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andrés monares

Legalidad (neo)liberal chilena: ni tan pareja, ni tan dura

Esta semana se conoció el acuerdo entre la Fiscalía y la defensa de cinco de los siete imputados por revelar y/o utilizar información privilegiada en la fallida fusión que años atrás se intentó entre Falabella-D&S (los otros dos son MARÍA LUISA SOLARI y MARCEL ZAROUR). Se trata de PETER STUDER, VICENTE ARESTI, ALEJANDRO IRARRÁZABAL y EUGENIO EBEN (por “delito consumado de uso de información privilegiada”), y ANA MARÍA LAGUNA (por “delito consumado de revelación de información privilegiada”).

La defensa de los citados cinco violadores de la ley logró una salida alternativa al proceso penal: “Bajo esta fórmula, los imputados no aceptan los hechos, no son sometidos a un proceso penal y no se deja registro en sus antecedentes, si cumplen tres condiciones: primero, fijar su domicilio; segundo, realizar una firma mensual; y tercero, efectuar una donación benéfica como compensación a la sociedad” (El Mercurio, 08.02.11).

Un proceso administrativo anterior de la Superintendencia de Valores y Seguros ya los había multado con altas cifras de dinero. No obstante, el proceso penal es de un cariz diferente y de mucha mayor importancia. De donde el acuerdo entre la Fiscalía (representante del Estado, el pueblo o el “soberano”) y la defensa de los imputados, toma un cariz de una gravedad que en general parece haber sido pasada por alto en la sociedad (neo)liberal chilena.

En términos simples el proyecto liberal persigue la supremacía de la autonomía individual, la cual en la búsqueda de objetivos personales conseguiría al mismo tiempo beneficios sociales. Estos se lograrían por un ajuste o equilibrio automático de esas diversas y numerosas autonomías, el cual se posibilita SÓLO si no se las interviene. Para la consecución de dicho fin y a la vez en tanto escenario que lo hace posible, se desarrolla la idea de un “orden [económico, social y político] espontáneo” como propusiera Adam Smith en el siglo XVIII y que Friedrich Hayek reitera con el mismo concepto en el XX. A la fecha la representación dominante de tal concepción es la del mercado autorregulado. Pero los sistemas autorregulados son concebidos incluso antes de Smith (es el caso del republicanismo de John Locke en el siglo XVII) y son comunes entre los ilustrados.

El Liberalismo necesita materializar primero y preservar luego la autonomía individual: resguardarla de intervenciones y/o violaciones al equilibrio autosustentado a que da a lugar. En otras palabras, la propia existencia y reproducción de una sociedad liberal requiere que se mantenga el “orden espontáneo”, sostenido en un marco legal promulgado por el soberano o pueblo a través del legislativo. Quien viola ese marco, como diría Locke, se hace enemigo natural de los demás y merece que le caiga todo el peso de la ley.

En dicha lógica liberal y respecto a las violaciones a la ley, hay algunas que por su gravedad el Estado no puede dejarlas en manos de los privados. Su duro reproche legal es tan evidentemente indispensable para la existencia de la propia sociedad, que la justicia PENAL (no la civil) se encarga de ellos. Dentro de esas gravísimas violaciones, que conllevan penas de privación de libertad, está el uso de información privilegiada.

La amenaza que aquel delito representa radica en que entrega ventajas —ilegítimas e ilegales— a ciertos individuos por encima de los demás competidores en un libre mercado. Se pierde así la igualdad primaria y básica que debería existir en el ámbito económico, el más relevante de una sociedad liberal. Tal crimen termina siendo una amenaza al equilibrio del propio sistema. Es una distorsión que podría llevar a un devastador efecto dominó en el mercado y por ende en la sociedad toda (además de la acumulación de poder económico, que daría lugar a acumulación de poder político, en unas pocas manos). Es decir, es uno de los actos más antisociales que se puedan perpetrar en una sociedad (neo)liberal... como la nuestra.

Mas, ya se indicó, al Estado (neo)liberal chileno ese crimen, aunque de carácter penal, no le parecería tan grave. Lo mismo que con otras trasgresiones que violan el sacrosanto libre mercado (concentración económica o concertación de precios por ejemplo), las penas son bajas. Y lo son a pesar de tratarse de delitos que implican ganar ilegalmente cifras millonarias y perjudicar a la inmensa mayoría de la ciudadanía. En el caso Falabella-D&S la privación de libertad no hubiera ido más allá de los cinco años… De hecho, ese fue uno de los argumentos sostenidos para llegar a un acuerdo con los imputados.

Pero aquí se cree que en realidad lo más relevante, desde el punto de vista (neo)liberal que hoy domina Chile, es que esos crímenes atentan contra el mismísimo corazón teórico-práctico del sistema de mercado autorregulado… ¡El que no es resguardo debidamente por sus propios incondicionales!

Esa incoherencia queda aún más de manifiesto cuando se la compara con las penas estipuladas para otros crímenes; como es el caso de los distintos tipos de robo. Lo extremadamente delicado es que al hacer ese ejercicio comparativo, la ciudadanía puede sacar dos conclusiones inapelables: en Chile por lejos es mejor violar la ley que acatarla y por lejos es mejor delinquir a lo grande que andarse con lanzazos, cogoteos, cuentos del tío y otras ordinarieces por el estilo. La singular legislación (neo)liberal chilena deja abierta la puerta ancha a la insociabilidad… Locke, ¡sacúdete en tu cripta!

Además, a esa extraña legalidad (neo)liberal, debe sumarse la extendida y aceptada cultura clasista nacional. Pues, para nadie es un misterio que en Chile no todos somos iguales ante la ley, ni ante los ojos de nuestros conciudadanos y conciudadanas. Mientras los crímenes de los delincuentes de “cuello y corbata” quedan en una especie de limbo o pseudoimpunidad, algo muy diferente ocurre con los perpetrados por los delincuentes “comunes”. Ningún cogotero, lanza o mechero lograría el acuerdo de lujo al que llegaron los ejecutivos de una “irreprochable conducta anterior” citados: no se les permitiría quedarse con el 90% de un botín, ni que sus papeles de antecedentes quedaran inmaculados.

Claramente ese clasismo ha implicado que la majadería de TODA la clase política por la seguridad ciudadana, NUNCA se haya enfocado en esas asociaciones ilícitas de altos ejecutivos y/o grandes empresarios que consiguen millones fuera de la ley… Mismo clasismo que de seguro haría incomparable la espantosa muerte de delincuentes comunes quemados vivos, con una hipotética calcinación de reos VIP.

Chile es tan clasista y desigual que hasta en el delito los pobres se la llevan peor, mucho peor en lo legal.

Así las cosas, al final se puede especular que: 1. No hay liberales en Chile; 2. Los neoliberales no tienen idea de la ideología que deberían sostener y defender; 3. A los neoliberales les acomoda una legalidad que dé manga ancha a sus manejos turbios... E incluso se podría agregar una cuarta reflexión: con penas más duras para castigar el uso de información privilegiada hoy no tendríamos presidente.

Tenía toda la razón Violeta Parra cuando cantaba que en estas tierras el “refinado ladrón” actúa “a la sombra de las leyes”.

No hay deuda que no se pague

A un año de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, debo pagar una deuda de honor. Resulta que un concertacionista, a quien mantendré en el anonimato nombrándolo Alipio, por esas fechas me hizo llegar un correo-e invitando a votar por Frei y/o contra Piñera. Mas, me llamó la atención que el texto se enmarcaba en la lógica de una campaña del terror. Se nos advertía que si ganaba Piñera, la malvada derecha llegaría al poder y ahí... ¡Dios nos pille confesados!

Le respondí a Alipio que, en el fondo, no veía diferencia entre votar por los neoliberales de la Concertación o los neoliberales de la Alianza. Que en términos estrictos la derecha está en el poder ininterrumpidamente desde 1973. Por eso en la última elección presidencial, una vez más, se podía decir que entre bueyes no había cornada. Anularía mi voto: me da lo mismo quemarme en la olla o en las brasas.

De vuelta recibí otro correo-e expresándome, a modo de advertencia-desafío, que si ganaba Piñera habláramos en un año más. Se cumplió el año y debo saldar mi deuda con Alipio. Lo haré centrándome en algunos puntos. Por lo cual es manifiesto que muchos otros quedarán fuera.

Primero, un mínimo conocimiento político y socioeconómico da cuenta de que todos estos años hemos vivido en uno de los países más neoliberales del mundo. La Concertación no sólo no alteró el modelo de la Dictadura; peor aún, lo legitimó al darle un cariz democrático y hasta uno de centroizquierda. Sé que a estas alturas es una perogrullada explicar esto. Tenga Ud. la seguridad de que no quiero ofender su inteligencia. Pero, también sé que en este país la mayoría tiene menos de un mínimo conocimiento político y socioeconómico.

Segundo, si hemos vivido en un país neoliberal con una sola megacoalición, ¿qué podría hacer de terriblemente derechista Piñera? Vender lo que le queda de participación al Estado en algunas sanitarias... Mas, incluso con una casuística tan mínima, ¿es algo diferente de lo que hizo POR VEINTE AÑOS la Concertación? Lo de Piñera es, con mucho, una política homologable a la de aquella. Y en lo puntual, basta recordar la privatización que hiciera Lagos de las sanitarias de la VIII región: empresa viable y eficiente además. Al “socialista” Lagos, no a Piñera, lo amaban los grandes empresarios.

Con todo, insisto, evitemos la casuística. Veamos el tema desde el fondo político y socioeconómico: la construcción y reproducción de un modelo de sociedad, con sus ideas, conductas, instituciones y valores asociados. Si ayer Hayek y Friedman admiraban a la Dictadura, a la fecha conspicuos profesores de Chicago como Arnold Harberberg respaldan entusiastas “la buena ciencia económica” de la Concertación. Por favor, lo honesto para los concertacionistas sería señalar que el neoliberalismo les gusta, que se convencieron. No seguir mintiendo unos llamándose centroizquierdistas... ¡cuando de hecho el neoliberalismo no es ni de centroderecha! Y menos continuar otros con el pseudoargumento de que, a pesar de ser neoliberales, por la singular composición del escenario político chileno ellos son la centroizquierda... (De ser así, entre los funcionarios de la Dictadura, dado el cariz de los “duros”, ¿los “blandos” eran en verdad demócratas?).

¿Con qué cara los concertacionistas reprochan a los antineoliberales? No fuimos nosotros quienes abonamos el terreno y propiciamos que un especulador sea presidente: no fomentamos el mito de la eficiencia privada ni la superioridad de las visiones supuestamente técnicas. De hecho, no fuimos nosotros quienes estuvimos en el poder por VEINTE AÑOS, cogobernando sin la menor voluntad política de hacer cambios y parapetados tras la falacia de no tener mayoría en el Congreso (a pesar de que Lagos y Bachelet la tuvieron). No fuimos nosotros quienes nos olvidamos del pueblo y decidimos gobernar con una pequeña élite de espaldas y hasta contra aquel. No fuimos nosotros quienes nos transformamos en cortesanos de las grandes compañías, ni los que regalamos las riquezas del país (baste señalar el cobre y los derechos de agua). No fuimos nosotros quienes contribuimos a destruir la prensa independiente y así imponer sin contrapeso la “construcción social de la realidad” del oligopolio mediático-ideológico neoliberal.

Si no somos concertacionistas y sí somos antineoliberales, ¿por qué nos recriminan por anular el voto? Es más, ¡¿cómo se atreven?! Fueron ellos quienes debieron hacer algo todo este tiempo. Fueron ellos quienes debieron elegir un buen candidato. Tuvieron VEINTE AÑOS. Es de un descaro mayúsculo culpar a otros a última hora.

El moral fue el único argumento de los que escuché, que creo tiene cierta validez en contra de anular en la segunda vuelta: volverían a La Moneda los violadores de derechos humanos civiles. Sí pero (lo siento, con la Concertación siempre hay un “pero”) asimismo se pueden hacer algunas observaciones. ¿Qué hay de Frei y Lagos defendiendo a Pinochet cuando fue detenido en Londres? No sólo en cuanto individuos, obviamente tras de ellos estaban sus gobiernos y la Concertación. Y en particular, no olvidemos el indulto a Contreras Donaire del bienamado de los empresarios, ¿no fue acaso un tanteo de Lagos a la opinión pública para una posible política de abierta impunidad? Tampoco hay que dejar de lado su ley impidiendo que el Poder Judicial investigara los delitos de tortura recogidos en el Informe Valech y se guardaran los nombres de los torturadores... ¡por cincuenta años! Y respecto a Bachelet considérese la aplicación de la ley antiterrorista a los mapuches o que 170 miembros del Ejército fueron enviados el 2006 a perfeccionarse a la ex Escuela de las Américas (hoy renombrada “Instituto de Cooperación para la Seguridad Hemisférica”)... Tampoco en DDHH la Concertación pasa la prueba de blancura.

Alguien me dijo al calor de las discusiones de la última segunda vuelta que, al no tener hijos, me podía dar el lujo de no votar por Frei y por ende ayudar al terriblemente derechista Piñera. Cuando releo lo aquí escrito sigo convencido de que no soy un irresponsable maximalista. Por ende, un culpable. Los verdaderos culpables son los concertacionistas. Son ellos quienes nos traicionaron, los que incluso traicionaron a sus propias bases. No difamo a nadie, ¡lean por favor el Programa de Gobierno de Aylwin!

Sé que afirmar que la Concertación y la Alianza son lo mismo, puede parecer un insulto a los funcionarios públicos despedidos (a los que sí trabajaban y no estaban ahí vegetando por compadrazgo político) o a los damnificados del terremoto que aun no reciben ayuda del gobierno. Están en su derecho. Sin embargo, lo que aquí he querido exponer es que ambas coaliciones son neoliberales y se diferencian, por supuesto, en la forma de aplicar su ideología.

Para ir terminando, no me cabe duda de que en el fondo Piñera encabeza el quinto gobierno de la Concertación. Ha gobernado y gobernará (casi) como ellos lo hicieron. El punto es que ganó la presidencia la otra ala de la megacoalición, esa que por VEINTE AÑOS miró amurrada cómo le robaban SU modelo socioeconómico. En una mirada retrospectiva de las últimas dos décadas, no es errado aquel alegato fascista contra la Concertación por querer apropiarse de “la obra del régimen militar”.

Estimado Alipio, en resumen, pasado un año sin duda volvería a anular.

Ahora bien, si quieres tomar en cuenta los grandes logros de los veinte años de la Concertación (un sistema democrático elitista y anti participativo, exagerada desigualdad en la distribución del ingreso, pésima calidad de la salud y la educación, concentración extrema de la economía, impunidad, trabajos precarios y mal pagados, promoción del consumismo y el individualismo, una legalidad que protege a las grandes compañías mientras desampara a trabajadores y consumidores, escandalosa concentración de la riqueza, regalo de recursos estratégicos y por ende pérdida de soberanía, marco impositivo regresivo, disolución de las redes sociales y por tanto inexistencia de una sociedad civil fuerte, colusión entre el poder político y el económico, mercantilización de los derechos sociales... para qué seguir si tú también vives en Chile). Bueno, al considerar esos grandes logros, igual sin duda alguna que anularía.

"Bastante reguleque"

Se pasó la Xime. Por si no había bastado la estatua de una virgen (símbolo ostensible no sólo religioso, sino específicamente católico) que instaló a la entrada de las oficinas centrales de la JUNJI, una entidad estatal, es decir laica por definición y separada de la Iglesia católica desde el siglo XIX. Por si también creyó quedarse corta con sus declaraciones sobre las madres que llevan a sus niños a los jardines de la institución para poder carretear de lo lindo. Y por si además no habíamos tenido suficiente con su defensa mística del cura Karadima —“prócer de la Iglesia tentado por el Demonio”—, caso que por lo demás fue sobreseído por estar prescritos los delitos y no porque fuera inocente aquel buen hombre de Dios.

Bueno, por si todo eso no hubiera bastado, la última salida de esta santa mujer fue declarar en twitter que su sueldo en la JUNJI era “bastante reguleque”. O sea, que sus $ 3.700.000.- brutos eran pencas, insuficientes, ahí no más, exiguos, indignos de su persona y su trabajo, etc.

Ahora bien. Dependiendo de sus expectativas y su productividad (de algo que sirva el marginalismo), esos milloncitos pudieran ciertamente ser un estipendio “bastante reguleque”. Lo mismo al considerar su estilo de vida. Que tengo una leve sospecha de que ha de ser un tanto por encima de la media de los chilenos y chilenas. Y para peor la cantidad de hijos de la Xime, pues lo santa no quita lo valiente, ¿no? Los miembros de la Obra reciben a todos los niños que el Señor se digna mandarles. Eso del control de la natalidad siempre ha tenido un tufillo a azufre y el alarmismo de la sobrepoblación no obedece más que a la impiedad de los demógrafos... Además, con tanto cabro chico les dan pega de nanas a innumerables “mujercitas”.

Mas, para poder sopesar los dichos acerca de su sueldo “bastante reguleque”, es necesario conocer a cabalidad el tema. Se sabe que en Chile sufrimos una de las peores distribuciones del ingreso del mundo. Y no lo dice Fidel ni Chávez, ni siquiera esos estructuralistas (¿o ex estructuralistas?) de la CEPAL... sino nada menos que el Banco Mundial. Pero, no pocos de los que con razón alegan, no saben exactamente las cifras en cuestión.

 Para aclararlas expondremos los datos oficiales del Gobierno de Chile. Ellos se encuentran en la “Encuesta Laboral - Informe de Resultados” realizada por la Dirección del Trabajo y publicada en Noviembre del 2009. La propia Dirección señala que “el universo [de la encuesta] son las empresas formales privadas de 5 o más trabajadores. En esta versión de la ENCLA, se encuestaron 2.113 empresas que representan a 92.266 empresas y a 3.410.440 trabajadores y por primera vez tiene cobertura nacional, permitiendo alcanzar representatividad a nivel nacional” (El informe completo se puede encontrar en: http://www.dt.gob.cl/documentacion/1612/w3-article-95958.html).

En el cuadro siguiente se hallan resumidos los tramos de ingreso que propone la propia Encuesta Laboral. Hemos agregado a la derecha una columna con la suma de los porcentajes de personas por cada tramo de ingreso. De esa manera, estimamos, se podrá tener con mayor facilidad una visión general de la distribución salarial en esta “copia feliz del Edén”.

 

TRAMOS

%

%Σ 

MENOS  de  $ 159.000

  6.4

 6.4

DE  $    159.000  A  $    238.500

31.4

37.8

DE  $    238.501  A  $    318.000

17.0

54.8

DE  $    318.001  A  $    477.000

17.6

72.4

DE  $    477.001  A  $    795.000

14.3

86.7

DE  $    795.001  A  $ 1.272.000

  6.9

93.6

DE  $ 1.272.001  A  $ 1.908.000

  3.4

97

MÁS  DE  $  1.908.000

  3.0

100

 

Como se puede ver, y por eso lo hemos destacado, el 72.4% de las y los trabajadores en Chile perciben un ingreso MENOR a los $ 477.000.- MÁS de la MITAD ganan MENOS de $ 318.000.- Y un no despreciable casi 38%, más de un tercio de la muestra, MENOS de $ 238.500.- Ud. podrá hacer un rápido cálculo de lo que requiere una familia tipo de cuatro integrantes para sobrevivir en Chile y compararlo con las cifras salariales oficiales. Esos montos no son ni reguleques, son indecentes.

En la cúspide de los sueldos se halla el 3% de las y los trabajadores con más de $ 1 millón 900 mil. Esos “ricachones” dejan de serlo cuando uno calcula de nuevo cuánto puede gastar la familia tipo de cuatro integrantes. Considérese únicamente dos hijos en la Universidad y un arriendo o hipoteca. O sea, uno se podría haber preguntado cómo vive el 3% de la población con los sueldos más altos y dejar correr la imaginación: dos autos del año, casa de muchos metros cuadrados con piscina, casa de veraneo propia, viajes fuera del país, hijos en colegios caros, etc. Pero estamos hablando “sólo” de más de $ 1 millón 900 mil...

Así las cosas, la Xime con su sueldo “reguleque” y todo, pertenece a un porcentaje aún más mínimo dentro de ese ya mínimo 3% de los “ricos” de Chile...

Además, el punto del “reguleque” es que nuestra Xime es funcionaria pública. O sea, actúa y habla públicamente en tanto tal. No lo hace como persona privada. No está en su casa, donde imaginamos su familia estará acostumbrada a oírla decir cuántas burradas se le ocurran. Y tal vez mirarán al “Cielo” meneando la cabeza o quizás las tengan por sabias palabras. Da lo mismo, es su casa.

Entonces, como servidora de la ciudadanía en tanto implementadora de políticas públicas, uno supone que debería saber en qué país vive. En tal sentido, si sabe lo que en verdad se gana en Chile sus declaraciones no son sólo desubicadas o tontas, son altamente ofensivas para la inmensa mayoría de sus conciudadanos y conciudadanas. Ahora bien, si no sabía de la real situación económica nacional (no de la tonterita de las cifras macroeconómicas) qué se puede comentar de ella y de quiénes la pusieron en ese puesto... lo que obviamente no obedeció al cuoteo, sino a una minuciosa selección de las y los mejores.

No obstante, más allá de si sabía o no sabía de los sueldos en Chile, en ambos casos es una persona que no debería implementar políticas públicas. ¡Al menos por pudor! Ella no debería ser funcionaria pública, incluso si esas políticas públicas están enfocadas “contra” los más pobres. Por ejemplo, esas mujeres que dejan a sus niños en jardines JUNJI para irse a la playa o a carretear con sus amigas (y que de seguro ni van a misa y no se han confesado quizás de cuándo... ¡o peor aún, son canutas!.. ah no, esas no toman... ¡pero yo las he visto en la playa!).

La Obra de la cual es socia la Xime, profesa que cada uno sirve a Dios en su vocación, en el lugar que “le tocó” ocupar en el mundo. El cual no es fruto del azar, sino del sapientísimo designio de nuestro Señor. Y esa singular distribución de vocaciones, implica que unos pocos mandan y la mayoría les obedece. En otras palabras, dejémonos de cuentos, los rotos ganan y viven como se lo merecen. Y la gente piadosa señalada por el tatita Dios para guiar el rebaño en este valle de lágrimas, se ve recompensada por su fidelidad con las dádivas materiales de “Su” gracia: el billete.

O sea, en términos teológicos, en realidad son harto reguleques los más de dos guatones líquidos que gana la Xime. Qué injusto... ¡y qué ordinariez gaia!

Banqueros pungas

Hace tiempo que no sabía nada de mi viejo amigo Daniel López. Había anunciado viaje a Chile tantas veces sin cumplirlo, que sólo quedaba en el recuerdo su singular frase, en su aún más particular tono de huaso ladino: “Sigo presente en el destino de la patria”. Debía estar ocupado por su labor de periodista free lance en el lejano Punguistán (como contara este humilde columnista en otra oportunidad: país con sorprendentes parecidos al nuestro y en donde la etnia punga domina la vida social, política y económica).

Curiosamente un día cualquiera me encontré a López en el chat de mi correo electrónico. Se me apareció con una carita feliz que con la mano derecha hacía un saludo militar y con la izquierda agarraba un gran fajo de billetes. Y digo curiosamente porque una persona de su avanzada edad, por lo general, no se distingue por su pericia en la web. De hecho, él al chat le llama “shaft”... tal vez por alguna reminiscencia gastiferil de su infancia.

Me contó que andaba con sentimientos encontrados. Su ahijada de Punguistán había entrado a la universidad, pero debía recurrir a la banca para solventar los gastos asociados. En dicha nación hasta las universidades estatales cobran mensualidad y además muy costosas. Dado su nivel de irritación, ni se me ocurrió recordarle las muchas veces que me habló de los beneficios de una economía privatizada. Mas, para mi sorpresa, su rabia radicaba en una mala aplicación de la propuesta de Milton Friedman del subsidio a la demanda: lo habían dejado en manos de la banca privada y a altísimas tasas de mercado.

No por nada, como casi todas las instituciones poderosas de Punguistán, la banca estaba manejada por la etnia dominante: los pungas. Quienes la habían convertido, apoyados en la legalidad punga, en un “ologopolio de usureros” según López. Carita iracunda y fin de la conversación.

Como el caballero nunca deja de sorprender, unos días después la siguiente conversación fue a través de una webcam. O sea, una conversación vía video. Con tantos años de residencia en Punguistán, se le había pegado la debilidad de los pungas por los anglicismos.

Se le veía bien con su bigote, gafas oscuras de grueso marco cuadrado y brazos cruzados. Le pregunté por su ahijada universitaria y me contó que por algunos problemas de su compadre, él pidió un crédito para los gastos de la colegiatura de la chiquilla. Lo hizo a pesar de ser una “cabra media pava” y votar por la coalición de esos “upelientos reciclados en arribistas”... La que para el pesar de la pobre jovencita, pensé, mantuvo y potenció la mercantilización de la educación. En fin.

Aquí me perdí un poco. Por sus palabras no sabía si me hablaba de su ahijada de allá o de la que tiene en Shile. Pero parece que era de la extranjera, pues continuó relatando que en Punguistán esos créditos son a tasas de mercado punga: se termina pagando el doble o más de lo pedido.

Y ahí se me fue sulfurando, pues le habían impuesto “estos ...[irreproducible]... usureros” una cuenta corriente de dónde se le irían descontando las cuotas. O sea, fue víctima de lo que allá se llama eufemísticamente una “venta atada”, lo cual no es otra cosa que una condición abusiva en una relación comercial desigual. Lo que, me dice López, al ser un mercado “ologopólico” se repite en todas las instituciones financieras. Para peor, ¡la cuenta corriente conllevaba cargos! Y por si aún no fuera poco, cuando estaba firmando la infinidad de papeles del empréstito se fijó en uno que autorizaba al banco a facilitar, “para su mejor atención” señalaba el documento, ¡¡todos sus datos personales a terceros!! Es decir, a venderlos en una base de datos.

No sé si fue la mala conexión o los muchos y muy violentos golpes que Daniel López daba a su teclado y pantalla mientras me contaba sus aventuras financieras, pero la cosa es que se cortó la comunicación vía webcam.

Para mi sorpresa a los pocos minutos, el Sr. López se aparece en mi chat y escribiendo en mayúsculas. Lo que según las formalidades electrónicas indicaba su indignación: “Y me ha de creer Ud. que ese banco es el antiguo banco de fomento estatal ¿Qué queda para los otros bancos?” No lo paraba nadie: “Porque aquí, señor, hay un ologopolio financiero. Los siñores políticos dejaron que estos usureros ...[irreproducible]... le chupen la sangre a la ciudadanía, a las pymes, a la gente de trabajo ¡Yo que siempre fui partidario del capitalismo popular! ¡¿Cómo se puede desarrollar un país regalándole la plata a unos cogoteros de corbata?!”.

Me mostré extrañado, pues sabía que por dos décadas gobernaron en Punguistán partidos de centroizquierda... como en Shile. Fue peor. “¡¿Cuál izquierda?! Esos siñores políticos eran unos piojos resucitados que querían poder. Además eran pungas. Si acá esos tienen todos los cargos de poder en el Estado y en las compañías. No importa de qué partido sean. Son pungas, se comportan como pungas y gobiernan para los pungas”. Y siguieron las mayúsculas: “¡¡Pero si acá hay más de 13 mil reclamos contra el mercado financiero y nadie hace nada!!... No lo hicieron los ’upelientos arribistas’ y tampoco este especulador”. “Fíjese —continuó exaltado— que el ministro de ahora había dicho en septiembre que las condiciones abusivas se acabarían… ¡Y en noviembre la Superintendencia autoriza las “ventas atadas”!

Y me dijo que esperara porque buscaría algo en la red.

Pasaron unos pocos minutos y me envía una información de lo que es algo así como el SERNAC de Punguistán. Versaba sobre la gran cantidad de reclamos contra el mercado financiero punga: “estos datos confirman los problemas de este mercado donde los consumidores sufren cobros indebidos, cargos que no aceptaron, dificultades para saber qué están pagando, cobranzas abusivas y cambios en las reglas del juego establecidas en los contratos”. Acto seguido y para mi sorpresa me apareció una carita desconsolada.

Pasó un rato —en el cual dado el cariz de la citada carita no me atreví a salir del chat— y me pregunta López: “¿Y sabe cuánto ganaron en los primeros cuatro meses de este año los usureros ...[irreproducible]... del ologopolio bancario?”. Tecleé un escueto “?”. Sobre la marcha me contestó: “¡¡Más de mil millones de dólares!! ¡¡En sólo cuatro meses!!”. Glup... Sólo me quedó tragar saliva. Quedé tan sorprendido que únicamente atiné a devolverle una carita triste y puse “invisible” en mi estado del chat.

Necesitaba tiempo para ordenar mis pensamientos. Pobre anciano. A su edad teniendo que pasar por esas cosas y en un país extraño… Y de pronto me sorprendí a mí mismo preguntándome si su ahijada de allá volvería a votar por los que la entregaron a los usureros... Porque por suerte su ahijada universitaria de acá... mmmmm... Mejor me callo, ¿no? Carita desconsolada...

Fútbol S.A. en Chile S.A., ¿cuál novedad?

Las elecciones de la ANFP han revuelto las aguas de la opinión pública. Que un buen dirigente como Mayne-Nicholls perdiera es “raro”; que se vaya Bielsa inaudito… Pero así fue, así es. Mas, por qué tanta extrañeza. Si la mafia de especuladores ha sido y fue en estos días totalmente transparente y sincera en cuanto a su forma de ver el fútbol. Incluso su cara pública fue explícita y, hay que decirlo, tiene toda la razón: la gente no vota y el fútbol profesional es un negocio privado.

Señores hinchas, sesudos comentaristas de sobremesa, periodistas, políticos y queridos lectores, ¿no les gustaban tanto a muchos las sociedades anónimas deportivas?

Pero además, sólo los desprevenidos podrían realmente extrañarse con esto. Sólo aquellos que todavía, con una ingenuidad increíble (por usar un eufemismo), hablan de “sus” equipos… sin tener acciones de tales clubes. ¡Hace rato que “sus” equipos no lo son! Los especuladores se los quitaron y Uds. no se dieron ni cuenta. Ahora los clubes de fútbol son empresas y si no eres de la junta de accionistas… bueno, que te vaya bien... Eso sí, no olvides ir al estadio, abonarte al canal del fútbol y comprar cuanta chuchería te vendan como merchandising.

¿Quedó claro eso de que la gente no vota y que los negocios de privados son efectivamente negocios de privados?

No sé si es curioso o triste que ahora, recién con las elecciones del fútbol y la ida de Bielsa, muchos y muchas hayan caído en cuenta en el tipo de sociedad en la que vivimos en Chile. Y no lo digo por el Sr. Espontáneo y su indisimulable ambición. La cual esta vez puso en su mira, entre tantas otras cosas, a la ANFP (Ambición que llega a tal punto que hizo lo que ningún hincha haría: cambiarse de equipo. Pues se sabe que es posible cambiar de esposa, trabajo, barrio, partido político, nacionalidad, hasta de sexo… ¡pero nunca de club!).

Era un secreto a voces su afán por sacar a Mayne-Nicholls de la ANFP por cuestiones políticas, por ego y por plata. De ahí que cuando el periodista Felipe Bianchi declaró el jueves 4 en el noticiario central de Chilevisión: “Me constan los llamados de Piñera, Ruiz-Tagle y Lavín para que hubiera una lista contraria a Mayne-Nicholls”… únicamente comunicó de forma “oficial” a la opinión pública, lo que no pocos sabían y muchos más intuían. No obstante, insisto, la “cama” que le hicieron a Mayne-Nicholls desde La Moneda —donde, como también señala Bianchi, está el dueño de Colo-Colo, uno de los clubes que están detrás de Segovia— se podría decir metafóricamente que es sólo la guinda de la torta llamada Chile S.A.

Una vez más repito: no sé si es curioso o triste que ahora con las elecciones del fútbol y la ida de Bielsa, muchos y muchas recién hayan caído en cuenta en el tipo de sociedad en la que vivimos. ¿Es que la colusión de las farmacias, los contratos y tasas abusivas de los bancos, el alto costo de la vida, el que Ud. pague proporcionalmente más impuestos que las grandes compañías, la mala calidad de la educación y la salud de la inmensa mayoría de chilenos y chilenas, y tantos etcéteras más no dan para sacar una conclusión? Conclusión obvia. Más cuando la viven y sufren millones de personas en carne propia y en sus seres queridos. O al menos uno pensaría que por eso es evidente. Sin embargo, no lo ha sido. 

Ese es el país que construyeron y/o dejamos que construyeran la megacoalición que conforman la Concertación y la Alianza. El país donde según la Encuesta Laboral 2009 del Gobierno de Chile, el salario del 72,4% de los trabajadores es menor a $ 477 mil; de hecho, de ese porcentaje un 54,8% percibe menos de $ 318  mil  (¡Y eso que la gente sí vota para elegir cargos públicos y por ende proyectos de país!).

Entonces, dado el contexto y la ideología hoy dominante , ¿puede ser extraño lo que ocurrió ahora con los especuladores del fútbol? Eso es lo que significa que la gente no vota. En otras palabras, que no importan y que están a merced de la élite político-económica en cuanto hinchas, trabajadores, consumidores o ciudadanos. Hace años, no ahora con Piñera, una élite con poder y dinero maneja a su antojo el país. Y no es un desvarío de “resentido social” ¡Si hasta lo denunciaba Felipe Lamarca el 2006 en La Tercera! Y ese pequeño grupo gobierna y/o son mandados por un grupo aún más pequeño, hasta en contra de nuestras opiniones y  de lo que nos conviene. Por ejemplo, ¿no se acuerdan del tremendo apoyo que tenía una ley de divorcio y que igual no salió por años, hasta que se aprobó una ley sumamente “particular”? ¡Y para qué hablar de que este país regala su cobre!…

Esta elección no es más que el reflejo del Chile en que vivimos. No por nada cuando se discutía acerca del reparto de las platas del canal del fútbol, Mayne-Nicholls alegaba: “yo le preguntaría a los dos mayores accionistas de Colo-Colo [aludiendo a Piñera y el actual subsecretario Ruiz-Tagle] si esto es lo que quieren ellos como país, donde el más rico sigue siendo rico y el pobre es pobre de por vida”. Recuérdese que el punto era que los tres “grandes”, Colo-Colo, la U y la UC (que ya en Mendoza o Tacna se transforman en “chicos”), se oponían al reparto igualitario de utilidades entre todos los clubes participantes del campeonato nacional. Curiosamente, a pesar de que ellos están detrás de la candidatura de Segovia, se han mantenido escondidos, sin figuración pública en dicha lista.

Esto es el neoliberalismo, ¿qué esperaban? ¿Se tenía que ir Bielsa para que se enteraran?

Para terminar, insisto en que Segovia tiene razón. En las elecciones de la ANFP la gente no vota y el fútbol profesional es una actividad privada. Por lo tanto, siguiendo sus declaraciones quedan dos opciones complementarias:

 1. No ir al estadio, anular la suscripción al canal del fútbol y no comprar los productos que venden las empresas-equipos S.A.;

 2. Exigir que las platas estatales no vayan al fútbol profesional, exigir que Carabineros no distraiga nuestros recursos vigilando gratis esos espectáculos privados y exigir que los estadios municipales no sean usados por equipos profesionales de fútbol.

Por lo pronto, entre otros, ese último es el caso de los emprendedores privados-cara de palo que votaron por Segovia y juegan cada semana en estadios municipales: Wanderers, La Serena y Cobreloa.

Se informa de saqueos pos terremoto en Punguistán

Sucede que desde hace muchos años mi viejo amigo Daniel López se radicó en Punguistán (no ahondaremos aquí en los motivos de su traslado... correremos un tupido velo sobre algunas cuestiones de índole financiera). Durante ese largo periodo en el cual se ha ganado la vida como corresponsal free lance, adquirió un profundo conocimiento del país y de sus habitantes. Por mucho que nos suene a una tierra exótica, Punguistán es una nación geográficamente muy similar a Chile. Pero por sobre todo, la cultura de su gente es de un parecido extraordinario a la de los habitantes de esta copia feliz del Edén. Todo lo cual ha hecho sentirse a López a sus anchas en el país.

 

Dentro de las diversas etnias que habitan Punguistán, la minoría de los “pungas” es la dominante política, económica y socialmente. Y aunque es un grupo caracterizado por rasgos que pudieran considerarse poco atractivos —desinterés por la educación, poca o nula urbanidad, arribismo, clasismo, xenofobia, consumismo, patriotería, etc.—, han terminado imponiendo su tosca forma de ser a casi todo el resto de las etnias que habitan el país. Sin embargo, a pesar de su evidente dominio, debe aclararse que en Punguistán no todos son pungas.

 

Pero bueno, no quiero distraer al lector con lo que he aprendido luego de años de escuchar los relatos de Daniel López. Vamos al punto. Lo que pasa es que dentro de las numerosas coincidencias entre Punguistán y Chile, hay muchas que no por curiosas dejan de ser lamentables. Es el caso de la actividad sísmica: casi al mismo tiempo que sufríamos el terremoto acá, un violento movimiento telúrico azotó a gran parte de Punguistán.

 

También, curiosa y lamentablemente, nuestro corresponsal nos ha informado de que en aquel lejano territorio se han podido ver escenas de saqueos similares a las de nuestro país. Al hablar de parecido, Daniel no se refiere a gente la cual sin víveres fuerza algún negocio para saciar la desesperación del hambre y la sed. Tampoco de los que en medio del frío toman para cubrirse alguna ropa de una casa destruida. No. De ese tipo de acciones que todos podríamos entender no son.

 

La prensa punguistaní ha informado y mostrado en diversos lugares de Punguistán afectados por el terremoto, a personas y hasta grupos organizados dedicados a saquear. La mayoría de ellos son pungas. Roban comercios y casas destruidas para llevarse productos de “primera necesidad”: licores, artículos electrónicos, ropa de marca, etc. No hay desesperación en ellos; sí avidez y desvergüenza. Incluso no pocos de ellos hasta portan armas.

 

Pero según los informes de nuestro valiente corresponsal, hay otra curiosa y lamentable coincidencia (¡otra más!) entre la prensa punguistaní y la nacional: la parcialidad. Pues a pesar de que pungas los hay de todas las clases sociales, en este caso puntual López denuncia el doble estándar periodístico. Hay una gran diferencia entre el trato mediático dado a los saqueadores con respecto, por ejemplo, a los pungas con mayor poder adquisitivo y contactos quienes con conocimiento de causa construyeron edificios de mala calidad que colapsaron con el terremoto. Así, mientras los medios se esfuerzan por “denunciar” los saqueos y tomar primeros planos de dichos delincuentes; los salteadores de cuello y corbata pasan a un extraño limbo donde se habla de ellos sin hablar explícitamente de ellos.

 

Por supuesto que nuestro estoico corresponsal señala no pretender en ningún caso justificar el saqueo. Sin embargo, la prensa en la práctica da un trato “preferencial” a las compañías constructoras e inmobiliarias. Lo cual según él no es un fenómeno nuevo, a raíz o a partir del terremoto. Es ya habitual. La diferencia del modo en que la prensa informa acerca de los pungas de cuello y corbata es abismal en comparación con los pungas pobres. Un punga rico que saquea su país aparece en las páginas sociales; un punga pobre que saquea un supermercado en las de crónica roja... Y lo peor es que la gran parte de la ciudadanía no se percata de tan paradojal  fenómeno periodístico: los “malos”, los únicos malos, son los pungas pobres.

 

Lo mismo que en Chile, en Punguistán todos los pungas son pungas. Pero claramente no todos los pungas son iguales.

Sobre las críticas a las críticas al “dream team”

Sobre las críticas a las críticas al “dream team”

A pesar del tiempo transcurrido desde el nombramiento del gabinete “de excelencia” —a través de los medios y de conversaciones personales— he podido constatar que el tema no tiene nada de añejo. Específicamente la crítica a su notorio sesgo ha sido interpretada, por los sectores identificados con la derecha tradicional, como un ataque rastrero y rasca. Si ya es sospechoso el simple hecho de hacer un análisis de este equipo de los “mejores”, criticarlo es una especie de imperdonable bajeza.

 

A la superficialidad intelectual que denotan esa (sobre)reacción de los defensores del futuro gabinete y muchos de los (pseudo)argumentos que han esgrimido, se suma la paradoja de demonizar en democracia a la crítica y al debate de un tema relevante. Más aún, de uno público por excelencia.

 

Aunque ya se ha derramado mucha tinta en torno al tema, recordemos en qué nos basamos para hablar de un gabinete sesgado. De los 22 ministros —para nombrar sólo algunos aspectos— 17 estudiaron en la Pontificia Universidad Católica de Chile, 14 son ingenieros, 10 participan de directorios empresariales, 17 son de Santiago y todos han desarrollado sus carreras ligados al ámbito empresarial privado (La Tercera 11.02.10).

 

El punto de fondo en este debate, es que dentro de esa colección de “gente bien” (o que al menos parece serlo) se esconde una realidad propia de nuestro históricamente desigual país. Y por mucho que a algunos les parezca horrible clasificar de “cuicos” a los futuros ministros —y sí puede ser poco estético— tampoco debemos ser ciegos. Por cierto que he escuchado críticas de “clase”, esas que estigmatizan a quien no demuestre una “pureza obrera” de tres generaciones; pero el propio Marx las desecharía por burdas. Sin embargo, no sé si alguien pueda señalar que este grupo de tecnócratas campeones de la eficiencia (lucrativa) es representativo del país y/o conforman un grupo donde confluyen múltiples visiones de la realidad nacional. O al menos que sean capaces de darse cuenta de que existe diversidad en Chile, de entender esas diversidades y dialogar con ellas.

 

Por mucho que desde un voluntarismo miope se pueda desmerecer como argumento, sin duda la inmensa mayoría de los asalariados del país están lejos de tener una vida del tipo que han tenido y tienen los futuros ministros. Tómese en cuenta que según la última Encuesta Laboral de la Dirección del Trabajo, un 72.4% de los trabajadores gana menos de $ 477 mil  y sólo un 3% más de  un millón novecientos mil... Y todo indica que los miembros del gabinete se ubican en un subrango superior de ese ya ínfimo 3%. ¡No hay aquí ni una pizca de resentimiento! Es una sencilla constatación socioeconómica que relaciona cuánto ganas, en qué crees, dónde vives, cómo te comportas, con quién te juntas, etc.

 

Para facilitar la comprensión del sesgo del gabinete a quienes lo niegan y/o minimizan (y sin querer ofender la inteligencia del resto de los lectores) lo graficaremos a través de la ficción. En primer lugar, al igual que en los juegos de cabros chicos, “hagamos como que” en Chile es elegido un presidente mapuche y “hagamos como que” esa etnia corresponde a menos de un 3% de la población total del país. Sigamos haciéndonos que se designa un gabinete exclusivamente de entre ese pequeño y homogéneo grupo. Todos mapuche comprometidos con el objetivo de dar territorio (no tierras) y autonomía a dicha etnia, con similar educación y de la misma zona geográfica rural o semi rural, etc. Incluso contando con la sinceridad de su discurso de que se gobernará para todos los chilenos y chilenas, ¿qué opinaría Ud. Señor Huinca con respecto al sesgo de ese gabinete?

 

Si se quiere pueden también simularse gabinetes formados únicamente o en su mayoría por homosexuales o mormones o militares, etc. Y es del caso recordar que de los 22 nombrados, 14 son ingenieros y —en el sesgo lejos más peligroso a mi juicio— todos están estrechamente ligados al ámbito empresarial privado (en lo laboral e ideológico).

 

Los sociólogos y antropólogos de sobremesa han de comprender que no hay nada de malo en pertenecer a un grupo determinado. Nunca ha sido esa la discusión. Por lo demás es un dato de la causa que a través de toda nuestra vida todos formamos parte de algún grupo. El tema es asumir esa pertenencia y junto a ello los sesgos ideológicos consecuentes. Es decir, sus formas de “mirar” y concebir el país, sus estereotipos, pre-juicios, estructuras morales, estéticas, políticas, sus objetivos y medios, etc. Del mismo modo, deben asumirse explícitamente los intereses y relaciones asociadas a dichos grupos.

 

Se entiende entonces que aquí no se pone en duda que los miembros del próximo gabinete no quieran el bien del país (de hecho, por ejemplo, la merma en sus ingresos por ser ministros hablan muy bien de ellos). El punto es que “su” país, “su” bien y “sus” medios para lograrlo se derivan de su pertenencia a un grupo de élite conformado por menos del 3% de la población y con sus particulares intereses.

 

Antes de concluir quisiera referirme al agudo argumento del “empate”, esgrimido por quienes acusan el sesgo de los gabinetes de gente “blanquita” y de apellidos europeos-no españoles de la Concertación. Es indudable que muchos miembros de las cúpulas concertacionistas terminaron “subiendo” a los grupos de élite nacionales. Pero, más allá de sus apellidos, en su mayoría no pertenecían a aquellos ni por origen ni ideología. Al ser posterior su neoliberalización, también lo fue su adhesión ideológica a los intereses de las élites tradicionales y su accionar fáctico en su favor. No por nada (y pido disculpas por no recordar quién lo señaló) uno de los “aciertos” de El Mercurio fue dar más páginas a su sección de “Vida Social” para que pudieran aparecer personajes de la Concertación.

 

En fin. La acusación de clasismo contra quienes destacan el sesgo del gabinete, se entiende en el típico (pseudo)argumento derechista contra la crítica socioeconómica. Reforzada por esa especie de tradición gringa, instalada hace rato en el país, de aprensión sobre la crítica. La disidencia y el análisis antisistémico serían expresión de un evidente resentimiento social y/o amargura y/o envidia. Si todo está bien en esta nación ejemplo para el mundo, a punto de entrar al desarrollo y de vivenciar una nueva forma de gobernar, ¿qué oscuros motivos hay detrás de quienes se empeñan en buscar la mosca en la leche?

 

Lamentablemente, parece que la leche está agria para por lo menos ese 72.4% de la población que recibe un salario inferior a los $ 477 mil.... Pero claro, eso lo digo porque soy un resentido social, amargado por mi situación socioeconómica y envidioso de quienes tienen un mejor pasar que yo.

Elecciones 2010 (“2012”) 2014

Domingo de votaciones y concurro a ejercer mi derecho a pataleo con mi sobrina de 12 años, Daniela. En el camino me cuenta que a la vuelta quiere terminar de ver la película “2012” (por supuesto en un DVD original), la última de las joyas de la filmografía que Roland Emmerich lega a la humanidad. Antes nos había iluminado, entre otras, con películas del nivel de “El Patriota” (2000), “El Día de la Independencia” (1996) y “Godzilla” (1996)… Claramente, por cantidad de obras y por su calidad, todo indica que el ’96 fue el annus admirabilis de Emmerich.

 

En ese cúmulo de clichés hollywoodenses… le recuerdo al lector que estamos hablando sólo de “2012”… resulta que ante un hecatombe planetaria los ricos y quienes les administran el mundo, los políticos, tienen un plan para zafar sin problemas: construyeron con antelación unos barcos gigantescos. Ellos manejaban con anterioridad informes sobre lo que ocurriría, pero no lo comunicaron al pueblo. Los cupos en las naves eran exclusivamente para quienes organizaron el plan y para quienes podían pagar el altísimo precio por los boletos.

 

La película muestra a políticos de todas partes del planeta que se autosalvan y salvan a lo más “granado” de la civilización: los más acaudalados del mundo. De esa forma, se podrá recomenzar la humanidad. ¡Qué calaña de políticos! podría uno afirmar asombrado: apoyan a los que pueden pagar y quieren recomenzar la civilización sólo con multimillonarios. De sólo pensar, por ejemplo, en cómo esos potentados trabajarían la tierra me destornillo de la risa… Pero bueno, es Emmerich, no le pidamos más al cine comercial gringo. Por otra parte, parece que parte del mensaje es finalmente realzar la iniciativa privada; no se ve una real crítica de fondo en el guión. De hecho, los barcos son fruto del empuje y eficiencia de la empresa privada; por supuesto que no del anquilosado estado.

 

No sé si habrán sido las altas temperaturas santiaguinas de ese domingo 13 de diciembre o mi afiebrada intención de voto, pero eso de políticos unidos a los ricos y ayudándoles en contra del bienestar de las mayorías…mmmmmm, como que me sonaba conocido. ¿Un déja vú tal vez? Puede ser. Pero no dejó de ser curioso conversar de esto con mi sobrina y ver la película “2012” el día de las elecciones chilenas, donde los que se sabía pasarían a segunda vuelta eran Piñera y Frei. Uno, él mismo un inversionista millonario candidato de la derecha que tradicionalmente ha guardado los intereses de los poderosos (por muy “popular” que sea el principal partido de la Alianza). El otro, el representante de la nueva derecha democrática que por veinte años ha sido la protectora del gran empresariado.

 

Bueno, y si es por comparar… la película también es un bodrio.

 

En todo caso, en medio de la ficción cercana a lo real de la película y de la realidad cercana a la ficción de las elecciones, pude rescatar algo no menor. Para mi sorpresa y gran esperanza, cuando le pregunté a mi sobrina Daniela si a los 18 años se inscribiría para votar, me respondió que sí; cuando le inquirí por qué, me dijo “porque es mi país poh”. Una buena. Luego, camino a la casa después de votar, íbamos jugando a quién imaginaba la pregunta más tonta de todas las que hacen normalmente los y las periodistas que cubren votaciones. Dos cero. Cuando hablamos de la película “2012” donde los ricos se salvan por el simple hecho de tener plata, estuvo de acuerdo con que también en Chile es así. ¡Tres cero!. Cuando le pregunté si votar era una obligación o un derecho, la pensó y respondió con seguridad que un derecho. ¡Espectacular! Y por si fuera poco, al contarle que en una publicidad de Barbie ella recibe una llamada donde le cuentan que el pelo liso ya no está de moda, mi sobrina no podía creer que algo tan idiota fuera cierto y transmitido por los medios. ¡Cuatro cero!

 

Chile puede tener futuro me dije, en un ejercicio más de chochera que de una inducción mínimamente decente. Al menos a sus 12 años Daniela le hace el peso fácil a Marcela Sabat, la flamante nueva diputada por Ñuñoa-Providencia.

 

Pero como nada puede ser perfecto. Cuando le pregunté a mi sobrina por quién votaría ese día si pudiera, me dijo por quien vota su papá: por Frei. Una mala… Al menos fue cuatro uno, una paliza si hubiera sido fútbol me consolé. Y total qué tanto, hay tiempo para que vea la realidad y comprenda argumentos más de fondo.