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Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2010.

Elecciones 2010 (“2012”) 2014

Domingo de votaciones y concurro a ejercer mi derecho a pataleo con mi sobrina de 12 años, Daniela. En el camino me cuenta que a la vuelta quiere terminar de ver la película “2012” (por supuesto en un DVD original), la última de las joyas de la filmografía que Roland Emmerich lega a la humanidad. Antes nos había iluminado, entre otras, con películas del nivel de “El Patriota” (2000), “El Día de la Independencia” (1996) y “Godzilla” (1996)… Claramente, por cantidad de obras y por su calidad, todo indica que el ’96 fue el annus admirabilis de Emmerich.

 

En ese cúmulo de clichés hollywoodenses… le recuerdo al lector que estamos hablando sólo de “2012”… resulta que ante un hecatombe planetaria los ricos y quienes les administran el mundo, los políticos, tienen un plan para zafar sin problemas: construyeron con antelación unos barcos gigantescos. Ellos manejaban con anterioridad informes sobre lo que ocurriría, pero no lo comunicaron al pueblo. Los cupos en las naves eran exclusivamente para quienes organizaron el plan y para quienes podían pagar el altísimo precio por los boletos.

 

La película muestra a políticos de todas partes del planeta que se autosalvan y salvan a lo más “granado” de la civilización: los más acaudalados del mundo. De esa forma, se podrá recomenzar la humanidad. ¡Qué calaña de políticos! podría uno afirmar asombrado: apoyan a los que pueden pagar y quieren recomenzar la civilización sólo con multimillonarios. De sólo pensar, por ejemplo, en cómo esos potentados trabajarían la tierra me destornillo de la risa… Pero bueno, es Emmerich, no le pidamos más al cine comercial gringo. Por otra parte, parece que parte del mensaje es finalmente realzar la iniciativa privada; no se ve una real crítica de fondo en el guión. De hecho, los barcos son fruto del empuje y eficiencia de la empresa privada; por supuesto que no del anquilosado estado.

 

No sé si habrán sido las altas temperaturas santiaguinas de ese domingo 13 de diciembre o mi afiebrada intención de voto, pero eso de políticos unidos a los ricos y ayudándoles en contra del bienestar de las mayorías…mmmmmm, como que me sonaba conocido. ¿Un déja vú tal vez? Puede ser. Pero no dejó de ser curioso conversar de esto con mi sobrina y ver la película “2012” el día de las elecciones chilenas, donde los que se sabía pasarían a segunda vuelta eran Piñera y Frei. Uno, él mismo un inversionista millonario candidato de la derecha que tradicionalmente ha guardado los intereses de los poderosos (por muy “popular” que sea el principal partido de la Alianza). El otro, el representante de la nueva derecha democrática que por veinte años ha sido la protectora del gran empresariado.

 

Bueno, y si es por comparar… la película también es un bodrio.

 

En todo caso, en medio de la ficción cercana a lo real de la película y de la realidad cercana a la ficción de las elecciones, pude rescatar algo no menor. Para mi sorpresa y gran esperanza, cuando le pregunté a mi sobrina Daniela si a los 18 años se inscribiría para votar, me respondió que sí; cuando le inquirí por qué, me dijo “porque es mi país poh”. Una buena. Luego, camino a la casa después de votar, íbamos jugando a quién imaginaba la pregunta más tonta de todas las que hacen normalmente los y las periodistas que cubren votaciones. Dos cero. Cuando hablamos de la película “2012” donde los ricos se salvan por el simple hecho de tener plata, estuvo de acuerdo con que también en Chile es así. ¡Tres cero!. Cuando le pregunté si votar era una obligación o un derecho, la pensó y respondió con seguridad que un derecho. ¡Espectacular! Y por si fuera poco, al contarle que en una publicidad de Barbie ella recibe una llamada donde le cuentan que el pelo liso ya no está de moda, mi sobrina no podía creer que algo tan idiota fuera cierto y transmitido por los medios. ¡Cuatro cero!

 

Chile puede tener futuro me dije, en un ejercicio más de chochera que de una inducción mínimamente decente. Al menos a sus 12 años Daniela le hace el peso fácil a Marcela Sabat, la flamante nueva diputada por Ñuñoa-Providencia.

 

Pero como nada puede ser perfecto. Cuando le pregunté a mi sobrina por quién votaría ese día si pudiera, me dijo por quien vota su papá: por Frei. Una mala… Al menos fue cuatro uno, una paliza si hubiera sido fútbol me consolé. Y total qué tanto, hay tiempo para que vea la realidad y comprenda argumentos más de fondo.

02/03/2010 09:33 andrés monares #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Sobre las críticas a las críticas del “dream team”

A pesar del tiempo transcurrido desde el nombramiento del gabinete “de excelencia” —a través de los medios y de conversaciones personales— he podido constatar que el tema no tiene nada de añejo. Específicamente la crítica a su notorio sesgo ha sido interpretada, por los sectores identificados con la derecha tradicional, como un ataque rastrero y rasca. Si ya es sospechoso el simple hecho de hacer un análisis de este equipo de los “mejores”, criticarlo es una especie de imperdonable bajeza.

 

A la superficialidad intelectual que denotan esa (sobre)reacción de los defensores del futuro gabinete y muchos de los (pseudo)argumentos que han esgrimido, se suma la paradoja de demonizar en democracia a la crítica y al debate de un tema relevante. Más aún, de uno público por excelencia.

 

Aunque ya se ha derramado mucha tinta en torno al tema, recordemos en qué nos basamos para hablar de un gabinete sesgado. De los 22 ministros —para nombrar sólo algunos aspectos— 17 estudiaron en la Pontificia Universidad Católica de Chile, 14 son ingenieros, 10 participan de directorios empresariales, 17 son de Santiago y todos han desarrollado sus carreras ligados al ámbito empresarial privado (La Tercera 11.02.10).

 

El punto de fondo en este debate, es que dentro de esa colección de “gente bien” (o que al menos parece serlo) se esconde una realidad propia de nuestro históricamente desigual país. Y por mucho que a algunos les parezca horrible clasificar de “cuicos” a los futuros ministros —y sí puede ser poco estético— tampoco debemos ser ciegos. Por cierto que he escuchado críticas de “clase”, esas que estigmatizan a quien no demuestre una “pureza obrera” de tres generaciones; pero el propio Marx las desecharía por burdas. Sin embargo, no sé si alguien pueda señalar que este grupo de tecnócratas campeones de la eficiencia (lucrativa) es representativo del país y/o conforman un grupo donde confluyen múltiples visiones de la realidad nacional. O al menos que sean capaces de darse cuenta de que existe diversidad en Chile, de entender esas diversidades y dialogar con ellas.

 

Por mucho que desde un voluntarismo miope se pueda desmerecer como argumento, sin duda la inmensa mayoría de los asalariados del país están lejos de tener una vida del tipo que han tenido y tienen los futuros ministros. Tómese en cuenta que según la última Encuesta Laboral de la Dirección del Trabajo, un 72.4% de los trabajadores gana menos de $ 477 mil  y sólo un 3% más de  un millón novecientos mil... Y todo indica que los miembros del gabinete se ubican en un subrango superior de ese ya ínfimo 3%. ¡No hay aquí ni una pizca de resentimiento! Es una sencilla constatación socioeconómica que relaciona cuánto ganas, en qué crees, dónde vives, cómo te comportas, con quién te juntas, etc.

 

Para facilitar la comprensión del sesgo del gabinete a quienes lo niegan y/o minimizan (y sin querer ofender la inteligencia del resto de los lectores) lo graficaremos a través de la ficción. En primer lugar, al igual que en los juegos de cabros chicos, “hagamos como que” en Chile es elegido un presidente mapuche y “hagamos como que” esa etnia corresponde a menos de un 3% de la población total del país. Sigamos haciéndonos que se designa un gabinete exclusivamente de entre ese pequeño y homogéneo grupo. Todos mapuche comprometidos con el objetivo de dar territorio (no tierras) y autonomía a dicha etnia, con similar educación y de la misma zona geográfica rural o semi rural, etc. Incluso contando con la sinceridad de su discurso de que se gobernará para todos los chilenos y chilenas, ¿qué opinaría Ud. Señor Huinca con respecto al sesgo de ese gabinete?

 

Si se quiere pueden también simularse gabinetes formados únicamente o en su mayoría por homosexuales o mormones o militares, etc. Y es del caso recordar que de los 22 nombrados, 14 son ingenieros y —en el sesgo lejos más peligroso a mi juicio— todos están estrechamente ligados al ámbito empresarial privado (en lo laboral e ideológico).

 

Los sociólogos y antropólogos de sobremesa han de comprender que no hay nada de malo en pertenecer a un grupo determinado. Nunca ha sido esa la discusión. Por lo demás es un dato de la causa que a través de toda nuestra vida todos formamos parte de algún grupo. El tema es asumir esa pertenencia y junto a ello los sesgos ideológicos consecuentes. Es decir, sus formas de “mirar” y concebir el país, sus estereotipos, pre-juicios, estructuras morales, estéticas, políticas, sus objetivos y medios, etc. Del mismo modo, deben asumirse explícitamente los intereses y relaciones asociadas a dichos grupos.

 

Se entiende entonces que aquí no se pone en duda que los miembros del próximo gabinete no quieran el bien del país (de hecho, por ejemplo, la merma en sus ingresos por ser ministros hablan muy bien de ellos). El punto es que “su” país, “su” bien y “sus” medios para lograrlo se derivan de su pertenencia a un grupo de élite conformado por menos del 3% de la población y con sus particulares intereses.

 

Antes de concluir quisiera referirme al agudo argumento del “empate”, esgrimido por quienes acusan el sesgo de los gabinetes de gente “blanquita” y de apellidos europeos-no españoles de la Concertación. Es indudable que muchos miembros de las cúpulas concertacionistas terminaron “subiendo” a los grupos de élite nacionales. Pero, más allá de sus apellidos, en su mayoría no pertenecían a aquellos ni por origen ni ideología. Al ser posterior su neoliberalización, también lo fue su adhesión ideológica a los intereses de las élites tradicionales y su accionar fáctico en su favor. No por nada (y pido disculpas por no recordar quién lo señaló) uno de los “aciertos” de El Mercurio fue dar más páginas a su sección de “Vida Social” para que pudieran aparecer personajes de la Concertación.

 

En fin. La acusación de clasismo contra quienes destacan el sesgo del gabinete, se entiende en el típico (pseudo)argumento derechista contra la crítica socioeconómica. Reforzada por esa especie de tradición gringa, instalada hace rato en el país, de aprensión sobre la crítica. La disidencia y el análisis antisistémico serían expresión de un evidente resentimiento social y/o amargura y/o envidia. Si todo está bien en esta nación ejemplo para el mundo, a punto de entrar al desarrollo y de vivenciar una nueva forma de gobernar, ¿qué oscuros motivos hay detrás de quienes se empeñan en buscar la mosca en la leche?

 

Lamentablemente, parece que la leche está agria para por lo menos ese 72.4% de la población que recibe un salario inferior a los $ 477 mil.... Pero claro, eso lo digo porque soy un resentido social, amargado por mi situación socioeconómica y envidioso de quienes tienen un mejor pasar que yo.

02/03/2010 10:29 andrés monares #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Se informa de saqueos pos terremoto en Punguistán

Sucede que desde hace muchos años mi viejo amigo Daniel López se radicó en Punguistán (no ahondaremos aquí en los motivos de su traslado... correremos un tupido velo sobre algunas cuestiones de índole financiera). Durante ese largo periodo en el cual se ha ganado la vida como corresponsal free lance, adquirió un profundo conocimiento del país y de sus habitantes. Por mucho que nos suene a una tierra exótica, Punguistán es una nación geográficamente muy similar a Chile. Pero por sobre todo, la cultura de su gente es de un parecido extraordinario a la de los habitantes de esta copia feliz del Edén. Todo lo cual ha hecho sentirse a López a sus anchas en el país.

 

Dentro de las diversas etnias que habitan Punguistán, la minoría de los “pungas” es la dominante política, económica y socialmente. Y aunque es un grupo caracterizado por rasgos que pudieran considerarse poco atractivos —desinterés por la educación, poca o nula urbanidad, arribismo, clasismo, xenofobia, consumismo, patriotería, etc.—, han terminado imponiendo su tosca forma de ser a casi todo el resto de las etnias que habitan el país. Sin embargo, a pesar de su evidente dominio, debe aclararse que en Punguistán no todos son pungas.

 

Pero bueno, no quiero distraer al lector con lo que he aprendido luego de años de escuchar los relatos de Daniel López. Vamos al punto. Lo que pasa es que dentro de las numerosas coincidencias entre Punguistán y Chile, hay muchas que no por curiosas dejan de ser lamentables. Es el caso de la actividad sísmica: casi al mismo tiempo que sufríamos el terremoto acá, un violento movimiento telúrico azotó a gran parte de Punguistán.

 

También, curiosa y lamentablemente, nuestro corresponsal nos ha informado de que en aquel lejano territorio se han podido ver escenas de saqueos similares a las de nuestro país. Al hablar de parecido, Daniel no se refiere a gente la cual sin víveres fuerza algún negocio para saciar la desesperación del hambre y la sed. Tampoco de los que en medio del frío toman para cubrirse alguna ropa de una casa destruida. No. De ese tipo de acciones que todos podríamos entender no son.

 

La prensa punguistaní ha informado y mostrado en diversos lugares de Punguistán afectados por el terremoto, a personas y hasta grupos organizados dedicados a saquear. La mayoría de ellos son pungas. Roban comercios y casas destruidas para llevarse productos de “primera necesidad”: licores, artículos electrónicos, ropa de marca, etc. No hay desesperación en ellos; sí avidez y desvergüenza. Incluso no pocos de ellos hasta portan armas.

 

Pero según los informes de nuestro valiente corresponsal, hay otra curiosa y lamentable coincidencia (¡otra más!) entre la prensa punguistaní y la nacional: la parcialidad. Pues a pesar de que pungas los hay de todas las clases sociales, en este caso puntual López denuncia el doble estándar periodístico. Hay una gran diferencia entre el trato mediático dado a los saqueadores con respecto, por ejemplo, a los pungas con mayor poder adquisitivo y contactos quienes con conocimiento de causa construyeron edificios de mala calidad que colapsaron con el terremoto. Así, mientras los medios se esfuerzan por “denunciar” los saqueos y tomar primeros planos de dichos delincuentes; los salteadores de cuello y corbata pasan a un extraño limbo donde se habla de ellos sin hablar explícitamente de ellos.

 

Por supuesto que nuestro estoico corresponsal señala no pretender en ningún caso justificar el saqueo. Sin embargo, la prensa en la práctica da un trato “preferencial” a las compañías constructoras e inmobiliarias. Lo cual según él no es un fenómeno nuevo, a raíz o a partir del terremoto. Es ya habitual. La diferencia del modo en que la prensa informa acerca de los pungas de cuello y corbata es abismal en comparación con los pungas pobres. Un punga rico que saquea su país aparece en las páginas sociales; un punga pobre que saquea un supermercado en las de crónica roja... Y lo peor es que la gran parte de la ciudadanía no se percata de tan paradojal  fenómeno periodístico: los “malos”, los únicos malos, son los pungas pobres.

 

Lo mismo que en Chile, en Punguistán todos los pungas son pungas. Pero claramente no todos los pungas son iguales.

03/03/2010 11:22 andrés monares #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

¿Saqueadores o solidarios?

Caminaba una ciudadana por Santiago el sábado pos terremoto y se encuentra con alguien que con toda calma y cuidado lavaba su auto con abundante agua. Con la información de que habían sectores de la propia capital sin el “vital elemento” (como se dice en idioma periodistés), nuestra amiga le comentó con cortesía a aquel amante de su vehículo acerca de las muchas personas sin suministro de agua. La respuesta de ese shileno fue: “¡Pero yo sí tengo poh!”.

El mismo sábado supo el país y el mundo de la ola de saqueos que se desencadenó... ¡a los pocos minutos de finalizado el sismo! A lo cual se suman las escenas de personas de ciudades no “tan” afectadas, repletando los supermercados para comprar cuanto pudieran; la escandalosa subida de precios de productos básicos que ni siquiera escasean y de los arriendos de viviendas; o la constatación de que algunas constructoras e inmobiliarias levantaron y vendieron respectivamente edificios a sabiendas de su mala calidad (y las municipalidades autorizaron varios de ellos). Estas joyitas se dieron en todo el espectro social. No obstante, afortunadamente, muchísimas personas se han movilizado para ayudar de una u otra forma a los damnificados y en un programa televisivo se logró reunir una gran cantidad de dinero para aquellos. 

Ambos tipos de acciones se dan en el mismo país y es probable que quienes actuaron vergonzosamente hayan también donado dinero o bienes. Después de la rabia y la vergüenza (sobre todo por los saqueos), Chile respira tranquilo y se solaza con la autocomplacencia de ser el país solidario por excelencia. ¿No son acaso una irrefutable prueba de ello las teletones o las reacciones masivas de ayuda tras las diversas catástrofes naturales que nos afectan?

Mas, es importante preguntarse sobre la estructura moral y los patrones conductuales dominantes en el país. En otras palabras, no hacer una mala inducción y cegarse ante eventos específicos para sacar conclusiones generales.

Los hechos particulares, en este caso las teletones, son sucesos ocasionales. No son parte de una cultura que se materializa día a día con sus incentivos y desincentivos (morales, legales, materiales, ideológicos, etc.). Tal como un carnaval anual no es ni de lejos testimonio de que una comunidad cometa excesos cada día del año, una instancia solidaria cada cierto período no implica una cultura solidaria cotidiana.

O sea, lo importante no es lo que se hace en algún tipo de ceremonia que se lleva a efecto cada tantos años. Lo relevante es qué valores asumimos como sociedad para guiar nuestra conducta y cuál es nuestro comportamiento real o el que tenemos la mayor parte del tiempo. El tema de fondo es una cuestión cultural.

En este punto debemos considerar el tipo de cultura en que vivimos en Chile. Y aunque frecuentemente se olvida o no se toma en cuenta, hay que recordar que la dominante es una economicista. Se ha organizado la sociedad en torno a la búsqueda competitiva, individual y egoísta, del máximo lucro; y se ha legitimado moral y legalmente dicha forma y objetivo.

Sin embargo, al hablar de sistema económico —más aún en países tan neoliberales como el nuestro— se debe remarcar que en realidad se trata de un sistema socioeconómico. Esa búsqueda de ganancias no es sólo una cuestión de comerciantes y en contextos comerciales. Se ha organizado toda la sociedad de tal modo que todos seamos comerciantes la mayor parte del tiempo y en la mayoría de las relaciones sociales. Se ha cumplido en parte lo señalado por Adam Smith en cuanto a que el ser humano es un comerciante y la sociedad conformada por tales seres es por lógica una de tipo comercial. Pero decimos en parte porque nunca Smith hubiera aceptado igualar el vicio con la virtud: no es lo mismo cuidar de sí mismo que perjudicar a los demás en ese intento. Su individualismo lucrativo valoraba altamente la virtud y tenía fines benéficos para la sociedad (por mucho que no compartamos su estructura moral ni sus fines).

Si comparamos el proyecto liberal original con su desarrollo y puesta en práctica neoliberal se verán las diferencias. Por ejemplo, en su afiebrado sueño neoconservador, Margaret Thatcher afirmó que la sociedad no existe: es una farsa socialista eso de gente viviendo junta y compartiendo formas de vivir y objetivos. La sociedad es una especie de arena de circo romano, donde cada cual vela por sí mismo y además en oposición a los demás. Nuestro brillante almirante Merino traducía esa idea al aseverar que la vida económica —es decir Chile— era una “selva de animales salvajes, donde el que pueda matar al del lado, lo mata”... Lo irónico es que Smith exponía que hasta en una sociedad de ladrones, es necesario no robarse entre sí para sobrevivir como grupo.

Al considerar cuál fue el proyecto socioeconómico de la Dictadura, continuado fielmente por la Concertación, podemos volver a nuestro problema. Pareciera que las conductas negativas pos terremoto no son puntuales y aisladas expresiones antisociales. Por cierto nos chocan los saqueos y el momento en que se dieron; pero no por ello son menos parte de una cultura de fondo. A pesar de su naturaleza extrema, son manifestaciones de una forma de vida —con sus ideas, valores y conductas— hoy legítima (en el  caso de los estratos bajos esto se ve agravado y potenciado por la imposibilidad estructural de cumplir las promesas de consumo y bienestar hechas desde el sistema).

¿No será bueno hacer memoria de nuestra cotidianidad pre terremoto? Basta recordar algunas conductas antisociales de gente “decente”: prácticas antisindicales, colusión farmacéutica, corrupción pública y privada, lobbystas empeñados en vender el país por una comisión, regalo del cobre y de otros recursos naturales, uso de información privilegiada, usura de los bancos y las multitiendas, exigencia de cheques en garantía en las clínicas y hospitales, etc. Todos tipos de saqueos lejos de las posibilidades de la ciudadanía “de a pie”. Pero todas cuestiones que se hicieron y que todo indica se seguirán haciendo. En la lucha por el lucro individual (casi) todo es válido; y mejor aún si la ley lo ampara permitiéndolo o (casi) no castigándolo.

Al hablar de cotidianidad volvamos con nuestra amiga de la historia con la cual empezamos esta columna. Ella confesó que dudó en hablarle a quien lavaba su auto en plena emergencia. Se sabe que en Chile —desde el barrio más pobre al más opulento— se puede recibir un insulto o hasta una agresión física por hacer ese tipo de observaciones. Por mucho que sean de sentido común, dichas en un suave tono y con respetuosas palabras. Hay que pensarlo dos veces antes de arriesgarse a señalarle a un pasajero del transporte público que ceda el asiento reservado a embarazadas o personas mayores, a un transeúnte que no bote basura en la calle o a un automovilista que no se detenga sobre el paso de cebra... Estas y otras conductas individualistas que no consideran a los demás se daban cotidianamente antes del terremoto y en personas que es probable cooperen con las teletones u otras “jornadas solidarias” por el estilo.

Ojalá me equivoque. Pero la historia ha demostrado que el mero cambio individual no sirve de mucho si el sistema y su cultura no cambian.

13/03/2010 13:22 andrés monares #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

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