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¿Cómo podemos o cómo queremos vivir?

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Hace un tiempo un conocido relataba las curiosidades que implicaba tener un hijo más en Chile en comparación con Francia. Cuando fue a la ISAPRE a comunicar que la familia tenía un nuevo miembro, le explicaron con pesar que el retoño conllevaba un alza del precio de su plan; la opción era contratar uno más barato con menos prestaciones. Luego de conocer esa mala noticia, por tener el niño ascendencia francesa, nuestro personaje se dirigió a dicha embajada a inscribirlo. A sólo unas pocas cuadras de la ISAPRE… además de felicitarlo por la buena nueva, también le comunicaron que tenía derecho a una ayuda estatal en dinero por el recién nacido.

Otra persona, por su trabajo en el área de la salud pública, visitó Japón para conocer la experiencia nipona en dicho ámbito. Le mostraron hospitales con excelentes instalaciones y tecnología, muy superiores a la realidad de nuestros centros de salud públicos. Tal fantástico escenario despertó sospechas en nuestro compatriota y preguntó dónde se atendía la gente con menos o sin recursos. Su anfitrión no entendió la lógica de la duda y, luego de la insistencia, le contestó con el desparpajo de quien dice una obviedad: se atendían en esos mismos hospitales.

Más de alguien podría responder ramplonamente que, a diferencia de Chile, esos países sí tienen el dinero para implementar tales planes.[1] Con lo que se olvida algo obvio, algo demasiado obvio. Más allá del dinero, estamos en el campo de la voluntad política fruto de una visión de sociedad, de cómo se quiere vivir en comunidad. El dinero no conlleva de por sí ideas, ni la voluntad de distribuirlo en la forma de subsidios o algún tipo de plan social. Es más, la propia mitología capitalista liberal es la que sostiene que las ideas son el germen del dinero.

En Chile los políticos neoliberales y tecnócratas nos han timado con el cuento del tío de la economía “científica”: cuando se haya acumulado suficiente riqueza, en base a medidas de discriminación hiperpositiva en favor de los multimillonarios y grandes empresas, recién ahí podremos pensar en distribuir esa riqueza. De más está decir que es un misterio cuánta riqueza  es suficiente y hasta cuándo hay que acumularla.

Esa distribución, nos remarcan, sólo debe realizarse a través del chorreo (o sea, de forma indirecta). El chorreo tendría una doble dimensión: los grandes agentes del mercado gastarán su dinero y así crearán empleo y/o el Estado dispondrá de más recursos vía impuestos a las utilidades de esos grandes agentes. No obstante, nuestro sistema impositivo es regresivo o pro ricos… tan regresivo que el Estado recauda ¡cuatro veces más dinero del IVA que de los millonarios![2] Es más, al ser un impuesto indirecto afecta sobre todo a los pobres: al tener menores entradas, gastan la mayoría o todas ellas pagando IVA.

Si no fuera a lo menos curioso guiarse por tan singular estrategia, no hay que olvidar que la propia lógica liberal nos deja en un callejón sin salida. Por una parte, esa fe de ribetes religiosos en el chorreo, no se hace cargo de los propios fundamentos en que se sostiene: la naturaleza egoísta ¡de la especie! implicaría que no sabemos qué monto de la riqueza acumulada se invertirá, ni si se hará con fines pro sociales. Aunque esta última posibilidad sea fruto de un individualismo inconsciente, el cual nunca quiso cooperar con los demás, es esperable que los ricos inviertan su dinero en paraísos fiscales o lo gasten en mero consumo ostentoso como señalaba el economista Thorstein Veblen.[3]

Aun así, no faltarán los abogados del lujo, tanto como una opción legítima de la libertad económica individual, como por efectivamente crear trabajo. Sin embargo, se podría especular que esos empleos no son suficientes para mantener un país; o, más importante todavía, es un chorreo que no crea empleos fuera de la producción y comercialización de lujo. Si bien la filantropía de millonarios puede ser una excepción, en general el chorreo no crea trabajos como enfermeras en hospitales públicos, profesores rurales o de sectores marginales-urbanos, psicólogos de consultorios municipales, tampoco construye hospitales, caminos rurales o puentes en zonas pobres y/o apartadas, etc.

Sabemos ya la respuesta a la última salvedad, la conocemos desde el siglo XVIII por Adam Smith: el Estado debe asumir todo lo que no despierte la codicia de los privados. Vale, pero aquí tenemos la segunda parte del callejón sin salida en que nos deja la ortodoxia: para ello el Estado requiere ingresos. Y un Estado neoliberal como el chileno tiene prohibido extender su condición de empresario y tiene coartada ideológicamente (y por los poderes fácticos) una reforma impositiva en serio y progresiva. No una “reformita” o un mero ajuste tributario como, por ejemplo, ocurrió en el gobierno de Piñera el 2012.[4]

La “ciencia” económica nos deja atados de pies y manos. No hay que olvidar que esa formación ideológica disfrazada de “ciencia”, es la que se imparte en las universidades del país y (de)forma a nuestra juventud al hacer pasar una postura política, adornada con matemáticas, por ciencia.[5]

En Chile los ricos son intocables. Cualquier propuesta al respecto es de inmediato tildada de “irresponsable”, “populista”, o se rechaza porque de seguro espantará la inversión. Hasta hemos visto la estupidez y/o la bajeza de afirmar que medidas redistributivas serían catastróficas: Chile se transformará en Venezuela… Lo cual no le ha ocurrido a ningún país capitalista exitoso en términos de crecimiento e igualdad de oportunidades; como Bélgica, Canadá, Suecia o Dinamarca entre otros. Todos ellos lejísimos de haber emprendido el Camino de servidumbre hacia las garras del comunismo, como nos advirtiera Friedrich von Hayek. Ni la lógica, ni las cifras, ni los hechos son considerados por la “ciencia” económica y la consiguiente política económica chilena y, puntualmente, por la tributaria.[6]

Por supuesto es útil una técnica preocupada de que cada peso sea efectivamente bien invertido. Mas, no es aceptable el extremo actual en que técnicos con una formación precaria y sin más criterio que la eficiencia —una especie de contadores-mercanchifles megalómanos—, sean quienes determinan todas las políticas del país. Los buenos técnicos deben reasumir su lugar como consejeros y realizadores de políticas que se deciden en instancias reflexivas superiores.

El realismo es conveniente. No así el inmovilismo y la pérdida de horizontes más amplios a causa de un pragmatismo simplón. El cual, para peor, insiste en las mismas recetas que ya han demostrado su fracaso… redistributivo, no en cuanto creación y acumulación de riqueza.

Nadie quiere promesas incumplibles. En ese sentido, es rescatable cierta influencia económica en la política. Pero, es una exageración que toda propuesta sea enjuiciada desde el (des)criterio de la “buena economía” neoliberal. Las ideologías o los ideales más altos que hacer caja, no implican inexorablemente que alguien pudiera prometer transformar a Chile en el primer exportador mundial de carne de unicornio. La obtusa mirada maniquea es asimismo parte de la mediocridad tecnocrática.[7]

En tiempos de elecciones es bueno recordar lo que está en juego, o lo que debería estar en juego, son proyectos de sociedad: propuestas de cómo queremos vivir en comunidad. No sólo por qué estilo de administración de lo que hay optaremos o de lo que nos dicen es lo posible … postura que, a menudo se olvida, también es un modelo ideológico de sociedad.

A principios del siglo XX el gran historiador inglés de la economía, R. H. Tawney escribía en La sociedad adquisitiva unas palabras que, casi un siglo después, calzan perfectamente con nuestro país:

“Hay muchos, por supuesto, que no quieren que se produzcan cambios y que se opondrán a ellos si se intenta llevarlos a cabo. Para estas personas, el orden económico existente ha demostrado ser ventajoso. Desean únicamente aquellos cambios que les aseguren igual provecho en el futuro (...) Lo que necesitan no son argumentos: el cielo les ha negado una de las facultades que se requieren para comprenderlos”.



[1] Chile es un país OCDE, no es pobre sino desigual: “Chilenos suben en ranking mundial de patrimonio: somos los más ricos en América Latina” (http://www.biobiochile.cl/noticias/economia/actualidad-economica/2017/10/02/chilenos-suben-en-ranking-mundial-de-patrimonio-somos-los-mas-ricos-en-america-latina.shtml); “Mercado del lujo no siente la desaceleración y este año se espera que crezca 5%, por sobre la media mundial” (http://www.elmostrador.cl/mercados/2017/06/29/los-ricos-no-lloran-mercado-del-lujo-en-chile-espera-crecer-5-en-2017-por-sobre-la-media-mundial/); “US 0 mil millones en 10 años: el regalo de Chile a la gran minería privada del cobre” (http://ciperchile.cl/2017/01/10/us120-mil-millones-en-10-anos-el-regalo-de-chile-a-la-gran-mineria-privada-del-cobre/).

[2] “Chile recauda cuatro veces más impuestos por el IVA que por lo que pagan los más ricos” (https://www.publimetro.cl/cl/noticias/2017/11/24/chile-recauda-cuatro-veces-mas-impuestos-iva-lo-pagan-los-mas-ricos.html).

[3] Teoría de la clase ociosa. 2da. ed. México: FCE, 1974.

[5] Por citar un ejemplo entre tantos posibles, desde la academia no se escuchó voz alguna denunciando que “las concesionarias a cargo de las carreteras (…) recuperan desde el doble hasta 14 veces el monto de inversión de una ruta”. ¿Esto no se supone acaso una pésima asignación de recursos o a lo menos una pérdida catastrófica para todos los chilenos? (“Las brutales ganancias de las rutas concesionadas: se podrían hacer más de 90 carreteras”; http://www.biobiochile.cl/especial/noticias/reportajes/reportajes-economia/2016/10/07/las-brutales-ganancias-de-las-rutas-concesionadas-se-podrian-hacer-mas-de-90-carreteras.shtml).

[6] “La parte del león: cómo los súper ricos se apropian de los ingresos de Chile” (http://ciperchile.cl/2013/03/28/la-parte-del-leon-como-los-super-ricos-se-apropian-de-los-ingresos-de-chile/). “Cómo captar la riqueza regalada del cobre” (http://ciperchile.cl/2017/01/19/como-captar-la-riqueza-regalada-del-cobre/).

[7] Curiosamente, esta verdadera cruzada en contra de los ideales y lo ideológico, olvida a esos soñadores neoclásicos que a mitad del siglo XX eran ridiculizados por su utopía extremista de una sociedad abierta con ajuste automático… Con no poca ironía, su sueño cumplido es hoy nuestra pesadilla.

09/12/2017 17:15 andrés monares #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

¿Y si nos ponemos derechistas en serio?

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Esta campaña ha sido de un nivel intelectual y político mínimo... y tal vez estoy siendo generoso. Para variar, en ello ha tenido mucha responsabilidad la derecha (¡no la inexistente “centro” derecha!) con su ya clásica campaña del terror y la desinformación.

Sinceramente, en lo puntual me parece de una bajeza intelectual y, más relevante aun, democrática, soltar a los cuatro vientos el mito de que un triunfo de la Nueva Mayoría llevaría al país a la ruina económica.

Por supuesto que no lo digo por defender a esa coalición, de la cual soy opositor y que fue fundamental en la legitimación del neoliberalismo al vestirlo de “centro izquierda”, y en darle al país la gobernabilidad que pedían los grandes poderes económicos para hacer sus negociados.

Se trata de ser al menos un poco, un poquitín serio y, sobre todo, de ver la historia de nuestro país bajo los gobiernos de la Concertación-Nueva Mayoría. Específicamente, en el aspecto económico que es el gran tema de nuestra monotemática derecha (fuera de que por su mitología y miopía mental, todos los demás temas se derivarían de aquel o se solucionarían a raíz del crecimiento económico).

Podríamos recordar la triste propaganda arribista de un Chile “ejemplo” o “jaguar” de Latinoamérica, que el país fue aceptado en la OCDE, el exclusivo club de los países ricos, o la buena y hasta excelente calificación de riesgo que nos han dado las agencias internacionales. Mas, simplemente, nos podemos preguntar cómo les ha ido con las políticas de la Concertación-Nueva Mayoría a algunas de las grandes industrias del país:

¿Pueden quejarse los bancos? No.

¿Pueden quejarse las mineras? No... aunque hoy se llore crisis, una minera del cobre ¡recupera en unos dos años su inversión!

¿Pueden quejarse las pesqueras? No.

¿Pueden quejarse las farmacias? No.

¿Pueden quejarse las AFP’s? No.

¿Pueden quejarse las ISAPRES? No.

¿Pueden quejarse los supermercados? No.

¿Pueden quejarse los malls? No.

¿Pueden quejarse las forestales? No… ¡si hasta las subsidian!

¿Pueden quejarse las tiendas de retail? No.

¿Pueden quejarse las constructoras? No… aunque hoy se llore crisis, llevan años de bonanza.

¿Pueden quejarse las carreteras urbanas e interurbanas? No.

¿Pueden quejarse las empresas de servicios básicos? No.

¿Pueden quejarse las universidades privadas? No.

¿Pueden quejarse las clínicas privadas? No.

¿Puede quejarse la agroindustria? No.

En fin… Aparte de las cifras de ganancias, no podemos dejar de recordar el sistema impositivo regresivo, el marco legal que permite la concentración de los mercados o la protección a las colusiones y otras estafas.[1]

¿Quiénes sí pueden quejarse, mucho y con toda razón? Sin duda, las PYMES y los ciudadanos comunes. Y eso que nuestra derecha dice que su gran preocupación son los “problemas reales de la gente”… A la hora que no, ¡imagínense!

Insisto, lejos de mi intención está defender a la Concertación-Nueva Mayoría. Pero, hay cosas que dan vergüenza ajena por su cretinismo o causan enojo por ser mentiras demasiado burdas.

Nuestra derecha, por su corrupción está al servicio de los grandes sectores económicos; o por su ciego dogmatismo tecnocrático, asume el fantástico mito de la autorregulación y el chorreo. Da igual, la inmensa mayoría del país (incluso quienes realmente podrían identificarse como clase media) sigue en el vagón de cola del “progreso” y la “modernidad”… O, incluso, miran desde el andén de la estación como aquel tren se aleja raudo con un par de pequeños coches de lujo donde la fiesta no se detiene.[2]

Sólo cuando una derecha es oligárquica o se mantiene aferrada a la desigualdad extrema del liberalismo clásico, puede ser una derecha como la nuestra. A estos “pelucones”, pues no les da ni para “pipiolos”, su verdadera postura no se alcanza a maquillar con la mentira de “popular” o de la “centro” derecha.

En línea con su antiliberalismo, para estas elecciones nuestra derecha optó por un codicioso inversionista millonario (¡no un empresario!), quien más que biografía tiene un prontuario y con una mentalidad que no le va en zaga a la de cualquier estafador. O sea, a contrapelo de un principio liberal básico, en vez de separar el poder, le quiere dar de nuevo el Ejecutivo a quien ya detenta un inmenso poder económico por poseer una de las grandes fortunas de país.[3]

¡Qué ganas de tener una derecha en serio! Una a la que no haya que temerle, sino una con la cual se tengan diferencias de grado, por ejemplo, en cuanto a los derechos básicos universales.

Jean-Jacques Rousseau señalaba en El contrato social: “por débil que sea la influencia que mi voz ejerza en los negocios públicos, el derecho que tengo de emitir mi voto impóneme el deber de ilustrarme acerca de ellos”. Vaya que hace falta escuchar a ese viejo liberal. Tal vez muy izquierdista para el paladar de nuestra derecha antiliberal, pero como no leen a quienes debieran ser sus héroes, no pueden celebrar a Rousseau por oponerse a darle la ciudadanía —o sea, el derecho a votar y ser votados— a los trabajadores: para él sólo debían tener permiso de residencia en Ginebra, su ciudad natal.

La justicia y la moral no son monopolio de la izquierda, tampoco la inteligencia ni la formación intelectual. Eso también es un mito. Mas, no podemos negar que nuestra derecha le echa leña a camionadas a esa fogata de la izquierda.

¡Qué ganas de tener una derecha en serio! No esta derecha tan ignorante que es antiliberal o tan traidora a sí misma que se pavonea de tal hipocresía.



[1] Digo protección, pues económicamente se sabe que en Chile es muchísimo más conveniente violar a ley y asegurar ganancias millonarias, porque luego sólo se paga una multa risible… ¡Y ni hablar de penas de cárcel!

[2] Recuérdense sólo dos datos: “La mitad de los trabajadores en Chile gana menos de 3oo lucas (pesos) al mes” (http://www.fundacionsol.cl/2017/04/la-mitad-los-trabajadores-chile-gana-menos-300-lucas-al-mes/); y el 1% de los más ricos tienen una participación del 32,8% en el ingreso total del país (http://ciperchile.cl/2013/03/28/la-parte-del-leon-como-los-super-ricos-se-apropian-de-los-ingresos-de-chile/).

[3] Nuestra derecha es tan paradójica que, lejos de ser adversarios irreconciliables, en Chile nuestros macrones y le penes están en la misma coalición. Asimismo, no tiene ningún problema moral ni político para hacer negocios con dictaduras comunistas como China o Vietnam… se sabe que si Cuba fuera una economía más grande, no serían tema los derechos humanos en la isla.

16/12/2017 14:20 andrés monares #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

El mito de la meritocracia explicado con manzanitas

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Dejo una publicación de Facebook de Camila Del Carpio Parra, quien, a mi modo de ver, hace una excelente descripción del mito de la meritocracia. Mito mientras no exista un verdadero sistema de igualdad de oportunidades.

Hay que recordar que la igualdad de oportunidades es una "idea" de la tradición liberal o derechista... no es ni "zurdo" ni  "progre".

Disfruten estas líneas que, a mi modo de ver, son una cátedra de sociología y economía:

"Que paja leer en muchos lados que “para ganar plata hay que trabajar”, “los ricos no se hacen por generación espontánea, se hacen ricos porque se sacan la cresta trabajando”, “estos flojos quieren que les regalen todo”....

Wn, lo digo desde mi posición, no de familia rica, pero si pudiente: yo no me tuve que sacar la cresta para tener auto, me lo regalaron cuando salí de 4to medio; yo no me saqué la cresta levantándome temprano todos los días por 14 años para llegar a la hora al colegio después de viajar una hora colgando de la micro), porque me fueron a dejar en auto hasta que termine el colegio; yo no me saqué la cresta trabajando para pagarme los estudios, porque mi papá me pagó las dos carreras y yo salí a los 27 con dos títulos y sin ninguna deuda... sí hay ricos que son ricos porque heredan fortunas, que en algunos casos son productos de familias que en su momento se sacaron la cresta trabajando (como en mi caso, en el que mi papá felizmente tuvo un título universitario porque en aquella época se estudiaba gratis, que si no, muy distinta sería la cosa para nosotros)... y en otros casos, son ricos porque heredaron fortunas “malhabidas” o se esforzaron estafando y explotando a otras personas.

Sacarse la cresta no es una garantía de ser rico, si fuera así, habría mucha gente rica: la señora de población que con suerte llegó a 5 básico y se levanta todos los días a las 4am para ir a trabajar al otro lado de la ciudad (donde supuestamente viven los ricos esforzados) recogiendo basura para darle de comer a sus 5 cabros chicos (que tuvo no por negligencia, sino por ignorancia y violencia). También serían ricos los que se sacaron la cresta para tener buenas notas en un colegio municipal de mierda con la idea de poder sacar un título, pero como la educación era tan mala, no les dio en la PSU y van a vivir endeudados hasta que sus hijos sean grandes por un título que más encima vale menos que el de una U tradicional y trabajan sobrecalificados para un puesto que solo pide cuarto medio con un sueldo que no les alcanza. También serían ricos los vendedores ambulantes, que al no tener otra opción, se dedican a hacer lo que pueden. Y así mucha gente realmente esforzada que no es rica en ningún caso.

Weon, que posición más egoísta, la cagan.

Claramente no es la idea que regalen bonos, que regalen casas, que regalen pasajes. Eso dejaría contentos a muchos (y enojados a otros cuantos que no tienen problemas para pagar eso), pero sería solamente una solución parche.

¿Meritocracia?, perfecto, estoy totalmente de acuerdo. Pero meritocracia en igualdad de condiciones. Meritocracia cuando tuviste las mismas oportunidades que yo, cuando en tu jardín no te pegaban, cuando en tu colegio la educación era del mejor nivel, cuando no tenías que vender cosas en la calle para comprarte comida y podías dedicarte a estudiar, cuando en tu barrio habían espacios seguros para desarrollarse y no weones fumando y jalando en la esquina a las 2 de la tarde, cuando tenías el apoyo de tu familia, en lugar de vivir solo porque tu mamá tuvo dos empleos para poder mantenerte.

De que hay gente floja, hay gente flojea. Es cosa de ir a la universidad y ver como los estudiantes piden un título gratis, pero a la hora de estudiar en serio: “profe cambie la prueba que tenemos muchas cosas que hacer esta semana” y los ves a cualquier hora en los pastos tomando copete y fumando hierba. 
SI, hay mucha gente floja, como dijeron en la radio “el chileno es borracho, flojo y quiere todo regalado” y estoy de acuerdo con eso hasta cierto punto.

Pero la única forma de cambiarlo es cambiar la mentalidad, es apoyar a quienes están en situaciones vulnerables, es dar oportunidades de desarrollo iguales para todos. Las cosas no se van a solucionar condonando el CAE ni generando empleos pencas, pero que alguien venga a decirme que el rico es rico porque trabaja y el pobre es pobre porque es flojo, encuentro que es de un egoísmo, de un individualismo y un egocentrismo terribles.

No wn, no es así, yo tengo auto, depa, viajo tres veces al año por lo menos, salgo a comer a restoranes al menos 5 veces a la semana y no me he esforzado un puto día de mi vida. Así que NO acepto esa wea y creo que el chileno que piense eso es un egoísta de mierda."


¡Gracias Camila por tu claridad!

 

Finalmente, en la misma línea de lo escrito por Camila, podemos encontrar la opinión del economista neoliberal y ex presidente de la Reserva Federal de EE.UU., Ben Bernake, quien sintetiza lo dicho por Camila en un discurso en la Ceremonia de graduación de la Universidad de Princeton en 2013:

"La meritocracia es un sistema en el que los individuos que son los más afortunados con su salud y dotación genética, más afortunados en términos de apoyo de la familia, el aliento y, probablemente, con los ingresos, con más suerte en sus oportunidades educativas y profesionales, y con más suerte en muchas otras maneras difíciles de enumerar, son las personas que cosechan las recompensas más grandes"

22/12/2017 18:04 andrés monares #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

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