Blogia

andrés monares

Entrevista para Grupo Repensar la Economía

Entrevista realizada en Limache por Gianna Devoto (Febrero 2014): "La Economía vista desde 'afuera' ".

Tincada versus realidad

Tincada versus realidad

Según el último Informe del Centro de Microdatos de la Universidad de Chile sobre el empleo en el Gran Santiago, “Sólo el 20% de los ocupados tiene ingresos sobre los $ 570 mil al mes”. En tal sentido, dicho Centro afirma que “La distribución de ingresos laborales totales se han mantenido altamente desigual en los últimos dos años”.[1]

¿Cuál novedad dirá Ud.? Claramente, ninguna. La desigualdad está instalada no sólo en la Región Metropolitana, sino en todo el país; y no hace dos años, campea hace décadas. No lo dice este humilde columnista, quien para Ud. puede ser un simple fanático antisistema o un anónimo amargado siempre presto a ver el vaso medio vacío en un contexto de innumerables logros. Los resultados de nuestra situación estructural de desigualdad la afirman investigaciones del Banco Mundial, la OCDE y hasta los periódicos estudios de la Dirección del Trabajo (bajo las administraciones de la Concertación y este gobierno)… Y algo me dice que en tales instituciones no han de trabajar muchos fanáticos antisistema. Muy por el contrario.

Así las cosas, me quiero referir aquí a quienes no ven esos datos ni menos el verdadero país en el cual viven. Una porfiada ceguera mantenida a pesar de las indesmentibles cifras y de la realidad que está ahí para quien la quiera considerar.

Para esas personas que, parafraseando al economista John Kenneth Galbraith, podemos llamar “satisfechas” con el sistema socioeconómico imperante, sin duda Chile es la “copia feliz del Edén”. Su propia realidad la han transformado en la prueba indesmentible de la situación general del país. El vaso ni siquiera estaría medio lleno, está rebasado y chorreando cual catarata de Iguazú.

Muchos de quienes pertenecen al 4 % de los salarios más altos de Chile y desarrollan la mayor parte de su vida junto a otras personas pertenecientes a ese 4 %, asumen que el restante 96 % de sus connacionales tienen un estándar de vida similar al suyo. Gran parte de esa inmensa mayoría gozaría, efectivamente en su opinión, de las ventajas materiales del sistema: acceso a salud y alimentación de calidad, bienes raíces propios en “buenos” barrios, acceso a la cultura y el ocio, cómodos autos, vacaciones dentro y fuera del país, ropa “de marca”, buenos colegios y universidades para sus hijos, etc.

El problema, y juro que no quiero ser aguafiestas ni echar pelos en la leche, es que para pertenecer a esa “élite”, Ud. debe recibir un sueldo de algo más de $ 2 millones. Sí, así de rasca es la cima de ingresos salariales de este “exitoso” país. Por lo cual se entiende que quienes gozan del modelo a plenitud, son todavía menos personas… Sí, ¡menos del 4 %![2]

Si alguien ignora esas cifras públicas y además publicitadas en los medios (aparte, se insiste de nuevo, de que se reflejan en la realidad a simple vista), es un ignorante o le importan un comino los demás. Ante esas opciones, la primera nos puede dejar tranquilos: es cosa de leer o preguntar; mas en el segundo caso, no hay mucho qué hacer… sinceramente, no me gustaría ser su amigo o subordinado. Y no se trata de superioridad moral, solo de que la vida en sociedad requiere un mínimo de interés y cooperación con los demás. Nótese que ni siquiera digo solidaridad.

Entonces, en cuanto a sacar conclusiones generales a partir de unos pocos casos, de menos del 4 % del universo y entre los que para más encima se encuentra uno mismo, podemos recurrir a René Descartes. Este filósofo francés decía que “El sentido común es el menos común de los sentidos”. Lo cual puede usarse para hacer referencia a individuos que generalizan a partir de inducciones de su propia y limitada experiencia, creyendo tan evidentes sus falaces conclusiones que terminan pretendiendo que son cuestiones de sentido común.

Ante esos sabios de sobremesa que inducen y concluyen con una liviandad vergonzosa, uno agradece estar acosado por esa espada de Damocles del pudor... o la neurosis dirán otros. Ella nos impulsa a informarnos y a comparar la teoría con la realidad, para reacomodar nuestras ideas frente a los porfiados hechos. Es de sentido común, ¿no es así señor Descartes?

Siempre habrá personas que, escudadas tras un firme y hasta sincero convencimiento respecto de su objetividad o ecuanimidad, desde su autoasumida superioridad moral e intelectual denostarán a los que tienen por fanáticos. ¿Y quiénes son estos extremistas delirantes?: los que sostienen firmemente creencias contrarias a las que ellos sostienen firmemente.

Sin duda prefiero a los supuestos fanáticos que se informan, manejan datos y realizan inducciones de buena calidad. Pueden llegar a ser aburridos con sus datos y citas, pero al menos tienen una genuina preocupación social y la respaldan con algo más que mero voluntarismo. Ellos son la otra cara de la moneda de quienes alaban el sistema… simplemente porque les tocaron los mejores asientos del show.



[1] http://www.latercera.com/noticia/negocios/2014/02/655-564873-9-solo-el-20-de-los-ocupados-tiene-ingresos-sobre-los--570-mil-al-mes.shtml

[2] Para estas cifras y porcentajes se ha recurrido a la Séptima Encuesta Laboral de la Dirección del Trabajo: http://www.dt.gob.cl/documentacion/1612/articles-101347_recurso_1.pdf.


Cine veraniego: "Guerra mundial Z"

Cine veraniego: "Guerra mundial Z"

El verano es buena época para aquel cine en el cual uno no gastaría dinero para ir a una sala en el año. O sea, para el cine malo. Y muy bien si la película en cuestión puede ser vista en DVD… y si el disco es prestado y no comprado, todavía mejor.

Esta vez le tocó a "Guerra mundial Z" (Marc Forster, 2013): harta acción, balazos y muerte con zombis mucho más ágiles de lo que la propia industria cultural nos tiene acostumbrados… atrás quedó ese paso cansino, que no obstante a veces sacar de quicio por su lentitud, les bastaba a los muertos vivientes para alcanzar y dar cuenta de las víctimas. Tampoco podían faltar las clásicas falencias de guión del cine comercial gringo: una solución simple racionalmente incierta y con un audaz héroe solitario que eleva subliminalmente hasta los cielos el ideal de individualismo estadounidense.

Pero, hay un par de cosillas dignas de mencionar. Primero, la película muestra al muro construido por Israel para seguir anexándose ilegalmente tierras palestinas y para “batustanizar” (además de amedrentar y hostigar) a las comunidades palestinas[1], como una positiva medida que el Estado Judío de Israel tomó ante algunos indicios de la pandemia zombi.

Respecto a dicho muro hay que recordar una cuestión no menor: la propia ONU condenó en 2003 su construcción[2]  y la Corte Internacional de Justicia ordenó en 2004 derribar el muro y compensar a las comunidades afectadas. Dicha muralla de apartheid es legitimada por Israel con su eterna justificación: “seguridad”… por más que la supuesta “inseguridad” se derive de su propia política sistemática de violenta expansión y ocupación.

El mentado muro es en sí una delicada situación de violación de los DDHH, que responde a una larga “tradición” de violaciones de los DDHH de los palestinos por parte de Israel. De donde sacarla a colación como una cuestión positiva y esconder la verdadera razón de existencia de la condenable y condenada muralla, parece inconcebible cuando no inmoral. De hecho, es una acción abiertamente propagandística que deja a la película en la vereda de la activa complicidad.

Desde la perspectiva de los DDHH: ¿alguien podría imaginarse una película donde el Muro de Berlín o el apartheid sudafricano fueran explícitamente mostrados al público cual oportunas medidas para detener una pandemia por parte del partido comunista de la ex RDA o del racista gobierno afrikaaner respectivamente? ¿Se hubiera permitido tal ligereza para tratar un grave asunto de atropellos a los DDHH? Es más, si una película expusiera positivamente violaciones a los DDHH en otro caso, ¿sería posible esperar que ello fuera aceptado por la industria cinematográfica, los medios y la sociedad civil estadounidense? Las protestas y declaraciones de denuncia se multiplicarían, y de seguro más de alguna acción judicial. Y, claramente, en cualquier caso que una película incluyera a Israel o a los judíos, la respuesta a nuestra última pregunta con mayor razón sería un no rotundo.

Reacción que no sólo se podría esperar de la simple decencia ciudadana, sino por el poderoso lobby judío en Washington y porque la industria cinematográfica hollywoodense, por así decirlo, es territorio de influencias e intereses judíos (por ejemplo, conocido es el caso de la numerosa presencia de productores judíos; y, por ende, de los capitales que los respaldan). Además, hay que considerar la apasionada solidaridad estadounidense para con Israel a nivel gubernamental, de los fundamentalistas cristiano-evangélicos y de la opinión pública general de la Unión. Solidaridad fundada en la ignorancia de la criminal política israelí o, peor aún, con pleno conocimiento de ella.

Para ir terminando, dos cuestiones más sobre la película y que no le van en zaga a lo del muro.

Por una parte, se muestra a Israel aceptando solidariamente la entrada de “gentiles” (no judíos étnicos y/o religiosos) a la zona segura que permitía el muro… ¡incluso aceptan a palestinos! Lo cual no cuadra ni con su política de segregación, ni con la visión del Gran Israel, ni con la calidad de elegidos de su dios, ni con la supuesta superioridad racial del pueblo judío que, como no pocos israelíes, afirmaba el ex primer ministro y ultraderechista Menachem Begin (¡premio nobel de la paz!).

El broche de oro de la situación lo muestra la película cuando los palestinos (o tal vez árabes en general) comienzan a cantar (mi impericia idiomática me impide saber qué cantan) y distraen a los efectivos del ejército más moral del mundo. Ello permite la entrada de los zombis a Jerusalén y el comienzo del fin de ese oasis de paz anteriormente sin zombis, gracias a la pericia de los servicios de inteligencia israelíes y al bendito muro que mantuvo “apartados” a los contagiados por la plaga zombi.

Vaya con estos palestinos… ¡son un torpe estorbo incluso para las guerras mundiales zombis! El público ya tendrá su opinión de cómo hicieron estériles los dignos esfuerzos israelíes por construir un muro salvador de vidas.



[1] Con "batustanizar" se hace referencia a los territorios ocupados en Palestina donde Israel ha seguido una política similar al apartheid sudafricano, por la cual se encerraba a la población negra en pequeños territorios autoadministrados, pero sometidos a la autoridad del gobierno blanco.

[2] La condena fue rotunda: 144 votos contra 4. Siendo estos últimos, extrañamente, los de Estados Unidos e Israel… más Micronesia e Islas Marshall, de los cuales se explica su voto a favor del muro por su larga y conocida tradición albañileril.

 

Acerca de las culturas y las economías

Conferencia dictada el 7 de octubre de 2013 en el marco del "II Seminario Actual" sobre la Economía en la Cultura, organizado por el Magister en Gestión Cultural de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile.

 

Yo ultraizquierdista, el peor de todos

Yo ultraizquierdista, el peor de todos

Una singular y burda falacia se ha puesto de moda tras la segunda vuelta presidencial entre quienes dicen ser la izquierda verdadera, responsable y que sí busca el bien del país: los antineoliberales que no votaron Nueva Mayoría, son “ultraizquierdistas” que le hacen el juego a la derecha.[1]  

Uno puede sospechar que esa falaz “acusación” fue elaborada por los equipos de comunicación de la Nueva Mayoría. Pero, de ahí a creérselo y repetir un “insulto” como si fuera un “argumento”, hay una gran distancia. Sin embargo, los militantes y partidarios de dicho pacto que “argumentan” con esa falacia, siguen tal libreto para denigrar a quienes no votaron por “el mal menor” después de 23 años de cogobierno, falta de voluntad política, mentiras y neoliberalismo. A quienes les dio lo mismo la olla o el fuego, la derecha “buena” o la “mala”, la “copia” o la “original”. ¿Es tan difícil de entender?, ¿es tan difícil de respetar?

Para dejar en evidencia esa falta de voluntad política, mentiras y neoliberalismo de la Concertación, repasemos algunas medidas de la “izquierda”: privatización del cobre, sanitarias y espacio público (carreteras), y subsidio a la demanda en educación (voucher). No sé si debo explicar que privatizar es una política de derecha y no de izquierda. En el puntual y muy relevante caso del cobre, al finalizar la dictadura un 70% estaba en manos del Estado y un 30% en manos privadas; y la Concertación logró invertir la proporción: hoy un 70% es privado y un 30% estatal. Sin contar con el marco legal elaborado para que las transnacionales mineras no pagaran impuestos, ni con el “falso” royalty de Lagos.[2] No sé si debo explicar lo malo que es privatizar sanitarias eficientes para que se despida personal y se encarezca un servicio fundamental: el agua. No sé si debo explicar por qué el espacio público se llama “público”. Y para qué hablar del subsidio a la demanda educativa, invento del mismísimo Milton Friedman.

Esas, entre otras medidas, se tomaron por iniciativa propia. Ninguna se llevó a cabo por carecer de votos gracias al binominal. Y es una mentira descarada el que nunca tuvieran mayoría en el Congreso: la tuvieron durante los gobiernos de Lagos y de la propia Bachelet.[3]

Mas, como quien esto escribe es sólo un ultraizquierdista que le hace el juego a la derecha, recurramos a algunos intelectuales chilenos en verdad serios. El historiador Alfredo Jocelyn-Holt describió cómo los izquierdistas de la Concertación pasaron de upelientos a renovadísimos (a estas alturas creo que “renovados” les quedó chico).[4] El sociólogo y ex demócrata cristiano Felipe Portales, explica el modo en que la propia coalición mantuvo el sistema político diseñado por la dictadura[5] y en numerosas columnas del periódico digital El Clarín viene acusando que “La Concertación debe explicaciones”.[6] El sociólogo Manuel Antonio Garretón, Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales, expuso cómo los gobiernos concertacionistas han sostenido una variación del neoliberalismo de la dictadura.[7] Por si aun no bastara, Gabriel Salazar, Premio Nacional de Historia, afirma que la Concertación “olvidó sus principios políticos anteriores” y “nos traicionó, porque mantuvo la Constitución de 1980 y el modelo neoliberal sin cambios”.[8]

No obstante lo anterior, la cuestión es muchísimo más simple: recurramos a dos concertacionistas. El fallecido Edgardo Boeninger, una especie de Tom Hagen[9] o consigliere de la “Familia” de la coalición, ya en 1997 aceptaba que había habido una “incorporación de concepciones económicas más liberales a las propuestas de la Concertación”.[10] Por su parte, el diputado socialista Sergio Aguiló, en marzo de 2002, hizo público el documento “Chile entre dos derechas” donde señala: “las agendas de la Concertación y de la Alianza por Chile son, en lo fundamental, idénticas. Son de derecha, sin más”; por ende, sus “programas y proyectos (...) en cualquier debate intelectual serio y sin censuras serían catalogados de derechas”.[11]

El giro al neoliberalismo de esta singular “izquierda”, es reconocido hasta por Hermógenes Pérez de Arce, acérrimo defensor de la dictadura: “el modelo de desarrollo económico-social que ponen en práctica los sucesivos gobiernos concertacionistas se parece mucho más al que [la derecha] siempre prohijó que a los proyectos propios y originales de la izquierda (socialismo marxista-leninista) y de la DC (socialismo comunitario)”.[12] Asimismo, Oscar Godoy, cientista político liberal, declaró su “satisfacción” al “verlos ahora [a los concertacionistas] pensar como liberales”.[13] No por nada el presidente de los grandes empresarios le declaró públicamente su amor al “socialista” Lagos[14]; y no menos decidor es que el actual presidente de los banqueros, haya revelado en la prensa que había votado y votaría por la “socialista” Bachelet.[15]

Los para nada novedosos argumentos aquí expuestos, no han hecho mella en la “izquierda”. En una conveniente amnesia ante dos décadas de cogobierno, hoy “acusan” a otros: a los ultraizquierdistas que le hacen el juego a la derecha… “mala”. Curiosamente, esa pérfida gente se concentraría entre los votantes de Marcel Claude.[16] Y expresamos nuestra curiosidad pues, ¡este “radical” planteaba cuestiones que en todo el mundo se tienen por políticas socialdemócratas!: (re)nacionalización de los recursos estratégicos, sistemas universales y gratuitos de salud y educación garantizados por el Estado, y mayor participación ciudadana en las decisiones estatales. Es más, en algunos países esas medidas las apoya hasta la derecha no neoliberal. Y en Chile, las apoyaba un ultraizquierdista pertinaz: Salvador Allende.

Esas y otras cuestiones hoy “extremistas” eran compartidas por los votantes del NO en 1988 y por los de Aylwin. Incluso, si aún no fuera suficiente ironía, algunas figuraban en el propio enterrado y olvidado primer Programa de Gobierno de la Concertación. Entonces, si propuestas socialdemócratas son en Chile de ultraizquierda, es porque el imaginario neoliberal se impuso: situó un proyecto de extrema derecha como uno de centro o uno sin duda normal y correcto. Tarea en la cual la Concertación participó activamente. No es mera retórica hablar de un “cogobierno”.

De tal modo, se cae a pedazos la “acusación” de ultraizquierdismo. Luego, si ya es absurda la otra “acusación” de hacerle el juego a la derecha, quedó claro quiénes optaron por jugar decididamente por la derecha. En tercer lugar, acusaciones insultantes contra quienes con argumentos rechazan a la Nueva Mayoría, muestran el precario nivel de debate de la “izquierda” o su intento de seguir ocultando su conversión al neoliberalismo.

Acudiendo a Rousseau, quien afirmaba que el derecho a voto obliga a informarse[17], recomendamos encarecidamente ilustrarse en política y economía: impedirá pasar la vergüenza de creerse izquierdista porque simplemente se afirma serlo. O, al menos, pedimos reflexionar acerca de un singular hecho: la “derecha” propone el mismo modelo aplicado por la “izquierda”. Sentirse parte de una “cultura de izquierda” por encarar desde la ley asuntos “morales”, escuchar la Nueva Canción Chilena u haberse opuesto a la dictadura y a la violación de los DDHH, para nada implica ser de izquierda.[18]

Para terminar, por supuesto que preferir una opción es respetable e indiscutible; pero, sí son debatibles los motivos que la sustentan. En este caso, que votar Nueva Mayoría es ser de “izquierda”. Por suerte, la ignorancia es muy fácil de solucionar: se pregunta o se lee... por ejemplo a Jocelyn-Holt, Portales, Garretón, Salazar y hasta a Boeninger o Aguiló... Salvo que estemos ante sordos que al no querer oír ni informarse, rebajen la política a un infundado fanatismo de fans club o barra brava.



[1] En el caso de críticas al PC, ello sería una manifiesta e indudable muestra de “anticomunismo”… por supuesto en su sentido fascista.

[2] ALCAYAGA, Julián. 2005. Manual del defensor del cobre. Ediciones Tierra Mía. Santiago. Ver: http://druzhba.se/druzhba/articulos/cobre_chileno_ja.pdf.

[3] El binominal fue una excusa, muy eficiente, para explicar que en 23 años quisieron y no pudieron. Pero, en estas elecciones se dieron diversas solicitudes de perdón porque no escucharon al pueblo: una tácita aceptación de que en dos décadas sí pudieron y en realidad no quisieron.

[4] JOCELYN-HOLT, Alfredo. 2001. El Chile perplejo. Del avanzar sin transar al transar sin parar. 4ta. edición. Planeta-Ariel. Santiago.

[5] PORTALES, Felipe. 2000. Chile, una democracia tutelada. Editorial Sudamericana. Santiago.

[6] A la fecha van más de 60 columnas pidiendo explicaciones que nadie tiene la menor intención de dar. Ver: http://www.elclarin.cl/web/index.php?option=com_content&view=category&layout=blog&id=25.

[7] GARRETÓN, Manuel. 2013. Neoliberalismo corregido y progresismo limitado. Los gobiernos de la Concertación en Chile, 1990-2010. 2da. edición. Editorial ARCIS-CLACSO-El Desconcierto. Santiago. Ver: http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/coediciones/20121121122525/NeoliberalismoCorregido.pdf.

[9] Personaje encarnado por Robert Duval en la saga “El Padrino”.

[10] BOENINGER, Edgardo. 1997. Democracia en Chile. Lecciones para la gobernabilidad. Editorial Andrés Bello. Santiago.

[12] El Mercurio (19.03.06).

[13] La Nación (16.04.06).

[14] La Segunda (14.10.05).

[15] Ver: http://www.eldinamo.cl/2013/08/23/presidente-de-asociacion-de-bancos-se-cuadra-con-bachelet-vote-por-ella-y-me-voy-a-repetir-el-plato/. Esta última declaración, ¡por lo menos!, debería hacer pensar a los “socialistas” respecto al grado de “socialismo” de su presidenta electa y del suyo propio.

[16] De Roxana Miranda han dicho que fue UDI, o sea, le haría el juego a la derecha “mala” desde “adentro”.

[17] ROUSSEAU, Jean-Jacques. 1762. El contrato social. En: http://www.enxarxa.com/biblioteca/ROUSSEAU%20El%20Contrato%20Social.pdf.

[18] En cuanto a los DDHH, nunca es malo recordar a Frei y a Lagos defendiendo a Pinochet luego de su detención en Londres e intentando salvarlo trayéndolo de vuelta al país; o a Lagos prohibiendo por 50 años que se conozca el nombre de los torturadores consignados en el Informe Valech.

 

Caricatura: Leo Ríos.

Cifras de la primera vuelta: ¿aún tenemos patria ciudadan@s?

Cifras de la primera vuelta: ¿aún tenemos patria ciudadan@s?

Total de votos 1ra. vuelta de la elección presidencial 2013: 6.691.840 (100%).

- Bachelet: 3.070.012 (46,67%)

- Matthei: 1.645.271 (25,01%).

Así, el Duopolio saca en esta elección: 4.715.283 votos.

 

PERO,

Si se considera el Universo electoral de 13.573.134 votantes, las cosas cambian bastante:

- Duopolio: 34,6%.

- Nueva Mayoría: 22,5%


Se entiende entonces, la necesidad de validación cuando se gana siendo la Nueva Minoría...

 

 

FUENTE GRÁFICO TORTA:

http://elciudadano.cl/wp-content/uploads/2013/11/torta-electoral.jpg

Te lo dijimos...

 

Te dijimos en todos los tonos y con múltiples ejemplos que la Nueva Mayoría, más allá de que haya sumado al Partido Comunista, en estos 23 años pos dictadura ha sido de derecha, ha sido y es neoliberal.

Te dijimos en todos los tonos y con múltiples ejemplos que la Nueva Mayoría, más allá de que haya sumado al Partido Comunista, en estos 23 años pos dictadura llevó adelante y/o apoyó por acción u omisión, políticas que te perjudicaban a ti, al país y hasta a las futuras generaciones.

...¿Y qué hiciste? Votaste por ellos convencido de que eras de izquierda y que apoyabas el bien del país, porque no te gusta la derecha y estas en desacuerdo con el sistema.

¿Qué quieres que te diga?... Contigo no hay argumento que valga, por evidente que sea.

¿Así que nunca votarías por la derecha?

¿Así que nunca votarías por la derecha?

El apoyo a la realidad de la conversión al Neoliberalismo de la Concertación no se basa en acusaciones de una izquierda radical. Por el contrario, los libremercadistas son los primeros en reconocerla. Según Hermógenes Pérez de Arce, ex funcionario de la dictadura y hasta hoy un acérrimo defensor de la misma, se “ha visto cómo el modelo de desarrollo económico-social que ponen en práctica los sucesivos gobiernos concertacionistas se parece mucho más al que [la derecha] siempre prohijó que a los proyectos propios y originales de la izquierda (socialismo marxista-leninista) y de la DC (socialismo comunitario)”.[1] Por eso no es raro escuchar a adversarios de antaño del oficialismo como Oscar Godoy, cientista político liberal, declarando su “satisfacción” al “verlos ahora pensar como liberales”. Similar al gozo que se “le produce a un creyente cuando consigue la conversión del otro”.[2] A decir de Arnold Harberberg, conspicuo economista de la Escuela de Chicago, Chile bajo la Concertación es un ejemplo para el mundo: “que partidos políticos de izquierda finalmente hayan abrazado las lecciones de la buena ciencia económica [léase de la teoría monetarista] es una bendición para el mundo”. Es más, Harberberg no cambiaría nada de la actual política económica chilena.[3]

(...)

Las palabras de Edgardo Boeninger —conspicuo concertacionista miembro de su cúpula negociadora y directiva histórica— expuestas en su libro Democracia en Chile. Lecciones para la Gobernabilidad (1997), no dejan mucho que comentar:

“De modo indirecto el éxito económico [¡sic!] postrero del régimen militar influyó significativamente en las propuestas de la Concertación, generando de hecho una convergencia que políticamente el conglomerado opositor no estaba en condiciones de reconocer... la incorporación de concepciones económicas más liberales a las propuestas de la Concertación se vio facilitada por la naturaleza del proceso político en dicho período, de carácter notoriamente cupular, limitado a núcleos pequeños de dirigentes que actuaban con considerable libertad en un entorno de fuerte respaldo de adherentes y simpatizantes” (Boeninger, citado en Portales 2006: 105).

 

 

 

FUENTE: Oikonomia. Economía Moderna. Economías, 2008, Editorial Ayun, Santiago.


[1] El Mercurio (19.03.06).

[2] La Nación (16.04.06).

[3] “Es una bendición que la izquierda haya abrazado la ciencia económica” (www.elpais.com; 14.03.07).