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andrés monares

Ezzati: ¿un cristiano antiutópico?

En estos críticos días de agosto, monseñor Ricardo Ezzati, arzobispo de Santiago, se refirió a las demandas de los estudiantes. Lo hizo con un lenguaje lo suficientemente vago como para defenderse si lo acusan de no apoyar el movimiento, pero evidente en su apoyo al statu quo. Dijo que los jóvenes no pueden pretender utopías en Educación: “las utopías que no tienen fundamento racional, son solamente utopías”. Por el contrario, según el sacerdote “las utopías, cuando tienen fundamento, son lo que mueven los proyectos”.

En primer lugar, a estas alturas me parece de una inocencia culpable, cuando no derechamente tendencioso, limitar el movimiento sólo a los estudiantes. Como si fuera un “volón” de los “cabros”, esas tonteras que se pasan después de los 30. ¿Es que Ezzati no tiene asesores?, ¿o sólo se informa por TV?, ¿no vive en el país? Es urgente que le avisen de la última encuesta del Centro de Estudios Públicos, una institución liberal y representante del mundo “oficial” por lo demás: en Chile un 80% de utópicos y utópicas están contra el lucro en la Educación.

Esa arrolladora cifra se ve refrendada cuando simplemente uno conversa con otras personas de fuera de su torre de marfil o participa en las marchas. O sea, cuando no sólo se ven los destrozos, causados por una ínfima minoría, mostrados con prodigalidad por la TV. Lamentablemente, ya en julio monseñor Ezzati opinaba acerca del necesario respeto a las instituciones (¿esas que funcionan para un solo lado?) junto con la necesidad de diálogo. Sin embargo, lamentamos de nuevo, sus declaraciones dejaban manifiesto desde qué lado estaba hablando: “es diferente pedir una transformación con la razón que hacerlo con piedras. Con piedras no llegamos a ningún lugar” (...Lo cual no deja de ser irónico al recordar el nombre del primer papa).

Cualquiera que haya ido a una manifestación, se informe por medios alternativos y/o extranjeros, sabe que generalizar la violencia a todo el movimiento es una falsedad. De hecho, en un giro ad hoc, es más falso de Judas.

En segundo lugar, volvemos a lamentar que un alto dignatario católico-romano diga respecto a la crisis educacional que “hay que buscarle una solución que esté dentro de los marcos de la política y la legalidad”. Sobre la política habría que avisarle, una vez más, del gran y transversal rechazo de la ciudadanía a la megacoalición gobernante. En cifras CEP: de un 46% a la Alianza y de un 53% a la Concertación; junto a un 53% a Piñera. Esa élite política sin representatividad, desde la vuelta a la democracia, no ha trepidado en entregarles en bandeja el país a los poderosos.

Además, esa fue la élite que negoció con los “pingüinos” y terminó maquillando la LOCE para convertirla en LGE. ¿Con ellos va a sentarse el estudiantado a conversar? ¿No se entiende acaso por qué se pide un plebiscito? Se supone que Ricardo Ezzati ya sabrá a dónde se puede llegar con esos sepulcros bien pintados. Visto así, ¿los jóvenes son intransigentes que se niegan al diálogo o son precisamente realistas?

Y respecto a la “legalidad”, no es otra que la mantenida y construida por esa misma élite sin representación, sin vergüenza y parece que sin patria. Ese marco legal ha permitido y amparado por años los groseros abusos contra la ciudadanía... como en el caso de la Educación. ¿A esa legalidad se refiere Ezzati? Pero además, uno supondría que un cura maneja las diferencias entre legalidad y ética, y sabría que lo legal no siempre es ético… como en el caso de la Educación. Cuando estudió teología, sin endeudarse por años a tasas altísimas, se supone que eso le enseñaron.

A menos, claro está, que en el fondo con su sutil lenguaje Ezzati esté protegiendo los negocios educacionales de su iglesia. El cardenal Errázuriz ya nos había hecho pública la postura católico-romana oficial, cuando usando una cuestionable tribuna (ver El Mercurio, 06.05.07, “A nadie puede serle indiferente”) nos deleitó con su brutal defensa del lucro en la Educación a fin de proteger los intereses de los colegios católicos en ese “mercado”. Las características de esa justificación las puede sacar Ud., cuando se constata que en su defensa Errázuriz no citó ni una sola vez la Biblia... según entiendo, la fuente de legitimidad moral de los cristianos.

Así las cosas, puede comprenderse que Ezzati rebaje el movimiento al afirmar que “es normal que en las expectativas de los jóvenes se mezclen realidades con utopías que no tienen fundamentos”. ¡Cuando los jóvenes hablan con una inteligencia envidiable! Parece que para él la dignidad, la igualdad y la oposición al lucro son cuestiones sin sostén alguno. Esta tropa de mocosos ya deberían haber entendido que deben dejar de jugar a soñar con un país mejor. Una utopía es un lugar que no existe y no existe otro Chile: ¡vuelvan a clases y junten plata no más!

Lo curioso es que monseñor Ezzati, este denostador de las utopías... ¡es cristiano! Alguien que debería ser un utópico por excelencia, alguien que no sólo debe amar al prójimo como a sí mismo, ¡sino que debe amar incluso a su enemigo! ¿Es acaso aceptable que un seguidor de aquel carpintero nazareno subversivo e inútil, ese radical de las exigencias éticas, rechace las utopías? Peor aún, que desacredite y tilde de utópicos (en su connotación despectiva) a proyectos no sólo del todo factibles, sino hasta urgentemente necesarios.

Las palabras de monseñor, junto con una desvalorización del movimiento ciudadano encabezado por los estudiantes secundarios y universitarios, dejan ver una aceptación del lucro. Son más cercanas a un “príncipe de la Iglesia” (en su connotación despectiva) que a las de un verdadero pastor. Sería bueno que hojeara una Biblia y fuera a Mateo 6, 24: “Ninguno puede servir a dos señores, porque odiará al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas”. Para las denuncias de la injusticia, confío en que el arzobispo de Santiago sabrá ubicar en el Antiguo Testamento alguno de los textos de los profetas. 

Pido a los creyentes católico-romanos que recen porque su Dios les dé a sus líderes espirituales, por último, un poco de pudor. Sé que es mucho pedir la valentía de un Romero... mas, cuando hoy en Chile, nadie los asesinará por alzar la voz por quienes sufren injusticias.

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