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¿Y si esta vez votamos y los botamos?

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Todos conocemos a alguien que no vota. Ni siquiera específicamente en la próxima elección de noviembre, sino en ninguna. Están quienes lisa y llanamente no votan por desidia y/o desinterés; y quienes no lo hacen por motivos ideológicos: en este sistema sufragar es inútil y, para peor, legitima y reproduce el sistema.

El primer tipo de persona me parece de una simpleza preocupante, del tipo “analfabeto político” de Bertolt Brecht[1], cuando no de un individualismo que, irónicamente, se le podría llamar suicida: su desinterés tarde o temprano los perjudicará. Respecto a quienes tienen motivos ideológicos para abstenerse, a estas alturas me parece que su postura implica complejidades prácticas no menores.

Para ayudar a exponer sobre esas dos actitudes ante el voto, me valdré de la última Encuesta CEP de Septiembre-Octubre. Más allá de los cuestionamientos que se le pueden hacer a dicha medición y a la organización que la realiza, la usaremos aquí para poner de relieve los temas que hoy son de interés en el país. Si Ud. mira la encuesta en ese ítem, no está tan alejada de lo que muchos piensan.[2]

Ante la pregunta “¿Cuáles son los tres problemas a los que debería dedicar el mayor esfuerzo en solucionar el Gobierno?”, las temas prioritarios recogidos por el CEP son: “Delincuencia, asaltos, robos”: 47%; “Pensiones”: 38%; y, “Salud”: 36%.

En cuanto a la “Delincuencia, asaltos, robos”, el ofertón represivo de corto plazo del populismo penal[3] es muy diferente de la perspectiva que entiende el delito cual problema multivariable con un componente penal post facto. Desde la primera postura la solución es más policías y más gente encarcelada con penas más duras. Lo cual deja de lado el amplio tema de la prevención (urbanización, educación, oportunidades e inclusión, calidad del empleo y los salarios, etc.), rehabilitación y reinserción. Por supuesto que para las víctimas y los temerosos el delito es un asunto urgente; pero en su tratamiento eficaz no se puede ser inmediatista ni descontextualizar los hechos.

Respecto a las “Pensiones” demás está decir que todos envejeceremos y, tarde o temprano, nos jubilaremos. Según la Fundación SOL, al tomar en cuenta el “total de pensiones que pagan actualmente las AFP y las Compañías de Seguros (vejez edad, anticipadas, invalidez y sobrevivencia), el monto promedio no supera los $ 215.000 (llegando a $ 230.000 con el aporte previsional solidario que realiza el Estado)”.[4] Si hoy tenemos un gravísimo problema de pensiones miserables para la mayoría de los chilenos, a futuro la situación no variará. Y si Ud. afortunadamente recibirá una buena jubilación, seguro solventa hoy gran parte de los gastos de sus padres, cuando no los mantiene.

Finalmente, el tercer problema prioritario es la “Salud”. En el caso del sistema público, que atiende a la mayoría de los chilenos (y extranjeros), en 2016 casi 25 mil personas murieron esperando atención.[5] De hecho, el sistema está diseñado para ser financieramente deficitario[6], por ende, nadie debería sorprenderse por la calidad y limitaciones del sistema. Por otra parte, si Ud. puede acceder a una ISAPRE, no sé si estará satisfecho con una industria integrada verticalmente y diseñada para “clientes” hombres, jóvenes, con altos salarios… ¡y que no se enfermen!

No hay duda de que los tres temas expuestos requieren un abordaje político. Están directamente relacionados a las políticas públicas y a las leyes… ninguno será solucionado por un movimiento filantrópico privado. Al tiempo que son temas que nos implican a todos los chilenos (y a los extranjeros residentes/visitantes sin derecho a voto).

A pesar de tener en general distancia con el pragmatismo, me parece que en el Chile actual no es malo meditar el voto desde esa perspectiva; sea por consideraciones de interés individual o social. Si quien no vota por desidia y/o desinterés no le importan los demás, parece extraño que ni siquiera le interese su propia situación ni la de sus cercanos. Por otro lado, si la opción política es la abstención que prioriza a las personas que sufren el sistema, ello puede suponer meditar si lo importante debe ceder ante lo urgente. De hecho, un viejo dilema de la izquierda es seguir fiel al análisis (¿y ayudar a agudizar las contradicciones?) o cooperar, aunque sea un poco, con la situación de los necesitados.

Esa posible mejora se relaciona a los marcos legales y, por tanto, no sólo a las elecciones presidenciales, sino asimismo a las votaciones para diputados y senadores. Elección que en el espacio público parece tener una importancia muy secundaria. Sin embargo, aunque en este sistema presidencialista sea central el Ejecutivo, aun así es el Legislativo el que redacta las leyes regentes de nuestra vida cotidiana y hasta de nuestro futuro.

En tal sentido, las elecciones parlamentarias (a pesar de que tenemos Congreso) son muy relevantes. Si de nuevo acudimos a las encuestas del CEP, en la de Julio-Agosto de 2016, ante la evaluación de 1 a 7 del “desempeño de los parlamentarios (senadores y diputados) en general”, ¡un 64% reprobaba a los honorables!... y un 21% los hacía pasar raspando con la nota mínima de aprobación.[7] Luego, en Abril-Mayo de 2017 ¡el nivel de “confianza” en el “Congreso” era de 6%! Estos datos parecerían indicar que, racionalmente hablando, la gente irá en masa a votar para renovar diputados y senadores. Pero, se sabe que la mitológica racionalidad calculadora sólo los economistas más obtusos insisten en sostenerla.

El punto es que no sé si a alguien le cabe duda de que por décadas las élites han trapeado el piso con nosotros, justamente, por desentendernos de la política. Si al fin y al cabo no ha servido de mucho manifestarse por más de 10 años (como es el caso de los estudiantes), menos sirve despotricar por redes sociales, ¿no? Ellos van a seguir ahí, en La Moneda y en el Congreso gobernando para sus jefes... que ya se sabe no somos todos los chilenos.

Así, ya se sabe a quiénes les conviene la abstención y, en particular, dejar a las elecciones parlamentarias en un segundo y anónimo plano. Por eso vaya a votar, ¿ya?



[2] Sobre cuestionamientos a la Encuesta CEP, por ejemplo, en términos metodológicos: la muestra es de 1424 personas; en términos políticos: el CEP es una institución de la derecha económica; y en términos de resultados: Sebastián Piñera es considerado el candidato presidencial… ¡“Más honesto y confiable”! (25%).

[7] Los porcentajes para las notas más bajas de la escala son: un 31% calificaba con un 1; un 15% con un 2; un 18% con un 3 y un 21% con un 4.

 

30/10/2017 10:30 andrés monares #. sin tema

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