractores nos deleitemos recordando su corrupción moral, sus chistes fomes y desubicados, su discurso simplón o sus descaradas y continuas faltas a la verdad.

Sólo me permito aquí sugerir un ejercicio a sus votantes potenciales, a esos aun con dudas, y a quienes no desean hasta ahora votar el domingo. Si Ud. pensó que Sánchez y Guillier eran indignos de confianza por cometer actos éticamente reprobables, ¿por qué con Piñera podría ser diferente?

¿Es aceptable que con nuestro sufragio o con nuestra abstención permitamos a un sujeto de esa calaña volver a La Moneda?

No tengo confianza en esa verdadera barra brava que son los “piñeristas”, menos en la mafia que lo levantó como candidato a sabiendas de su prontuario (gente, en tal sentido, tal vez aún más nefasta que él en su sed de poder). Lo que queda es apelar, ya no al sentido político de los chilenos y chilenas, sino simplemente a su decencia. Parece de perogrullo. No obstante, la campaña presidencial nos ha demostrado que el estándar ético que debe exigírsele a un candidato a la presidencia no es una obviedad en nuestro país.

En medio del rebalse de la fosa séptica que es Chile éticamente hoy, con qué cara ayudaremos por acción u omisión a que el estandarte de la corrupción llegue (¡de nuevo!) a la primera magistratura. Habría que cambiar definitivamente el lema del escudo nacional: de “Por la razón o la fuerza” a “El que no corre, vuela”. Sería digno de Piñera y de una nación que lo elige… o deja que lo elijan.

La ética debería bastar en un país decente para oponerse a un corrupto… Incluso, todo el daño que nos hará como habitantes de Chile debería ser secundario.

 

16/11/2017 14:14 andrés monares #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Votar o abstenerse... ¿contradicción total?

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En tiempos de elecciones, surgen los debates acerca de la abstención como opción política. No me refiero a los abstencionistas por desidia o del tipo “analfabetos políticos” de Brecht; sino a quienes desde un análisis político asumen que la participación en un sistema viciado es inútil, cuando no te hace cómplice al legitimar dicha estructura de opresión haciéndola ver como una realmente democrática. Así, para estas personas críticas, lo que queda ante la falsa opción del voto es el largo y tortuoso camino de organización y lucha por fuera de la (falsa) democracia.

Justamente, es esa democracia de élite y para la élite la que ha alejado a las personas de las urnas y de la vida política y/o ha hecho que otros se abstengan como castigo o manifestación de rebeldía.

Uno puede o no concordar con ese análisis, y en lo personal estoy de acuerdo con gran parte de él, pero ante todo hay que reconocer que es una postura razonada. Si es razonable en estos momentos, es el tema sobre el cual quiero exponer.

Respetando esas opciones ideológicas serias por la abstención, francamente en estos momentos me parece una especie de lujo.[1] Pues, la inmensa mayoría de la población que vive en nuestro país necesita de iniciativas cuyo origen y motor, aunque no nos guste, es el mundo político oficial. Desde ahí se elaboran leyes, se planifica y se toman decisiones.

Por ejemplo, hasta donde yo sé, la gran mayoría de los habitantes de Chile necesitamos un mejor transporte público, obras que mejoren la conectividad, acabar con las listas de espera en los consultorios, acceder a la gratuidad en educación, subir las pensiones a jubilados, más derechos laborales, acabar con las discriminaciones de cualquier tipo, combatir la corrupción, proteger a los consumidores, recuperar el agua y los minerales, eliminar la brecha salarial entre hombres y mujeres, proteger el medioambiente, construir más viviendas sociales, reformar el Sename, apoyar a mujeres jefas de hogar o víctimas de violencia intrafamiliar, acceso universal a salud y medicamentos, etc., etc., etc.[2]

En ese contexto, creo que lo urgente se antepone a lo importante. Y en lo personal, no quiero contribuir a que un gran número de personas se vea perjudicada porque no se legisle en su favor o se eliminen planes o prestaciones que los favorecían. Mas, si en el fondo, mi situación en el contexto chileno, es buena en comparación con la mayoría.

Por supuesto no pretendo sugerir que todas las personas que se abstienen (porque precisamente son críticas de la democracia liberal y del capitalismo de mercado en razón de la condición que dichos sistemas conllevan para las mayorías), olviden a esas mayorías oprimidas por una cuestión de “consecuencia” personal. Pero, al final del día, la agudización de las contradicciones a costa de las personas, no le va en zaga a los sufrimientos “transitorios” que supuestamente conlleva el futuro esplendor del libre mercado.

Tanto las vanguardias de izquierda como las de derecha que son los tecnócratas herederos de los Chicago boys, dicen estar interesados en las personas... pero son los primeros en sacrificarlas. Por eso, no quiero esperar a que unos iluminados nos guíen a la construcción definitiva de una sociedad ideal. Tanto por el bienestar de los demás como por mi propia esperanza de mejorar mi situación personal (mi futuro de jubilado pobre por ejemplo).

Prefiero caminar y mascar chicle. Porque sí se puede. Participar del proceso democrático, más allá de sus evidentes falencias y falacias, y avanzar en educación y organización antisistémica. Ya sabemos lo que ocurrió con el “avanzar sin transar”... que en el caso actual sería un “esperar sin transar”. Y ni siquiera me refiero al Golpe de Estado de 1973 en sí, sino a todo lo que se perdió por miopía política, maximalismo y, por cierto, por una absurda actitud de mantener una pureza revolucionaria o ideológica.

En otras palabras, votar hoy no implica renunciar al futuro. Es más, si Ud. se abstiene por convicciones políticas, es decir, es capaz de hacer un análisis político, sabrá que el voto también puede ser un arma de negociación.

Por lo demás, si Ud. viene desde hace años alegando por congresistas que legislan en contra los intereses del pueblo, incluso de las futuras generaciones, sería contradictorio y hasta implicaría un cierto grado de complicidad pasiva no votar y dejar a esa gente en sus cargos en el Congreso.[3]

De hecho, no deja de resultar curioso movilizarse exigiendo una medida política o ley, o contra ellas y/o contra ciertos políticos; pero a la vez no votar por/contra una medida política o ley, o contra esas figuras políticas.

Finalmente, no me queda claro qué tan bien nos ha ido con la abstención desde el plebiscito de 1988 hasta hoy. Porque creo que ahí hay un punto relevante para juzgar la abstención en tanto protesta: ¿Ha logrado algún cambio o simplemente despejó el camino para las élites que ni se han dado por enteradas de que la mayoría de los chilenos no vota? O sea, en términos prácticos y a la vista de sus resultados: ¿la abstención es un medio que nos ha ayudado a lograr algo o sólo asegura mi consecuencia política y mi pureza ideológica?

Si pienso, por ejemplo, en una escuela en un pueblito perdido en la puna y sus raciones de almuerzo para sus niños, bien me parece dejar a un lado mi consecuencia política.

Se puede caminar y mascar chicle. Es más, creo que es algo que se debe hacer. Votar o abstenerse no es una contradicción total.



[1] Tal como ocurrió con el plebiscito de 1988 contra Pinochet, aunque no comparable con nuestra situación actual por lo que estaba en juego hace 29 años.

[2] Fuera de que para un sinnúmero de aspectos burocráticos es necesario el funcionamiento del Estado a partir de la elección de representantes: desde los estadios o consultorios municipales hasta los tribunales y las policías.

[3] Ya se sabe a qué respondían esas leyes que no sólo nos desprotegían, sino también nos perjudicaban: cohecho o coimas. Esas que la prensa llama asépticamente “financiamiento ilegal de la política”.

17/11/2017 10:44 andrés monares #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

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