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La importancia crucial de las humanidades en el MIT

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Por Deborah K. Fitzgerald[1]

El papel de las humanidades en la educación estadounidense ha sido objeto de mucho debate reciente en medio de preocupaciones porque las disciplinas STEM (sigla en inglés de: ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) estén eclipsando los campos de las humanidades en relevancia y perspectivas de carrera.

Entonces, algunos pueden sorprenderse y, espero, tranquilizarse, al aprender que aquí en el MIT, un bastión de la educación STEM, consideramos que las humanidades, las artes y las ciencias sociales son esenciales, tanto para educar a grandes ingenieros y científicos, como para sostener nuestra capacidad de innovación.

¿Por qué? Porque la misión del Instituto es avanzar en el conocimiento y educar a los estudiantes que están preparados para ayudar a resolver los problemas más desafiantes del mundo: energía, cuidado de la salud, transporte y muchos otros campos. Para hacer esto, nuestros graduados naturalmente necesitan conocimientos y habilidades técnicas avanzadas: el pensamiento profundo y original sobre el universo físico que es el genio de los campos de la ciencia y la ingeniería.

Pero los problemas del mundo nunca se limitan al laboratorio ni a la hoja de cálculo. Desde el cambio climático hasta la pobreza y la enfermedad, los desafíos de nuestra era son sin duda de naturaleza y escala humana, y las cuestiones de ingeniería y ciencia están siempre integradas en realidades humanas más amplias, desde profundas tradiciones culturales hasta códigos de construcción y tensiones políticas. Entonces, nuestros estudiantes también necesitan una comprensión profunda de las complejidades humanas, las realidades políticas, culturales y económicas que dan forma a nuestra existencia, así como de la fluidez en las poderosas formas de pensamiento y creatividad cultivadas por las humanidades, las artes y las ciencias sociales.

El plan de estudios de MIT ha evolucionado significativamente en los últimos 50 años para exigir que todos los estudiantes universitarios dediquen un tiempo considerable a temas como literatura, idiomas, economía, música e historia. De hecho, cada estudiante de MIT toma un mínimo de ocho de esas clases, casi el 25 por ciento de su tiempo total de clase.

En esas clases, nuestros estudiantes aprenden cómo las personas, las organizaciones y las naciones actúan según sus deseos e inquietudes. Obtienen perspectivas históricas y culturales, y habilidades de pensamiento crítico que los ayudan a colaborar con personas de todo el mundo, así como habilidades de comunicación que les permiten escuchar, explicar e inspirar. Aprenden que la mayoría de las situaciones humanas desafían una sola respuesta correcta, que la vida misma es raramente, si alguna vez lo es, tan precisa como un problema matemático o tan clara como una elegante ecuación.

Algunos de los mejores testimonios sobre el valor de tal educación provienen de nuestros ex alumnos de ciencia e ingeniería. Una recién graduada que ingresó a la facultad de medicina escribió sobre cómo su práctica como médica requiere no solo conocimiento médico, sino también la capacidad de interpretar las historias y relatos de sus pacientes, una habilidad que adquirió leyendo literatura, estudiando las diversas formas de narración, las muchas formas en que los humanos compartimos información vital. “La biología del MIT me preparó para la medicina”, dice ella. “La literatura me preparó para ser médico”.

Los empresarios también encuentran un conjunto de habilidades muy valiosas. Un distinguido graduado de ingeniería del MIT y emprendedor señala: “La introducción a la filosofía y la historia de las ideas resultó ser el valor y el beneficio más duradero de mi educación en el MIT”. Otro graduado de ingeniería que ha transformado el campo de la electrónica dice: “Una educación para una persona joven es más importante que una especialidad. Cuando aprenda sobre varias disciplinas, puede comenzar a conectarlas. Encontré mis clases de economía e historia particularmente útiles”.

Una destacada graduada de MIT en ciencias de materiales, que cita sus clases de literatura y de historia del arte en el MIT como clave para expandir su visión del mundo, ahora es la decana de una facultad de ingeniería, con una perspectiva de primera línea sobre lo que los ingenieros necesitan para tener éxito en el mercado actual. Ella dice: “Los empleadores quieren estudiantes que puedan liderar, trabajar en equipo, trabajar en distintas culturas y especialmente comunicarse, y gran parte de esa capacidad proviene de estudios en literatura, artes y ciencias sociales. El mundo necesita solucionadores de problemas creativos que puedan tener en cuenta la perspectiva humana”.

Como educadores, sabemos que no podemos anticipar todas las formas que tomarán los futuros desafíos de nuestros estudiantes, pero podemos proporcionarles algunos fundamentos que serán guías para el proceso continuo de exploración y descubrimiento. Podemos ayudar a dar forma a su resiliencia y prepararlos para analizar y resolver problemas tanto en situaciones familiares como desconocidas. Al hacer un llamado a las disciplinas STEM y de humanidades, como modos de conocimiento que informan mutuamente, nuestro objetivo es brindarles a los estudiantes una caja de herramientas repleta de herramientas para apoyarlos a lo largo de sus carreras y vidas.

Cualquiera que sea nuestra vocación, ya sea para ser científicos, ingenieros, poetas, servidores públicos o padres, todos vivimos en un mundo complejo y en constante cambio, y todos merecemos lo que hay en esa caja de herramientas: habilidades de pensamiento crítico; conocimiento del pasado y otras culturas; una habilidad para trabajar e interpretar números y estadísticas; acceso a las ideas de grandes escritores y artistas; una voluntad de experimentar, de abrirse al cambio; y la capacidad de navegar la ambigüedad.

Lo que está en juego en estos días es algo muy importante ¾para individuos, sociedades y para el planeta mismo¾ y no podemos ser complacientes. Los tiempos nos están llamando a acelerar y compartir el mundo de las ideas con todos los que anhelan más experiencia, creatividad y significado. Y, cuanto más podamos revitalizar la educación en alianza con nuestros colegas de STEM, mejor. Porque mientras nosotros como educadores podemos, por buenas y prácticas razones, dividir el espectro del conocimiento en varias categorías, la mente en sí misma es el polímata[1] original, recurriendo a fuentes diversas y a menudo sorprendentes, a medida que realiza el maravilloso trabajo de hacer nuevas conexiones, y estableciendo nuevos caminos para el pensamiento, el discernimiento y la acción.


 

Fuente del artículo original en inglés: https://www.bostonglobe.com/opinion/2014/04/30/mit-humanities-are-just-important-stem/ZOArg1PgEFy2wm4ptue56I/story.html. Título original: "En el MIT las humanidades son tan importantes como las STEM".

[1] Profesora de Historia de la Tecnología en el Programa de Ciencia, Tecnología y Sociedad del MIT y decana de la Escuela de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales del MIT.

[2] Polímata: "Persona con grandes conocimientos en diversas materias científicas o humanísticas" (http://dle.rae.es/?id=TY61Ul0).

12/03/2018 10:48 andrés monares #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Los patricios aún necesitan a los políticos

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El escritor estadounidense Howard Fast (1914-2003), desarrolla en su clásica novela Espartaco la historia del gran levantamiento de esclavos que hizo temblar a la República patricia romana en el siglo I a.C. En el libro el autor deja en evidencia la decadencia moral de las élites romanas y de su sistema político.

Pero, en realidad, Fast termina hablando de su propia época; la cual, de hecho, todavía es nuestra época. En el fondo expone metafóricamente la explotación contemporánea del pueblo por las élites, y la decadencia moral de dichos grupos hegemónicos y de las repúblicas modernas que construyeron y manejan. Con el agravante que supondría el abandono occidental del sistema esclavista por el mercado libre del trabajo y la igualdad jurídica.

Dejamos aquí un fragmento de la novela, en donde el autor recrea un diálogo entre dos políticos romanos: Cicerón y Tiberio Graco. En la conversación, éste último se explaya cínicamente sobre su idea de la política. Su cinismo se deja ver de inmediato, al señalar con que el pueblo inocentemente cree que un político franco es un político honesto:

—Es mi única virtud y es extremadamente valiosa. En un político la gente la confunde con la honestidad. Como usted sabe, vivimos en una república. Y esto quiere decir que hay mucha gente que no tiene nada y un puñado que tiene mucho. Y los que tienen mucho tienen que ser defendidos y protegidos por los que no tienen nada. No solamente eso, sino que los que tienen mucho tienen que cuidar sus propiedades y, en consecuencia, los que nada tienen deben estar dispuestos a morir por las propiedades de gente como usted y como yo y como nuestro buen anfitrión Antonio Cayo. Además, la gente como nosotros tiene muchos esclavos. Esos esclavos no nos quieren. No debemos caer en la ilusión de que los esclavos aman a sus amos. No nos aman y, por ende, los esclavos no nos protegerán de los esclavos. De modo que mucha, mucha gente que no posee esclavos debe estar dispuesta a morir para que nosotros tengamos nuestros esclavos. Roma mantiene en las armas a un cuarto de millón de hombres. Esos soldados deben estar dispuestos a marchar a tierras extrañas, marchar hasta quedar exhaustos, vivir sumidos en la suciedad y la miseria, revolcarse en la sangre, para que nosotros podamos vivir confortablemente y podamos incrementar nuestras fortunas personales. Los campesinos que murieron luchando contra los esclavos se encontraban en el ejército, en primer lugar, porque habían sido desalojados de sus tierras por los latifundios. Las casas de campo atendidas por esclavos los convirtieron en miserables sin tierras y ellos murieron para mantener intactas estas casas de campo. Por lo que nos vemos tentados a asegurar que todo esto es una reductto ad absurdum. Porque usted debe considerar lo siguiente, mi querido Cicerón: ¿Qué perderían los valerosos soldados romanos si los esclavos vencen? En verdad, ellos los necesitarían desesperadamente, ya que no hay suficientes esclavos para trabajar adecuadamente las tierras. Habría tierras de sobra para todos y nuestros legionarios lograrían aquello con que sueñan, su parcela de tierra y una pequeña casita. No obstante, marchan a destruir sus propios sueños, para que dieciséis esclavos transporten a un viejo cerdo obeso como yo en una cómoda litera. ¿Niega usted la verdad de todo lo que he dicho?

—Creo que si lo que usted dice lo dijera un individuo cualquiera en el Foro, tendríamos que crucificarlo.

—Cicerón, Cicerón —dijo riendo Graco—, ¿se trata de una amenaza? Soy demasiado obeso, pesado y viejo para ser crucificado. Y ¿por qué se pone usted tan nervioso ante la verdad? Es necesario mentirles a los otros. Pero ¿es necesario que nosotros creamos en nuestras propias mentiras?

—Tal como usted lo plantea. Usted simplemente omite la cuestión fundamental: ¿Un hombre es igual a otro o distinto a otro? Hay una falacia en su breve discurso. Usted parte del supuesto de que los hombres son tan iguales entre sí como las peras que hay en una canasta. Yo no. Hay una élite, un grupo de hombres superiores. Si los dioses los hicieron así o fueron las circunstancias, no es cuestión para ponerse a discutirla. Pero hay hombres aptos para mandar y como son aptos para mandar, mandan. Y debido a que el resto son como ganado, se comportan como ganado. Ya ve; usted ofrece una tesis, pero lo difícil es explicarla. Usted ofrece un cuadro de la sociedad, pero si la verdad fuera tan ilógica como su cuadro, toda la estructura se desmoronaría en un día. Lo que usted no logra es explicar qué es lo que mantiene unido este ilógico rompecabezas.

—Sí que lo logro —respondió Graco—.Yo lo mantengo unido.

—¿Usted? ¿Usted solo?

—Cicerón, ¿cree usted realmente que soy un idiota? He vivido una larga y azarosa vida y aún me mantengo en la cúspide. Usted me preguntó antes qué era un político. El político es el centro de esta casa de locos. El patricio no puede hacerlo por sí mismo…

Sí, Fast tiene razón. Al hablar de la república oligárquica romana del siglo I, no hace falta mucha imaginación ni conocimientos para darse cuenta de que los patricios aún necesitan a los políticos para que les hagan el trabajo sucio. Ellos son quiénes siguen convenciendo a los pobres de que otros pobres como ellos son la causa de sus males, y de que la riqueza de los ricos es justa y hasta les traerá frutos a los desposeídos y trabajadores.

En el Chile contemporáneo, esa fue la labor de la dictadura cívico-militar que discursivamente señalaba no hacer política, lo cual era reafirmado por los tecnócratas que concebían su política como medidas técnicas. Luego, ese fue el rol de los políticos de la megacoalición neoliberal, el duopolio o las dos derechas, de nuestra interminable transición.

Y aquí estamos. En pleno siglo XXI como en el siglo I romano. Chile es casi un ejemplo modélico de que los patricios aún necesitan a los políticos para que les hagan el trabajo sucio. Y nosotros, la plebe, seguimos ansiosos de pan y circo.

16/03/2018 20:33 andrés monares #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

No se debate la falta de debate: sobre tecnócratas y beatos chilenos

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“El rasgo más llamativo de la investigación reciente sobre Chile
[es] la ausencia de debates fundamentales”
Philip Oxhorn

En Chile se discute poco y nada. No sólo en redes sociales. Miren Uds. los medios: el discurso es evidentemente uniforme, con algunas salidas de madre de gente considerada “populista”. Las que en general, no son otra cosa que posturas socialdemócratas, fácilmente homologables, para quien tenga información, con ideas, valores o medidas que ya son parte de la tradición de países como Suecia o Canadá... Ya verá Ud. el extremismo del que estamos hablando.

Al tenor de ciertos hechos, se sabe que tal pobreza intelectual no es producto de la casualidad, ni de lo especialmente mediocres que somos los chilenos. Tal ambiente se ha planificado y aplicado desde las élites; puntualmente, desde las élites de las élites: la tecnocracia economicista y ciertos movimientos religiosos ultraconservadores.

De ello da buen cuenta la socióloga María Angélica Thumala, en su libro Riqueza y piedad. El catolicismo de la elite económica chilena (2007):

“Un modo de evitar discusiones en las que se planteen verdaderos contrastes de ideas es, como se observa en las narrativas de esta investigación, hacer uso de contenidos realmente simples y previamente seleccionados de la doctrina de la Iglesia Católica proporcionados por los líderes e intelectuales de los movimientos religiosos y de los ‘think tanks’ de derecha. El Opus Dei y los Legionarios de Cristo tienen la habilidad de proporcionar a sus miembros y simpatizantes una batería de postulados y afirmaciones de inspiración religiosa y aplicación social que algunos miembros de la elite pueden manejar a modo de slogans sin tener que reflexionar acerca de ellos en la vida cotidiana. Estos principios, como por ejemplo la idea de que el respeto a la ley natural trae la felicidad, que la economía social [¡sic!] de mercado es el mecanismo más apropiado para la eliminación de la pobreza o que toda intervención estatal de la economía es negativa, aparecen no sólo en las entrevistas para esta investigación, sino también en la prensa escrita y en publicaciones académicas y son un asilo seguro donde refugiarse de las consecuencias destructivas del verdadero debate. (…) No es sorprendente, entonces, que los debates intelectuales sean rechazados en pos de procesos de toma de decisiones ‘técnicas’, ‘neutrales’ y ‘objetivas’. En vez de discusiones ‘académicas’ o reflexiones ‘filosóficas’ que conducen a ninguna parte, estos hombres favorecen la ‘acción’ y el comportamiento ‘práctico’. (…) En la imaginación de los miembros de la elite cercanos a la derecha, la política es definida como confrontación y como la imposibilidad de llegar a acuerdos pacíficos. (…) Las descripciones de la economía de mercado presentadas en el capítulo 3 como un mecanismo neutro y objetivamente superior para la generación de riqueza buscan negar la base política de las decisiones sobre la economía nacional”

Tal como dice Thumala, hace años que diariamente se puede constatar que en Chile hay verdades absolutas e incuestionables... por groseramente ideológicas y débiles que sean. Y ellas se elaboran y difunden desde los grupos de poder conservadores, donde los economistas científicos caminan de la mano con los piadosos católicos. Los ultra, sean ateos o religiosos, escriben el libreto y dirigen la obra.

 

17/03/2018 17:07 andrés monares #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

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