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andrés monares

El “pinochetismo” y el error de Evo

Evo Morales, presidente de Bolivia, señaló públicamente su temor de que las próximas elecciones presidenciales chilenas fueran ganadas por sectores “pinochetistas”. Su referencia era a Sebastián Piñera y a la Alianza por Chile. Así también se dedujo en el país y se dio paso a diversas muestras de molestia por las declaraciones que se entrometían en nuestra política interna.

 Se puede especular, con poco margen de error, que aquel desagrado se podía dividir en varios niveles. Por una parte era una ingerencia de un extranjero y más aún de un presidente. Además es un mandatario de un país limítrofe, o sea, de un vecino que nunca dejará de serlo mientras ambos países existan como tales. Por si fuera poco, Morales encabeza una nación que por más de un siglo viene sosteniendo una reivindicación de territorio chileno. Igualmente, al recordar la extendida xenofobia y racismo nacional, se puede imaginar el despecho por el “ataque” de un boliviano y para peor “indio”... palabra que, nunca ha de olvidarse, en Chile se usa a modo de insulto.

 Ahora bien y más allá de las disculpas posteriores de Morales, una cuestión que merece ser revisada sobre sus declaraciones fue la seguridad con que la Alianza acusó el golpe. Misma seguridad con que la Concertación asumió que las palabras iban dirigidas a sus socios de la línea conservadora de la megacoalición y no a ellos. Nobleza —contratos, negocios y negociados conjuntos— obliga: se “enojaron” también. Fue un acto de solidaridad en tanto “chilenos con el corazón bien puesto”. No obstante, al final creo que Morales se equivocó. O, al menos, no acertó del todo cuando expresó sus temores sobre el próximo gobierno de Chile.

 Cuando uno empieza a hacer memoria y a tomar en cuenta hechos y declaraciones —no fantasiosas ni forzadas teorías—, comienzan a asaltarle las dudas sobre quienes son en realidad los “pinochetistas”. Porque ese espurio concepto a estas alturas creo que ya no es muy claro (Y no entraremos aquí a analizar lo patético que es cuando se lo compara con “aristotelismo”, “tomismo” o “marxismo” y la calidad intelectual de los personajes desde quienes fueron derivados esos conceptos). Porque, ¿es hoy posible limitar el “pinochetismo” únicamente a esos pequeños grupos de fascistas recalcitrantes cuyo héroe libertador es y será el ex dictador?

 Hace rato que el “pinochetismo” se ha ampliado, llegando a incluir dentro de él a todos quienes de una u otra manera reconocen la “obra del régimen militar”. Y este grupo extendido reúne a la fecha no sólo a los sectores “liberales” de la Alianza, sino a casi toda la Concertación. El “éxito” del modelo, el ser “ejemplos” para Latinoamérica y el mundo, la “estabilidad” del país, etc., etc., etc. son las fórmulas institucionalizadas de “reconocimiento” del fallecido criminal-gobernante o gobernante-criminal. ¿Quién de esos personajes usa el término “dictadura” de verdad y no sólo para las cámaras y micrófonos?

 Ya en 1997 Edgardo Boeninger señalaba en su libro “Democracia en Chile. Lecciones para la Gobernabilidad”, que el “éxito económico postrero del régimen militar influyó significativamente en las propuestas de la Concertación, generando de hecho una convergencia que políticamente el conglomerado opositor no estaba en condiciones de reconocer”. Y Alejandro Foxley —quien a pesar de ser demócratacristiano, encabezó el equipo que formuló el programa del gobierno “socialista” de Michelle Bachelet y fue luego su ministro de Relaciones Exteriores— declaraba el año 2000 a revista Cosas que Pinochet “realizó una transformación, sobre todo en la economía chilena, la más importante que ha habido en este siglo. Tuvo el mérito de anticiparse al proceso de globalización que ocurrió una década después”. De dónde se debe “reconocer su capacidad visionaria”, la cual incluye sobre todo el haber instaurado la (neo)liberalización. Esta es una política a todas luces positiva para quien dirigiera, se remarca una vez más, el equipo que formuló el programa del gobierno “socialista” de Bachelet. Aunque el más mínimo pudor le indique a Ud. que ya es suficiente, Foxley continúa: todo lo anterior “sitúa a Pinochet en la historia de Chile en un alto lugar”, a pesar de que su “contribución a la historia” se vea ensombrecida por  las “crueldades que se cometieron en materia de derechos humanos”. Ese es el “drama personal” del ex dictador. (A riesgo de parecer repetitivo y falto de recursos, no es la primera vez que quien escribe cita a Boeninger y Foxley. Pero, se prefiere insistir en un país de memoria corta y altamente selectiva).

 Entonces, queda en entredicho el peligro de que ganen los “pinochetistas” de la Alianza. Pues, al considerar la postura ideológica de las candidaturas de Piñera y Frei, sabemos que “entre bueyes no hay cornada”. Se insiste ambas coaliciones no son más que dos líneas de una misma megacoalición. Sencillamente es como cuando las empresas, por una decisión de mercadeo, cambian el envase de un viejo producto que ya no “sale” tanto... Aunque en el caso de ambos personajes, de más está decir que el diseñador habría sido despedido con toda razón por su mediocre trabajo.

 En cuanto a Frei en particular, sólo basta recordar dos hechos. Primero, en 1995 pidió oficialmente al Consejo de Defensa del Estado no seguir adelante con el proceso de los llamados “pinocheques”... ¡Por razones de estado públicamente ante el país y el mundo, el Jefe de Estado solicitó al Estado dejar de “molestar” a un par de pillos sinvergüenzas! Cinco años después, cuando Pinochet fue detenido en Londres, su gobierno hizo ingentes esfuerzos para traerlo de vuelta. De hecho, el año 2000 Frei declaraba oficialmente que la Corte inglesa había accedido a “nuestros” argumentos en defensa del dictador.

 (Caso aparte es que durante su administración Frei nunca recibiera a las organizaciones de familiares de detenidos, torturados o ejecutados de la dictadura. Lo curioso es que a veces la vida, lamentablemente sólo a veces, tiene unos arranques de sutil ironía: al ser cada vez más seguro que a Eduardo Frei padre lo asesinó la dictadura, Eduardo Frei hijo es un familiar de un ejecutado por el gobierno de Pinochet. En retrospectiva se tiene hoy que durante su gobierno nunca quiso recibirse a sí mismo ni a su propia familia. Ahora sabrá que no es tan fácil “dar vuelta la página”, “mirar al futuro” o “no escarbar en las heridas del pasado”. Triste es tener que aprender en la vida recién cuando las cosas le afectan a uno. En cualquier persona ello habla tanto de sus principios morales, como de su capacidad empática e intelectual... Pero no todos queremos volver a dirigir un país)

 En fin, Presidente Morales Ud. se equivocó en sus declaraciones. Acá en Chile hace años que gobierna el “pinochetismo”, salvo que sin desaparecidos. Lo más probable es que como Ud. no vive acá y a la distancia parece que le tiene cierta simpatía a la Concertación, le ha de parecer extraño que ella sea nuestra derecha democrática y que su proyecto sea el neoliberalismo “con rostro humano”. Por eso, gane quien gane en diciembre de las dos candidaturas de la megacoalición, el “pinochetismo” seguirá en el poder… Así vistas las cosas, ¿por qué se enojan tanto con Evo?

Karen: La amenza fantasma

Desde el comando de Frei salió una no muy velada amenaza: al ser Karen Doggenweiler un “rostro” relevante del canal nacional y acompañar a su esposo en su campaña, los directivos de la televisora estatal deberían revisar su situación laboral. O sea, que deje de hacer campaña o se busque otro trabajo. Aunque a estas alturas se está haciendo todo lo posible por tirar debajo de la alfombra esa no muy fina amenaza, uno no puede dejar de comentar el hecho.

En primer lugar y por lo bajo, es impresentable que la gente de las cúpulas de la Concertación sean quienes pretendan dar su venia a la ciudadanía para participar en política... Según recuerdo eso es un derecho. Y peor aún, ¡que amenacen a sus adversarios con la pérdida del empleo!... Más impresentable todavía cuando cabe preguntarse si para las campañas de años pasados, ¿todos los empleados públicos espontánea y voluntariamente aportan dinero y/o realizan los “puerta a puerta”? Y para qué recordar cuando rasgan vestiduras y arguyen que los ministros y otros altos funcionarios públicos pueden participar en una campaña después de las 18 horas.

¿Es que estos personajes se sienten tan dueños de la política que perdieron el pudor? ¿O simplemente sus egos les impiden callar ante un enjambre de micrófonos? Pienso que es una mezcla de ambas cosas: como sí son los dueños de la política y hacen (casi) lo que quieren con nosotros, su sensación de poder y sus egos se han desconectado de la realidad y el decoro.

Sin embargo, el caso del “rostro-esposa” va más allá. No sólo es una afrenta al más mínimo sentido democrático. Incluso en una democracia tan poco democrática como la nuestra, es hasta un insulto a la decencia misma. Porque negarle a una mujer casada que en sus ratos libres haga campaña por su cónyuge (y que en este caso es un candidato presidencial, pero mañana podrían amenazar a cualquiera) me parece indecente. Simplemente una rasquería… tan rasca como Frei haciendo el gesto de pasarse la mano por el cuello para “responder” a las preguntas de los periodistas por el veto de su equipo a la ciudadana Karen (¿creerá que le sale “choro” o que así es más “cercano” a la gente?).

Sin embargo se puede hacer asimismo otra lectura. Si la candidatura de Frei se siente amenazada por la “Karencita”, una periodista de programas misceláneos-faranduleros, es que está en ruinas su concepto de la política. De lo que es hacer política. Y no crea el lector que estoy denigrando a la esposa del candidato. Creo que ella misma nunca ha querido interpretar un papel en el cual no sería buena. Al menos eso se puede conjeturar al jamás haberla visto en otro rol televisivo que no sea en el de chiquilla buena onda-positiva-alegre.

Además, si en Chile ya el periodismo en sí deja muchísimo que desear (y por algo uno acude a los medios independientes como éste), el misceláneo-farandulero es lo que botó la ola de lo que había botado una ola bastante pútrida. Entonces la supuesta amenaza que representa Karen, realmente es una amenaza fantasma. Porque en uno de sus programas de ningún modo se podrá encontrar un debate crítico, duro y profundo de la realidad socioeconómica o política. Las discusiones rondarán acerca de los motivos del “monstruo” para no darle antorcha a algún artista, el grado de glamour de una “famosa” o cualquier detalle insignificante de la insignificante vida de alguno de los muchos pseudofamosos insignificantes que pululan por nuestras insignificantes pantallas. Para qué hablar de una posición ante la realidad socioeconómica que no sea la lástima o realzar los casos individuales desconectados de todo contexto. De hecho, ese es el “formato” televisión en Chile. Seamos justos y asumamos que tampoco es mala fe o responsabilidad del “rostro” en cuestión.

Este episodio de pretender vetar un acto legítimo y legal, dejó al descubierto que desde el trono de la soberbia no se dan cuenta —precisamente por su soberbia— que esas actitudes son finalmente contraproducentes. Pues ver la política de esa forma, no es otra cosa que dejarle en claro al país que el clan de los políticos, el cual ya va para casta, no tiene ninguna vergüenza ni disimulo en mostrarle a la ciudadanía que ellos son quienes mandan… A pesar de saber todos que ellos mandan lo que les mandan mandar.

Temerle a un “rostro” por poder incidir en la votación, da cuenta de cómo se viene haciendo política en el país. Pues no estamos hablando de vetar a los pocos periodistas de peso que salen en pantalla. Menos a intelectuales críticos, lo que de hecho ya no es posible porque han sido borrados de la faz de la tierra-tele. Estamos hablando de sólo un “rostro” de la caja idiota; y uno buena onda, no confrontacional y acrítico. Y vuelvo a insistir, no se trata de denigrarla. Quizás no le interesan otros temas. O tal vez simplemente ella asuma un “personaje” televisivo que le permite llenar un “nicho” y cobrar un salario. ¿Quién soy yo para decirle en qué interesarse o cómo ganarse la vida?

Es tan mediocre la forma de hacer política hoy, que ya ni se puede hablar en estricto rigor de propaganda. Es simple publicidad y mercadeo... bien fome y estandarizado por lo demás. No obstante, por si fuera poco, algunos personajes pretenden apelar a los fueros de la “ley del embudo”: “mis” actores y “mis” cantantes sí pueden ayudarme a ganar votos; a ti los “tuyos” no. Actitud que es entre rasca y de cabro chico. Pero que sin lugar a dudas deja de manifiesto, una vez más, que el debate de ideas no juega ningún rol en las campañas. No he descubierto la pólvora claro está. Mas se supone que ellos deberían seguir disimulando, ¿o no? Lo mismo que en los juegos de niños: “Hagamos como que”... hacemos política con altura, somos democráticos y decentes.

Al paso que vamos, no sería raro que nuestra sesuda y excelsa clase política llegue a un clímax de iluminación. Y en esa especie de nirvana, vean la necesidad de hacer una reforma constitucional para que las votaciones se decidan por nuevos sistemas. Por ejemplo: quién “junta” más “rostros”, por el rating o los premios Apes.

No voy a votar por tu marido ciudadana Karen; pero demás que te apoyo.

¿Judaísmo-Sionismo-Fascismo?

Este es un artículo viejo, pero puede ser de provecho... Interesante al final el video del rabino antisionista y la web de judíos antisionistas.

 

Las personas asesinadas por el Ejército de Israel en Gaza llegan a más de mil trescientas y los heridos a más de cinco mil; sin contar la destrucción urbana en Gaza. Un número menor de ellos serían combatientes. La gran mayoría hombres no combatientes, mujeres, ancianos y niños palestinos. A pesar de que a todos ellos se les ha quitado violentamente la vida, los medios de comunicación los nombran como “muertos”. Para los periodistas sí son “asesinados” quienes son ultimados por ladrones, secuestradores o terroristas. Las víctimas del ejército de Israel sólo están “muertas”. Pareciera que nadie les dio muerte, no hay culpables. Pareciera que hubieran perdido la vida por causas naturales. Asimismo, debe aclararse que todos esos seres humanos han sido asesinados y heridos por el ejército de Israel exclusivamente en las últimas semanas y sólo en Gaza... Me imagino que alguien ha de llevar la cifra total de todas las décadas de ocupación y agresiones.

 

Frente a ese escenario, no dejan de ser “llamativas” las declaraciones que hiciera al comienzo del presente ataque la ministra israelí de Relaciones Exteriores. Señalaba semanas atrás que la culpa de la ofensiva y de las víctimas es de... ¡Hamas!. Sí, así como se lee, de Hamas. Las bombas y las balas son disparadas por israelíes, pero la culpa es del grupo palestino. ¡Vaya paradoja!

 

En primer lugar y en general, esas declaraciones dejan en claro que para ser ministro en Israel no hace falta ser genio. Ni mucho, mucho menos. En segundo lugar y en particular, si la iluminada ministra cree realmente en sus palabras, queda en evidencia su capacidad intelectual. Pero, más allá de si las cree o no, de todas maneras sus declaraciones manifiestan una miserable condición moral. Uno no puede dejar de recordar los pseudo argumentos de quienes legitimaban la desaparición forzada de personas, la tortura y los secuestros de la dictadura de Pinochet, con la sinrazón de que esas personas “algo habrán hecho”. Del mismo modo, es imposible no acordarse de quienes afirman que las mujeres violadas son las reales culpables de ser agredidas sexualmente, pues ellas provocan a los hombres con sensuales vestimentas o caminando por lugares apartados y oscuros... Sin comentarios.

 

En mi humilde opinión, al comparar a los aturdidos con los miserables de corazón, lejos son más excusables los primeros. Ser necio es genético, ser ruin es una opción.

 

Ante los hechos de los que una vez más hemos sido testigos, cabe traer a colación un paralelo histórico... también una vez más. Desde mi perspectiva, la ministra y el Estado de Israel, no tienen nada que envidiar a... los nazis. Sí a esos mismos que nos hacen devanarnos los sesos para intentar explicarnos cómo puede llevarse a cabo tanta maldad de forma planificada contra seres humanos. Entre otros, contra los judíos. No son pocos los casos en que el ejército nazi “castigó” en distintos países ocupados a población civil por los ataques de los partisanos que les hacían frente. Por cada soldado alemán muerto por la resistencia en alguna emboscada, los poblados cercanos al ataque “pagaban” con cierto número de fusilados.

 

Ayer la culpa era, indudablemente, de quienes atacaban al ocupante alemán. Hoy la culpa es, indudablemente, de quienes atacan al ocupante israelí. Lástima por los nazis que a su Ministerio de Propaganda no se le ocurriera la cantinela de los “terroristas”; no hubiera faltado el desinformado o el intelectualmente manso que objetara a los partisanos de los diferentes países ocupados por ser cobardes e irracionales criminales. Lástima por los nazis que el Tercer Reich no haya sido el matón consentido de Estados Unidos.

 

En contar con un poderoso abogado —que además es un generoso proveedor de armamento de punta y millones de dólares— radica la diferencia entre la barbaridad nazi y la israelí. He ahí gran parte de la diferencia entre perder una guerra y que sean juzgados quienes cometieron crímenes contra la humanidad, y mantener una ocupación hace décadas violando resoluciones de la ONU y los derechos humanos de toda una nación.

 

Esta historia —que nunca es poco remarcar que no se limita a estos últimos crímenes en Gaza— las he vivido como chileno bajo el silencio de la comunidad judía chilena (¿o los judíos que nacieron en Chile?). Tal vez me equivoque, y no sabe Ud. cuánto deseo errar, pero desde que tengo memoria uno puede escuchar a judíos a título personal lamentando o rechazando las acciones criminales del Estado de Israel contra el pueblo palestino. Con ocasión de estos acontecimientos en Gaza sólo recuerdo haber oído declarar al presidente de las organizaciones judías en Chile, su preocupación porque nuestro gobierno fuera imparcial con Israel... ¿Es que alguien pudiera ser parcial si se opone al asesinato masivo de civiles y a la destrucción de sus hogares? Parece que hay que apoyar a la patria, haga lo que haga, a riesgo de ser considerado traidor. ¿O es que aún es peor y se comparten sus acciones?

 

El silencio (¿u apoyo por omisión?) ante los diversos crímenes del Estado Judío de Israel contra los palestinos y por la ocupación, pueden llevar a los desprevenidos y mansos intelectualmente a creer que todos los judíos y los israelíes son sionistas. Por ende, todos fascistas. Parece altamente improbable tal conjunción y creo con firmeza que no es así. De hecho, durante muchos años en el propio Israel han sido encarcelados quienes se niegan a hacer su servicio militar en los territorios ocupados. ¡Vaya valentía y dignidad! ¡He ahí el verdadero heroísmo!

 

Ya sé que estas líneas pueden dar pie a la acusación de antisemitismo. Hace muchos años que los simplones y los calculadores transforman el rechazo a las acciones criminales de un Estado, en racismo contra una etnia o en intolerancia religiosa. En tal sentido, obviamente debo hacerme cargo de que mi rechazo a los nazis es por mi antigermanismo y mi antiluteranismo. Lo mismo que mi crítica al estalinismo es por mi antieslavismo y mi antiortodoxismo...

 

Huelga decir que tales acusaciones son absurdas. Mera propaganda para dejar tranquilos a los fanáticos y convencidos a los ignorantes. Propaganda tan insensata como es afirmar la culpabilidad de Hamas por los civiles masacrados por las balas y bombas disparadas por el ejército de Israel.

 

¿Dónde estarán los profetas judíos que fustigaban las injusticias de los israelitas y de su élite?... Aunque, pensándolo bien, imagino que ellos hoy también serían acusados de antisemitas.

 

 

Video rabino antisionista:

http://video.google.com/videoplay?docid=-2522935759953985930

 

Web de judíos antisionistas:

http://www.ijsn.net/atranslation/230/

Pingüinofobia / Pingüinofilia

Más de un mes demoró el gobierno en reaccionar respecto al movimiento escolar. Seguramente nadie en La Moneda o la Concertación tomó en serio a unos “mocosos” que sólo estarían jugando a la política. Craso error. En el intertanto el movimiento creció, tomó fuerza y concitó amplia adhesión. La respuesta del gobierno sólo llegó luego de movilizaciones en que a través del país miles de escolares se declararon en paro, se tomaron sus liceos y después que dio la vuelta al mundo la violenta represión policial en democracia.

Finalmente, el equipo político de lujo de la presidenta optó —como lo pedían unos tramitados jóvenes— porque el ministro Zilic negociara en persona. Además, por cadena nacional Bachelet dijo lo que era de esperar: sin tocar los temas de fondo, dejó encima de la mesa un ofertón de supuestas buenas intenciones, promesas y más plata. Pero, los escolares demostraron una vez más que están a la altura de las circunstancias y rechazaron el ofertón. Su movimiento no es simplemente por las chauchas: por eso piden la derogación de la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza (LOCE).

El equipo político de La Moneda, y tal vez la propia presidenta, no habían entendido nada. Pues, si bien es cierto, la crisis de la educación en Chile pasa por una mayor asignación de recursos y la eficiencia en su utilización, el movimiento escolar ha sido claro en destacar su rechazo a la LOCE. Los jóvenes han tenido la claridad de mostrar que la desigualdad en el país no es sólo una cuestión económica; sino, principalmente política. Que en tanto un derecho, la educación es un problema de todos los chilenos y no sólo de los educandos, sus apoderados o los profesores.

Luego de años de pasar desapercibida, fueron los escolares los que han sacado la LOCE a la luz pública. Desde que fue elegido el primer gobierno de la Concertación, casi nadie se había acordado o se había querido acordar de ella. Mientras, estudio tras estudio sobre educación mostraba cómo iba cayendo en todos sus niveles la calidad y diversos sectores iban acumulando las quejas sobre nuestro modelo educacional-comercial. Sin embargo, la LOCE, la piedra angular de ese modelo seguía en el anonimato. Por su parte, el oficialismo nos mareaba ufanándose del aumento de cobertura.

Qué importa la decadencia de la calidad a los comerciantes de la educación, si el aumento de cobertura —el tener cada vez más “clientes” — los ha hecho ganar dinero a manos llenas en el negocio de los colegios, centros de formación técnica, institutos profesionales y universidades. Sin embargo, hay un detalle para nada pequeño que explica la desaparición de la LOCE del espacio público: esos comerciantes pertenecen a todo el espectro político. Es más, tienen entre sus filas a connotados miembros de las dos derechas, a sus parientes, amigos y socios.

Asimismo, la educación-negocio o el negocio de la educación que inició la dictadura y mantuvieron sus administradores democráticos, incluso se ha legitimado más allá del círculo de los comerciantes de la enseñanza. En todos estos años ni el magisterio, ni los estudiantes ni académicos de educación superior se han acordado de la LOCE (salvo honrosas y aisladas excepciones). Las reinvindicaciones se han limitado al financiamiento. Hemos quedado cautivos de dos falaces y estrechos discursos: el tecnocrático que acentúa como único camino la eficiencia en la asignación de recursos y el pseudo filosófico-democrático que raja vestiduras por la libertad de enseñanza.

Tuvieron que pasar todos estos años para que los adolescentes nos abrieran los ojos. Los tiernos frutos del modelo educacional-comercial chileno han venido a desperezarnos, a recordarnos que la medida de lo posible la deben fijar los ciudadanos. Los “cabros chicos” nos están dando clases y evidencian el significado de lo que es voluntad política. Esa que no ha tenido —como en tantos otros aspectos— una Concertación “realista”, la cual ahora se esconde en los cuatro séptimos requeridos para derogar la LOCE. Mas, ¿habían pensado seriamente en esa posibilidad alguna vez?

El más relevante especialista en educación de esa “izquierda”, José Joaquín Brunner, ha sido claro: la educación, como toda mercancía, debe quedar en manos del “sistema de mercado” y no depender de una “política”. En aquél, “los problemas no se ‘subsanan’ en el sentido tradicional de la palabra en que uno hacía una intervención burocrática (...) No, va encontrando resultantes”. Así, por ejemplo, al problema de cuántos profesionales producirá un sistema de educación-negocio, responde: “No tengo idea. Va a producir lo que la fuerza de la demanda y de la oferta determine y cuanto cubra el sistema de crédito”.

El apoyo al modelo educacional-comercial chileno también es sostenido por muchos medios, que no son más que los propagandistas y relacionadores públicos de los poderosos. El fondo del problema lo van dejando en el olvido, al tiempo que hacen de la movilización sinónimo de violencia, encapuchados o saqueos. Es esperable ahora una campaña rechazando la politización y el maximalismo de los estudiantes por no aceptar el ofertón presidencial. Ojalá que los estudiantes sean capaces de aguantar el chaparrón que se les viene y las “máquinas” que intentarán dividirlos y restarles apoyo del resto de la sociedad (…y el Mundial, que será usado para dejarlos en el olvido, encerrados en sus tomas).

Para terminar me quedan dos dudas. La primera sobre la evidente crisis de representatividad de los partidos: ¿a quiénes representan la Concertación y la Alianza cuando siguen defendiendo algo que es rechazado por una gran mayoría de ciudadanos?, ¿es que acaso este no es un “problema real de la gente”?, ¿serán tan sordos como con el divorcio o el royalty?. La segunda duda es si no se habrá traspapelado la medida Nro. 37 para los primeros cien días del gobierno de Bachelet. Dicen que esa justamente abordaba con un perfil socialista el problema de la educación: proponía derogar la LOCE y volver al estado docente.

 

 

(Las citas de Brunner son del libro “La privatización de las universidades. Una historia de dinero, poder e influencias” de María Olivia Mönckeberg. Los nombres relacionados a ese negocio explican el mínimo eco que el libro ha tenido en los medios y la obstinación del poder por ignorar la LOCE).

El precio en el mercado del espacio público

Con molestia muchos dueños de vehículos recibieron la noticia de que en horas de gran demanda, la autopista urbana Costanera Norte no sólo podía, sino que subiría los precios de los peajes. Lo cual ha levantado una ola de críticas y ha abierto (tal vez) un debate. No obstante, cabe preguntarse por qué recién ahora. ¿O es que alguien pensaba que la insólita medida de privatizar el espacio público no buscaba fines mercantiles?. Visto así, qué pasa con la ciudadanía que sólo llora sobre la leche derramada. Y, peor aún, qué pasa con los funcionarios del ejecutivo y los legisladores cuando declaran que revisarán los términos de los contratos de las concesiones: ¿no los leyeron antes de aprobarlos?

A raíz del alza de tarifas el actual ministro de Obras Públicas, Eduardo Bitrán, declaró algo que —más allá de la demagogia de Lagos en su momento— siempre fue obvio: la Costanera Norte no fue concebida para todos, sino para el 5% más rico de Santiago. Como ese pequeño grupo adinerado puede pagar el incremento de los precios, él no ve ningún problema. Siguiendo la más pura ortodoxia económica neoliberal se recurre al precio de una “mercancía” (en este caso el uso de una autopista urbana) como elemento de “equilibrio” de ese mercado. En otras palabras, la autopista tendrá menos usuarios por la discriminación que se dará entre quienes pueden y quienes no podrán pagar el aumento. Así, por la bendita mano invisible los que cancelen no sufrirán la congestión vehicular.

Cuando ahora se protesta por esa obviedad económica, queda al descubierto que pocos habían entendido lo que significan las privatizaciones (¡luego de tres décadas de neoliberalismo!). Para la lógica mercantil el goce de un bien y/o servicio se limita a los que lo pueden pagar. Si hay sobredemanda el precio es aumentado para “equilibrar” esa alta demanda. En este caso, al desincentivar el uso de la autopista disminuirían los atochamientos. En cambio, la lógica subyacente al desaparecido concepto de “servicio público” buscaba llegar con bienes y/o servicios a la mayor cantidad de personas: de ahí que no se pagaran, tuvieran un bajo precio y/o se cancelara por ellos “indirectamente” a través de los impuestos. Las calles como parte del espacio público no requerían desembolso directo; junto a otros servicios se “pagaban” a través de la carga impositiva.

La lógica económica del libre mercado es impecable... exclusivamente desde el punto de vista de la Economía de Libre Mercado. Debe quedar claro que ese tipo de economía se basa en un criterio de exclusión, el cual queda al descubierto cuando se ocupa el precio como factor de discriminación ante la “escasez”. Nunca está de más recordar que el mercado responde a la demanda efectiva y no a la absoluta. O sea, sólo a los que tienen dinero para pagar un bien y/o servicio; no a los que necesitan de un bien y/o servicio. A fines del siglo XVIII, el sacerdote anglicano Robert Malthus explicó este principio en lo que John Maynard Keynes describe como “el comienzo del pensamiento económico sistemático”:

“Supongamos una mercancía muy solicitada por cincuenta personas, de la cual, por algún fallo de la producción, sólo hay suficiente para abastecer a cuarenta. Si quien ocupa el cuadragésimo lugar, partiendo de arriba, dispone de dos chelines para gastar en esa mercancía y los treinta y nueve por encima de él tienen más, en diversas proporciones, y los diez bajo él todos[tienen] menos, el efectivo precio de ese artículo, según los genuinos principios del comercio, será de dos chelines... Supongamos ahora que alguien da a los diez pobres que quedaron excluidos un chelín a cada uno. Los cincuenta pueden ahora ofrecer dos chelines, el precio que antes se pedía. De acuerdo con todos los verdaderos principios del comercio justo, esta mercancía debe subir inmediatamente (...) si actuamos para impedir que la mercancía suba hasta quedar fuera del alcance de los diez más pobres, quienes quiera que sean, tendremos que echar suertes, hacer una lotería o luchar para determinar quiénes serán excluidos”.

He ahí el criterio del mercado y su “científica” materialización por medio del precio. En ese esquema no hay salida para la exclusión de los “pobres”. Como los “principios del comercio justo” indican que el precio “debe” subir, ellos nunca harán efectiva su demanda. Para eso “sirve” el juego de la oferta y la demanda, con su aspiración al máximo lucro, en un contexto de libre mercado. Se asignan los recursos por medio de la exclusión.

Se podrá decir que la lógica de Malthus está marcada por su temor al aumento de la población y a la disminución de la producción de alimentos. Lo cual es cierto... en parte. Pues, basta conocer la tradición clasista británica para saber que el argumento sí se dirige contra las clases bajas. Pero, sobretodo, el principio de exclusión sigue vigente en la teoría y práctica económica actual: el precio como mecanismo de equilibrio de los mercados. No porque el reverendo no utilice econometría para exponer sus argumentos, ellos no dejan de ser totalmente “modernos”... por lo menos es lo que dice un tal Keynes.

Pinochet hace años segregó Santiago al “erradicar” las poblaciones y campamentos del “sector alto” y crear nuevas barriadas en el sur de la capital donde fueron apiñados esos pobres. Era parte de su neoliberal preocupación por cuidar a los ricos limpiando sus barrios y regalándoles un pingüe negociado inmobiliario. He ahí el tema: el nuevo Chile pos dictadura fue construido para quienes al tener dinero pueden hacer efectiva su demanda. Son ellos los que acceden al país que crece a tasas del 6%. Lo bueno del libre mercado sería su alta eficiencia en la asignación “científica” de los recursos o, lo que es lo mismo, su discriminación a través de los precios. Y hoy en Chile esta “técnica”, que nos tienen convencidos que nada tendría que ver con una decisión política, se sigue empleando profusamente.

Con las autopistas urbanas, entre otros tantos ejemplos, la discriminación por el precio ha afectado también a las clases medias. Los automovilistas no están muy contentos. Mas, su ira sólo sería por el alto precio que les cobran. No se dirigió, en su momento ni ahora, a la privatización del espacio público ni a la desaparición de la noción de “servicio público”. Aprueban el neoliberalismo mientras tengan capacidad de pago o sean otros los perjudicados. Que hoy todo sea privado y mercantilizado no es problema... hasta que los afecte.

La inquietante Bolivia

Luego de la decisión del presidente Evo Morales de nacionalizar el sector de los hidrocarburos boliviano, en general los medios chilenos han “adornado” la noticia con adjetivos como “inquietante” o “preocupante”. Ante esta solapada campaña del terror —porque los periodistas deberían saber que al adjetivar le dan un enfoque a la noticia—, uno incluso podría creer que Bolivia está fabricando armas de destrucción masiva. Pero, no. Simplemente un presidente elegido con un mayoritario apoyo electoral cumplió un compromiso de campaña: ejercer la soberanía sobre las riquezas naturales de su nación. ¿A quién podría inquietar tal cosa?, ¿a quién podría preocupar?

En Chile, uno de los profundamente alarmados fue el canciller Alejandro Foxley. Para él, dicha nacionalización pone en jaque la integración regional —¡oh sorpresa!, era una prioridad para Chile— y el crecimiento económico de la región. No obstante, hay que tener en cuenta que Foxley es economista y además uno que declara abiertamente su admiración por el proyecto económico de Pinochet (ver mi columna del 17.11.05, donde se transcribe parte de una entrevista que Foxley concedió a Revista Cosas el 05.05.2000). Es decir, la impresentable opinión del canciller en tanto tal —de hecho la presidente tuvo que declarar que no es posible opinar sobre las decisiones soberanas de Bolivia—, se explica finalmente en que su “alma” de economista, y de economista neoliberal, fue más fuerte.

En primer lugar, no hay que gastar tinta en explicar que el modelo de desarrollo al que adscribe Foxley y la Concertación sigue las pautas del neoliberal Consenso de Washington de la década de los ‘80. Que no es otra cosa que una declaración de intenciones —o un recordatorio que intenta legitimarse con la palabra “consenso”—, sobre lo que ya se venía haciendo bajo la atenta dirección y mirada de Estados Unidos.

Por tales instrucciones, los gobiernos debían ser casi meros espectadores de lo productivo-comercial, dejando al libre mercado lo referente a la asignación de recursos, la acumulación de capital, el progreso tecnológico, etc. Dentro de ese esquema se debía privatizar todo lo que fuera posible por el dogma de que el estado es mal administrador, para capitalizar y porque nuestro subdesarrollo impediría explotar nuestras riquezas: mejor recibir migajas que nada. De esa forma, se desnacionalizó hasta lo que antaño se consideraron sectores estratégicos. Baste señalar el caso del agua en Chile (¡qué podría ser más estratégico!).

El vender la casa propia para pagar un arriendo a la larga demostró lo obvio; los hechos siguen siendo porfiados. El Informe 2003 de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo —UNCTAD, por sus siglas en inglés— señala que el crecimiento del PIB en América Latina fue apenas de un 3.3% en la última década del siglo XX. El seguir las directrices del Consenso de Washington tampoco solucionó los problemas que supuestamente se enfrentaban: inversión insuficiente para crecer y generar empleo, una planta productiva ineficiente y una balanza de comercial deficitaria.

Es decir, el temor de Foxley de que la nacionalización de los hidrocarburos en Bolivia afecte el crecimiento económico de la región se muestra infundado. Es meramente reflejo de su rígida doctrina que se niega a “ver” otras vías de desarrollo; ni siquiera las que antaño él mismo apoyaba. Para el canciller lo correcto es tropezar una y otra vez con la misma piedra: que el libre mercado arregle lo que el libre mercado provocó. El enfrentar diversos problemas con una sola respuesta asumida como verdad perenne no habla bien de su formación “científica” como economista y ni siquiera de su sentido común.

Bien sabemos que finalmente el problema es político. Por más que hoy se niegue, las decisiones económicas son fruto de una decisión política: son políticas económicas. Esa diferencia de enfoque es entre dos formas de concebir el desarrollo. Una cede a los grandes capitales los países, con su gente y sus recursos, a precio de liquidación y con inmejorables regalías (mientras los cómplices nativos nos convencen que es mejor que nada). La otra intenta tomar en sus propias manos su destino. Sabemos cual opción representa Foxley y cual Evo Morales.

Primero Venezuela y ahora Bolivia dan “mal ejemplo” a la región. Y ello puede ser “terrible” si Kichner y Lula se deciden a cortar de una vez con el neoliberalismo y fomentar una política de integración regional profunda. Si se conforma ese eje antineoliberal que se apoye mutuamente en base a una integración solidaria y no competitiva podemos esperar un cambio real, histórico. Ese cambio por supuesto que debería implicar la nacionalización de las riquezas de cada país —y más aún de los recursos estratégicos—, para que las ganancias se redistribuyan en forma justa al interior de cada nación. Pues, la nacionalización no es un mero fetiche; debe ser un medio. Medio que también incluye un reforzamiento de la autoestima e independencia nacional y regional.

Lo inquietante para algunos es ese nuevo escenario que en América Latina puede empezar a concretarse. Que sea exitoso y cunda el ejemplo es lo que preocupa a Foxley y a los intereses que representa. Su error fue olvidar que ahora es canciller y mostrar una vez más que tanto él, como en general los economistas neoliberales, ejercen la vocería de las transnacionales. Aunque veamos lo positivo, al menos no reconoció a un gobierno encabezado por el presidente de la patronal que había derrocado a uno democráticamente elegido...

Acciones valientes y comprometidas con su propio pueblo —no con las anónimas juntas de accionistas o los multimillonarios— como la del presidente Evo Morales, nos pueden llevar a recorrer otros caminos en América Latina. Una nueva ruta que altere la realidad que nos muestra el propio informe de la UNCTAD aquí citado (el cual nadie podría tildar de tendencioso) y asegure la anhelada independencia económica, base para avanzar hacia el bienestar sin exclusiones de la población.

Es de esperar que todos los actores implicados en sacar adelante un nuevo proyecto en Bolivia se porten a la altura y puedan estructurar una democracia de los consensos en torno a dicha meta. Pero de acuerdos en verdad democráticos (no de cúpulas) y que en verdad favorezcan al país. Porque muchos ojos esperanzados están puestos en ellos... también los de quienes les desean el fracaso y sin duda harán todo lo posible para provocarlo.

Eduardo Galeano decía que en América Latina lo normal es que “siempre se entregan los recursos en nombre de la falta de recursos”. Tal vez estamos ad portas de alterar esa vil y falaz “normalidad”. Ojalá. ¡Fuerza Bolivia!