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andrés monares

Corruptocracia: se rebalsó la fosa séptica

Corruptocracia: se rebalsó la fosa séptica

Si el 2008 hablabas de "corruptocracia" eras un exagerado e incluso un ultra. A pesar de que desde esa época es evidente que las leyes en Chile no solo no protegen a la ciudadanía, sino que derechamente la vienen perjudicando:

"...el político inglés y santo católico Tomás Moro (1478-1535) había advertido —¿o profetizado?— acerca de ese 'conglomerado de gentes ricas que a la sombra y en nombre de la República, sólo se ocupan de su propio bienestar'. Por su poder e influencias, ellos 'consiguen que sus maquinaciones se manden observar en nombre de todos y, por tanto, en el de los pobres también, ya las ven convertidas en leyes'. A la fecha se puede encontrar una connivencia similar entre el Estado y el gran empresariado y los ricos en general: estos siguen exigiendo medidas legales a su favor, alegando lo hacen por el bien de toda la nación. Lo lamentable es que los políticos se las siguen concediendo. Y, por si fuera poco, legitiman sus acciones en tal sentido, al señalar sus evidentes beneficios para toda la ciudadanía sin excepción. De ahí que la tecnocracia se vaya convirtiendo en una corruptocracia, la cual no pocas veces parece redactar leyes a pedido. Pues, ¿cómo entender que un gobierno perjudique a la mayoría de sus ciudadanos y hasta a las generaciones futuras en favor de una minoría?" (Oikonomía. Economía Moderna. Economías. Ed. Ayun, 2008, pp.: 203-204).

Hoy lo evidente salió a la luz... se rebalsó la fosa séptica.

Ya para nadie debería haber duda de que tras el eufemismo jurídico de "financiamiento irregular de la política", lo que hay en verdad es compra de políticos y partidos para que legislen a pedido de esos privados transformados en sus "patrones". Porque para haber un corrupto del aparato público, ha de haber un corruptor del mundo privado.

Feminismo sí, esencialismo no

Feminismo sí, esencialismo no

Hace unos días leí en el muro del “féis” de una dignísima feminista conocida mía, la siguiente cita de la Nobel de Literatura bielorrusa Svetlana Alexijevich: “A diferencia de los hombres, las mujeres nunca hablan de la guerra como una proeza”. Luego de tomarle el peso a tamaña afirmación, me pregunté qué pasaría si algún varón publicara en su muro una generalización del tipo: “A diferencia de las mujeres, los hombres nunca hablan de casarse como una proeza”... Creo que lo sabemos, ¿no? Escarnio público por sexista y patriarcal.

Sin embargo, lo que hoy no aceptaría una parte de la opinión pública en el caso de un varón sí se viene permitiendo para una mujer, en un ambiente donde cada vez con mayor eco se están reconociendo y denunciando las estructuras patriarcales de nuestra sociedad. Esa conciencia feminista transversal “hace la vista gorda” o ni siquiera es consciente de lo que en realidad es una postura ideológica en el peor sentido del término. Precisamente, ese es el caso de Svetlana Alexijevich y su lamentable, cuando no empírica o muestralmente errónea, generalización de los géneros masculino y femenino. Que para empezar ignora a los hombres pacifistas y niega como un a priori la posibilidad de mujeres que enaltezcan lo bélico... Y ya se sabe que de ambos tipos hay por montones.[1]

Desde la antropología es completamente entendible que grupos subalternos y/o dominados desarrollen como forma de identidad y resistencia, conceptos e imaginarios en que se autovaloran y no pocas veces se sobrevaloran (incluso hasta una especie de megalomanía colectiva). Tal fenómeno no necesariamente se transforma o expresa en esencialismo: no siempre toma cuerpo en el convencimiento de que existe una esencia inmutable distintiva del propio grupo. Junto con identificarlo, aquella lo diferencia de los demás grupos que, al no poseer tal excelsa esencia, son inferiores.

Pero, obviamente sí hay múltiples ejemplos de que el esencialismo conlleva una concepción negativa de los otros. Tal vez el caso más recordado sea el nazismo y sus patrañas acerca de las bondades de la raza aria. Mas, están asimismo los diversos pueblos elegidos por alguna veleidosa divinidad, peregrina idea sobre la cual sostienen su singularidad y hasta sus derechos suprahumanos sobre el resto de los pueblos inferiores: desde los aztecas a los estadounidenses y los judíos sionistas actuales. Por otra parte, se pueden citar ideologías que mitificaron a diversos grupos humanos: el marxismo al proletariado, el liberalismo a la burguesía, el economicismo al empresariado, el fascismo a los militares. En todos ellos se identifica un esencialismo ontológico, en todos ellos se ensalza un singular “ser” metafísico que se expresa en un talante o carácter particular explicativo de su conducta y destino superior.

En el ámbito de la discusión pública que afortunadamente se ha abierto a los temas de género, de forma lamentable ha cundido en algunos espacios una especie de versión popularizada del feminismo (o, por así decirlo, un feminismo de sobremesa) que limita el campo del enfoque de género sólo a la mujer e ignora la condición sociocultural a la que de hecho hace referencia el concepto “género”: la indesmentible cuestión de que “ser” hombre o mujer se construye, reproduce y sostiene socioculturalmente. Quienes se hacen parte de esa versión deslavada y poco intelectual (y hasta me atrevería a decir incluso anti intelectual) del feminismo, hablan desde un maniqueísmo ramplón y beligerante de “los hombres” y de “las mujeres”. Transformando, por ejemplo, el concepto “patriarcal” en un adjetivo (des)calificativo-argumento, símil al “burgués” para el encapuchado o “comunista” para el fan de Pinochet.

Esa burda generalización por una parte es irreal al no considerar cuestiones tan fundamentales como la cultura, los aspectos sociales y la historia; y por otra, es errónea al ser fruto de inducciones de pésima calidad y, ¡peor aún!, de un abierto carácter sexista o biologicista… Lo cual traiciona, se insiste, el aspecto central del enfoque de género: reconocer que las categorías de “hombre” y “mujer” son una construcción sociocultural dinámica y para nada esencial ni inmutable.

La feliz y auspiciosa masificación del feminismo como propuesta política de igualdad de géneros y como instrumental de análisis de las estructuras patriarcales, seguirá siendo acompañada por la expresión de lo que hemos llamado una versión popularizada y simplificada de la propuesta política y del instrumental analítico. Lo mismo ha ocurrido con otros tantos sistemas de ideas. Por supuesto que ello no es culpa del feminismo en sí, ni de sus intelectuales o seguidoras/es serias/os.[2]

No obstante, aparte de lo que aquí se reconoce como problemas metodológicos e ideológicos del esencialismo, el peligro además es su posible derivación hacia uno de sus tristes derroteros: la denostación y/o negación del otro. Que aunque a más de alguien pueda parecerle exagerado (…y patriarcal por supuesto), se trata de una expresión filofascista. En este caso, la aceptación de la creencia de que los hombres y lo masculino se relacionan a ideas y patrones negativos, y las mujeres y lo femenino a ideas y patrones positivos. Desde tal “seguridad” se sabe que cualquier mujer que muestre conductas negativas es porque sigue patrones patriarcales; sea la neoliberal Margaret Thatcher, la torturadora de la DINA Ingrid Olderock, la fascista ministra de Justicia de Israel Ayelet Shaked o la estafadora de los “quesitos” Madame Gil. Si una mujer no se da cuenta de la “evidencia” de tal conclusión, es porque está atada a las estructuras de pensamiento patriarcal. En resumen, un “argumento” total y sin escape posible, el cual puede graficarse como tirar una moneda al aire donde si sale cara gano yo y si sale sello pierdes tú.

Desde esa postura inquisitorial surge, por ejemplo, la mirada que transforma una propuesta ideológica en hecho histórico. Por así decirlo, se convierte al “buen salvaje” del “estado de naturaleza” en la “buena mujer” de la “sociedad matríztica”. Obviamente, se asume como hecho cierto de que tal sociedad no solo existió (¡incluso que fue la cultura de toda la especie humana en algún período ancestral!), sino que además en ella imperaba “lo femenino”: cooperación, paz, reciprocidad, igualdad, etc. Lo que vino a ser destruido por el patriarcado que impuso “lo masculino”: competencia, guerra, individualismo, desigualdad, etc.

Ante dicho voluntarismo, se puede traer a colación una sociedad que sí existió y de la cual sí se tienen datos: los algonquinos que habitaron hacia el siglo XIV la bahía de Chesapeake, en la costa atlántica del actual Estados Unidos. Una sociedad matrilineal (el parentesco seguía la línea materna), en la cual las jefaturas no pocas veces eran ejercidas por mujeres, quienes no solo gozaban de plena igualdad con los varones, sino además de un alto estatus que dejaba su impronta en el grupo… Curiosamente, esta que a todas luces se podría creer fue un claro ejemplo matríztico, era en realidad una sociedad guerrera que practicaba la tortura y la pena de muerte con especial saña: rompían las piernas del criminal y lo arrojaban vivo a una hoguera.

Terminamos volviendo a celebrar la fuerza que ha tomado el feminismo como propuesta política y herramienta de análisis. Esperando que por cierto este enfoque en su vertiente seria y alejada de esencialismos coopere a liberar a las mujeres… a los hombres y a los otros géneros que también están dado su pelea por el reconocimiento, la no discriminación y la igualdad.



[1] En el caso de mujeres que sí hablan de la guerra como una proeza, basta ver las redes sociales de las soldados estadounidenses o del ejército de ocupación israelí; y aunque en otra nota, también se pueden considerar a las combatientes kurdas contra los criminales del ISIS.

[2] Tal como no es culpa de Marx o Adam Smith las opiniones y actos de algunos de quienes se dicen sus fieles seguidores.

Aylwin, una cuantiosa deuda

Aylwin, una cuantiosa deuda

Murió Aylwin, para sus fans "Don Pato". Por un lado se escuchan los ensalzamientos para quien emprendió el difícil camino de la democracia con Pinochet incluido en la Comandancia en Jefe del Ejército. Otras voces recuerdan su dura oposición a Allende y su decidido apoyo al Golpe.

Más allá de ambas visiones antedichas, las dos a mi modo de ver apegadas a los hechos, quisiera recordar un episodio ocurrido 16 años después y que relató el abogado Armando Uribe (también académico, ensayista, poeta y Premio Nacional de Literatura), en su libro Carta abierta a Patricio Aylwin de 1998. Cuenta el autor que fue llamado a asesorar al aun no asumido gobierno en su calidad de profesor de Derecho Minero:

"En reunión en casa suya [de Aylwin], antes de que asumiera el mando para el cual fue elegido en 1989, su presente corresponsal [Armando Uribe], acompañando a Luis Maira y a un sucesivo subsecretario suyo, le tocó el punto [a Aylwin] de ese absurdo en que una ley orgánica contradecía la Constitución expresa y clara de Pinochet: ’El Estado tiene el dominio absoluto, exclusivo, inalienable e imprescriptible de todas las minas’ [Artículo 19º, numeral 24º]. Le preguntó qué haría Usted. Se puso un dedo vertical sobre la boca. Chiiit. Nunca se supo"...

Sus seguidores recordarán a Aylwin como un héroe, sus críticos como un golpista y un presidente "en la medida de lo posible". Pero, para mi finalmente esa "picardía" relatada por Uribe lo retrata de cuerpo entero, tanto a él como a esa vil caterva que fue y es la cúpula de la Concertación.

Vaya detallito que un abogado, un presidente de la República se "siente" en la Constitución y en democracia avale activamente con su silencio la pérdida de miles de millones de dólares de todos los chilenos... A lo que se debe sumar la pérdida de soberanía, independencia y dignidad que, justamente, se había ganado con la Nacionalización del cobre de 1971. Todas pérdidas que a la fecha han avalado todos los gobiernos y partidos de la Concertación, y de su versión actual: la Nueva Mayoría... Y ya sabemos que no lo hicieron gratis. Es por tanto una cuestión menor la "máquina" que les hizo el difunto a sus camaradas de la DC para ser nombrado pre candidato para las elecciones del 1989, como también su estrategia de autonombrarse primus inter pares para situarse por encima de los demás candidatos de la Concertación. Se le había abierto el apetito al zorro viejo. Entre pasar a la historia apoyando un golpe y como el primer presidente después del dictador... no había por dónde perderse.

Para ir terminando, cabe dejar establecido que las palabras de Uribe nunca fueron desmentidas y menos se llevó a juicio al autor por injurias y calumnias con publicidad. Se las ignoró y así se las hizo desaparecer. De ese modo, se preparó el camino para que lo que quede en la memoria es el discurso de Aylwin en el Nacional. Discurso que pagamos y hemos seguido pagando con miles de millones de pérdidas todos los chilenos.

En fin, se sabe que en los funerales todos los muertos son buenos, más cuando la "máquina" de santificación mediática y cupular está el pleno desarrollo. Y todavía más cuando le cuidaste el negociado, inconstitucional por cierto, a las multinacionales mineras. No se trata de faltarle el respeto a los muertos, como más de alguien podrá señalar airado, porque los hechos nunca pueden ser irrespetuosos... a  lo más, como dice el dicho, porfiados.

Un lugar mejor... Pero ¿cuál y por qué?

Muchos tienen el sueño o la esperanza de ir a un lugar mejor... El punto es bajo qué criterios definimos eso de "mejor".

Un video de menos de 4 minutos, muy antropológico... con un final inesperado.

Desigualdad en $hile

Desigualdad en $hile

Increíble campaña de difamación en contra de nuestro país, ejemplo de manejo económico exitoso en la región, por parte de los economistas comunistas del Banco Mundial.

El socialista Sampaoli

El socialista Sampaoli

Ya pasado algún tiempo de la polémica de la renuncia de Sampaoli y después de escuchar/leer sobre él ridículos y/o patéticos ataques personales y defensas de hinchas fanáticos, encontré una columna de ROBERTO BRUNA que me pareció digna de ser compartida.

Aquí se transcribe solo una parte de la columna. Para leerla completa, pinchar: http://elsoberano.org/2016/01/11/el-socialista-sampaoli-o-las-diferencias-escandalosas-entre-hacer-y-decir-en-un-marco-de-amoralidad-transicional/

 

El socialista Sampaoli (o las diferencias escandalosas entre hacer y decir en un marco de amoralidad transicional)

Se fue Jorge Sampaoli. Contractualmente sigue atado a Chile, es verdad, pero su cabeza está en otra parte, muy lejos de aquí, a medio camino entre un país de Europa en cuya liga pronto estará dirigiendo (calidad a su trabajo no le falta) y el paraíso tributario donde sus dineros quedarían a buen recaudo de la poruña fiscal, como más o menos dio a entender el técnico argentino a un conocido periodista deportivo. Un acto que consideró legítimo, demás está decir, aunque objetivamente fuera en curso de colisión con el sistema de principios y valores que él mismo ha propugnado verbalmente, siempre más cercanos al mundo socialista, o socialdemócrata, para ser más precisos.

Recordar su férrea defensa de la educación pública, así como de otros derechos sociales, a estas alturas ya no genera agradecimiento en las grandes mayorías, sino más bien sentimientos de perplejidad, estupor, desilusión y confusión, toda vez que, a muy poco andar, al técnico de la Roja se le vio, con acciones concretas, y al más puro estilo Axel Kaiser, defendiendo aquella pintoresca y extravagante idea surgida de los sectores más fanatizados de la economía libre, cual es asumir los impuestos como un robo al bolsillo de las personas.

Sin entrar a una discusión sobre la importancia y beneficio de los impuestos (aun cuando los países más desarrollados y con mejor calidad de vida cobran impuestos altísimos, no así los países del África subsahariana), lo que Sampaoli ha hecho es negarse a pagar los gastos comunes en un país que le ha dado todo. ¿Cuáles son esos gastos comunes? Los gastos comunes que contribuyen a dar cumplimiento a esos derechos sociales que él tan generosamente reclama para todos nosotros. ¿Cómo pagar la educación entonces si no es por vía de una tributación a la altura de tan noble desafío? ¿Y una salud pública de calidad? Si Sampaoli sufría un portonazo, ¿también llamaría a Carabineros como lo hacemos todos quienes pagamos impuestos? Tan flagrante inconsistencia entre acto y discurso no hizo más que dinamitar su popularidad en tiempo récord, que es más o menos lo que le ocurrió a la Presidenta Bachelet con el caso Caval.

Pero esta inconsistencia no es propia de Sampaoli ni mucho menos; sabemos que es más bien la enfermedad de nuestro tiempo, de nuestra era, el vicio de la cultura transicional, eminementemente posmoderna, que construye sentido y realidad a través del lenguaje y no a través de los actos, un fenómeno tan profundo en la cultura nacional –y por añadidura a la cultura política de Chile- que hace posible que hasta el presidente de la UDI, Hernán Larraín, afirme que su partido no es de derecha.

Entre ser y querer ser

Entre ser y querer ser

¿Se puede ser "ciudadano del mundo" sin saber quién soy en realidad?

“...ciertas tendencias llamadas universalistas, que son en el fondo románticas y que han convencido a muchos de nosotros de que es posible vivir una universalidad plena sin haber vivido antes una nacionalidad plenas”

Gabriela Mistral, “Algunos rasgos de la geografía humana de Chile”, 1938

Por la Patria...

Por la Patria...

Dentro de las múltiples y singulares reacciones de muchos compatriotas ante la revisión por la Corte de La Haya de la demanda boliviana, destaca la exclamación de un rotundo ¡No debemos entregar territorio! Reacción que, en realidad, es la típica cuando Bolivia postula su regreso al Pacífico con soberanía. Mas, el problema es que esos furibundos naciona-listos defensores de la Patria y su sagrado territorio, son los mismos que nunca han dicho nada acerca de la pérdida de soberanía en el caso de los derechos de agua, el regalo del cobre o el litio, el regalo de los recursos marinos y tantos etcéteras más.

Ese tipo de naciona-listismo es tremendamente selectivo y se puede deducir, sin mucho temor a equivocarse, que con un fuerte componente racista (…siempre me he preguntado qué actitud tendría esa mayoría patriotera ante, por ejemplo, unos esbeltos y rubios vecinos escandinavos).

Pero como siempre puede ser peor, el chovinismo no le va en zaga al cretinismo. Porque otro “argumento” patriotero esgrime la negativa a devolver el mar a Bolivia… “sostenido” en que entonces los argentinos nos deberían devolver la Patagonia. Aunque cueste creerlo, un número no menor de connacionales entiende que si Pedro te roba tu casa, tú puedes robarle a Marcela. Pero como siempre puede ser peor, nunca hubo “robo” argentino de la Patagonia.

También se “fundamenta” la oposición a devolver el mar a Bolivia en que ese territorio se “ganó” derramando sangre de chilenos. Por supuesto, se derramó sangre a montones… ¡Para que el salitre enriqueciera a los ingleses! (...¡y el cobre!... Pero, mejor no hablar de ciertas cosas). Otro detallito que los naciona-listos olvidan o yo creo que ignoran, tal como el supuesto “robo” argentino de la Patagonia. Pues, se sabe el nivel de información (la calaña diré mejor) que se maneja en un país con una educación de mala calidad y donde más del 84% de la población no entiende lo que lee.

En todo caso, ese último “argumento” militarista acepta explícitamente que la guerra (ofensiva para peor) es un medio legítimo para anexar territorio. Entonces, ¿por qué devolver lo que se ganó en batalla? Obviamente, en estos momentos la existencia de Alemania es una afrenta lógica para estos guerreros: la mitad debería ser rusa y la otra mitad debería haber sido repartida entre Francia, Estados Unidos e Inglaterra, ¿no?... ¡Ay del día que Chile pierda una guerra!

Siguiendo con los sesudos argumentos patriotas, otro recurrido lugar común es culpar directamente a Evo Morales de usar el conflicto del mar con Chile para obtener mayor popularidad en su país. En realidad, históricamente he escuchado esa razón para el caso de cualquier líder boliviano que postule la salida al mar con soberanía. No obstante, el punto es que Evo es lejos el político más popular de Bolivia (y mirando en perspectiva, seguramente será el más importante de su historia). De hecho, la última elección donde fue reelegido, la ganó con más del 60% de los votos. Además del profundo desconocimiento de la realidad boliviana, este tipo de argumento da cuenta de la incapacidad de entender que los bolivianos efectivamente pueden querer que les devuelvan el mar. Se trataría de gente malvada que hace estas cosas sólo por molestar a Chile, un país tan bueno poblado de gente buena… Y de ahí al argumento de la envidia que nos tendría el vecindario, no hay nada.

En todo caso, un punto importante es que creo que Bolivia se equivocó al acudir a La Haya. Como lo dijo el propio Evo, cuando $hile ha cedido soberanía en cuantiosos ámbitos… Bolivia debió haber apelado a los tribunales de la Organización Mundial de Comercio. El mar sólo es nominalmente chileno. Bolivia tendría que hablar con sus verdaderos dueños, no con los administradores-guardianes-abogados de los patroncitos.

Para terminar, dada la calidad de los argumentos de profundo sentido patriótico de muchos chilenos que se niegan a devolver el mar robado a Bolivia, sólo me queda hacerles una petición. Una petición también muy patriótica: ¡Por favor!, ¡por favor!... ¡Se los imploro! Dejen de “argumentar” en las redes sociales sobre el tema de la demanda boliviana. El nivel de sus “razones” de precarios conocimientos históricos, de racismo, de chovinismo y de militarismo hace que no pocos nos avergoncemos de ser chilenos.

Guarden silencio y dejen de desprestigiar al país. ¡Háganlo por la Patria que tanto dicen amar!