Facebook Twitter Google +1     Admin

Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2011.

Hasta siempre Helmut Frenz. Perdona lo poco.

20110916171812-foto-helmut-frenz-2.jpg

El pastor luterano Helmut Frenz falleció en Hamburgo, Alemania, el pasado martes 13 de septiembre. Su muerte mereció una cobertura menos que mínima de los medios. Por un lado, él muerto en una cama contra 21 compatriotas fallecidos en un terrible accidente... es una contienda desigual ante el olfato “periodístico” de cualquiera de nuestros editores-mercachifles. Pero asimismo, Helmut Frenz es un personaje del pasado y de un pasado que, se ha insistido desde esos mismos medios, debe olvidarse. Sería necesario dar vuelta la página. Recordar es seguir pegados en ese pasado, es no mirar al futuro. Gente como Helmut debe ser desaparecida junto con los desaparecidos.

De ahí los continuos despachos de hasta el más absurdo y superficial detalle de lo que ocurre en Juan Fernández. Es comprensible la preocupación de los periodistas porque nadie se pierda, por ejemplo, dónde duermen o quién les cocina. Para peor, tragedia sobre tragedia, murió un suboficial de la FACH en otro lamentable accidente. El nuevo fallecido había ido a la isla como voluntario y estaba a punto de subir al avión que lo traería de vuelta.

Por si fuera poca esa competencia, la cercanía del 18 tiene intensamente ocupados a los medios. Es de la mayor relevancia mostrarnos dónde adquirir trajes típicos por buen precio, cuántos autos saldrán de Santiago por el fin de semana largo, cómo hay que cuidarse para no subir de peso en las fiestas, qué locales son los más baratos para comprar para un asado e incontables etcéteras. Cuál más absurdo y vano que el otro.

Definitivamente Helmut Frenz eligió una pésima semana para dejar este mundo. Pero así parece que era. Desarrolló, cual fijación quizás, una capacidad para ir contra la corriente. O contra ciertas corrientes.

Tal como lo cuenta en Mi Vida Chilena (LOM Ediciones, 2006), llegó al país en 1965. En una etapa de convulsiones y cambios. Y arribó como un extraño... y uno muy alemán por lo demás: con su orden germánico que calzaba con el de la colonia germánica y al cual debían adecuarse los chilenos. Sin embargo, poco a poco los hechos y su forma de ser o su forma de ser y los hechos, lo fueron metiendo cada vez más en el torbellino de la vida nacional. Un torbellino que aún le deparaba sucesos terribles tras el golpe.

Su humildad lo hacía capaz de reírse de su período de alemanote conservador. Cuando me regaló su libro autobiográfico, nos encontramos al poco tiempo después y lo primero que me preguntó en tono festivo, burlándose abiertamente de sí mismo, es qué me había parecido su alarmante “Primer Informe Sobre la Situación en Chile”. Le divertía a Frenz el tono conservador y timorato de ese pastor alemán que en algún momento había sido. Por fortuna pudo librarse de él y servir a sus prójimos con admirable valentía, sin hacer preguntas ni discriminaciones.

Ese deber irrenunciable que tenía como cristiano lo llevó a denunciar injusticias, esconder perseguidos, gestionar liberaciones, organizar y coordinar ayuda para los fugitivos y encarcelados, y a esforzarse por difundir lo que sucedía en Chile. En eso estaba al momento de su expulsión del país en 1975. Este Frenz distaba mucho del despistado pastor que llegara diez años antes y había desarrollado un nexo con estas tierras y su gente al punto de que en su propia Alemania decía sentirse “exiliado”.

Conocí a Helmut Frenz hace unos pocos años, no más de seis o siete creo. No fui su amigo ni mucho menos. Mas, su transparencia hacía que no hubiera que compartir con él por largo tiempo para darse cuenta de su forma de ser. Yo sabía quién era ese “personaje”: un gran “luchador” por los Derechos Humanos, alguien que se jugó su propia vida por salvar las de otros. Su seriedad y el hecho de que fuera un viejo grandote, el típico alemanote a ojos de un chileno, le hacían honor a su cartel de “personaje”. Sin embargo, al tratarlo quedó claro que su calidez no calzaba con esos próceres inmortalizados en alguna estatua por ser “luchadores incansables”. No era grave ni vanidoso, todo lo contrario.

Frenz me pareció un hombre de fe sincera, de esos que hacen que hasta el ateo más acérrimo termine respetando una religión y el anticlerical militante a un pastor. Sin duda fue lo que los cristianos llaman un hombre de buena voluntad. Y fue un tipo muy valiente cuando comprendió que no podía escapar de las exigencias éticas radicales de Jesús. ¡Qué suerte que lo entendiera o se dejara guiar por su fe! Cuántos y cuántas siguieron viviendo gracias a eso.

En la ceremonia que se organizó en su ex parroquia de Ñuñoa en Santiago, el mismo martes de su muerte, más de alguien le agradeció emocionado el seguir vivo o el que algún ser querido no hubiera sido asesinado por la dictadura. Para mi es muy difícil describir los sentimientos que despiertan esos relatos en primera persona. Ellos, en el fondo, hablan de la sencilla grandeza de Frenz. Quien pudiendo haber escogido una vida sosegada escondiéndose tras las cuatro paredes de su iglesia, dejó una huella tan hermosa y singular: salvar vidas y ayudar a quienes sufren lo horrendo. Admiración que aumenta al haberlo conocido y haber tratado a un hombre muy gentil y, podría decirse, hasta manso. Pero alguien igualmente capaz de indignarse y actuar en consecuencia.

Estimado Helmut, tu muerte, que recuerda tu vida, pasará desapercibida en el gran escenario mediático. A los editores-mercachifles no les sirves. Tu humanidad no aumenta el rating y por ende no atrae auspiciadores. Tus años de consecuencia, los problemas y peligros que te trajeron, no son nada. No figuras en el recién levantado panteón mediático de los fallecidos comprometidos ni en el de los fallecidos bondadosos. Para ti no habrá duelos nacionales, ni cámaras en las ceremonias donde se te recuerde. Tu caridad y valor te convirtió en chileno antes de serlo legalmente y hoy nos toca ser testigos del modo en que te paga el Chile oficial.

Pero ese país de plástico no representa a todos y todas tus compatriotas. Tenlo por seguro. Las vidas que ayudaste a mantener son la mejor prueba de ello. Será un lazo indestructible entre tú y esas vidas, y entre las y los que siempre te recordarán aunque no hayan sufrido en carne propia la cárcel, la tortura o el exilio.

Muchas gracias Helmut Frenz y perdona lo poco.

16/09/2011 11:18 andrés monares #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Adivina buen adivinador

20110926161418-19.jpg

A propósito de la solicitud palestina de ser aceptada en la ONU y de la ocupación del estado terrorista de Israel, una columna publicada hace un tiempo (1)... que lamentablemente en casi medio siglo no ha perdido actualidad.

 

Por estos días un conocido —algo excéntrico por decirlo de un modo suave— anda por ahí proponiéndole a quien lo quiera escuchar una especie de jueguito. Bastante macabro por lo demás. Te propone adivinar los protagonistas de un genocidio… “por goteo”, agrega con una especie de picardía bastante tétrica. El objetivo es identificar a qué victimario y víctima se refiere. Te mira desafiante, como para que no quede duda de que si te niegas eres un cretino, y te cuenta el siguiente relato:

“Un Estado X invadió y ocupó el territorio de una Nación Z. Como parte de su estrategia de ocupación, el Estado X termina por encerrar en un gueto a la población étnicamente diferente de la Nación Z. En esta especie de cárcel gigante, lleva a cabo una política de hostigamiento y discriminación contra ellos. Confisca propiedades, destruye otras, corta arbitrariamente el abastecimiento de los servicios básicos, prohíbe la libre circulación, etc. Además, emprende una campaña de feroz represión que incluye asesinatos, secuestros, tortura, encarcelamiento y todo tipo de atropellos a la dignidad y los derechos de hombres no combatientes, ancianos, mujeres y niños”

Una vez que termina su narración, te mira sonriendo socarronamente a los ojos y te pregunta con un gozo que se nota hace lo posible porque sea manifiesto: “¿Y?... Ya poh... ¿Quiénes son los protagonistas?”. Y mientras te pregunta, sube y baja las cejas rápida y repetidamente.

Cualquier persona que haya visto algún noticiero de televisión o leído un diario en los últimos días, se extrañará de tanta alharaca y misterio para un asunto tan evidente (2). Responderá con toda seguridad que el Estado X es Israel y la Nación Z es Palestina. Yo lo hice. Después supe que el 100% de quienes sometió a su singular encuesta habían respondido lo mismo.

Sin embargo, apenas terminé de pronunciar la última sílaba de mi contestación, el singular narrador lanzó una gran y sonora carcajada. Después supe que en el 100% de los casos había hecho lo mismo. Me miró sonriendo aún más socarronamente a los ojos que antes y me dijo con un gozo todavía más notorio que el de hace unos pocos segundos atrás: “No poh. Te equivocaste. El Estado X es la Alemania nazi y la Nación Z son los judíos del gueto de Varsovia”... Y volvió a subir y bajar las cejas rápida y repetidamente. Gesto que sin lugar a dudas significaba “Ahí quedaste”.

Esbocé un rictus indefinible. De esos que en realidad no dicen nada o tal vez puedan servir para aceptar lo más implícitamente posible que uno salió pillado... Acto seguido, por única reacción atiné a decir algo poco inteligente, y que por ende mal podía hacerme salir del paso: “Aaaaah sip, de vera’... los nazis y los judíos en Varsovia...”. Con una tonta sensación de haber sido derrotado en el juego —en uno bastante trascendente en consecuencia— me alejé del extraño encuestador. Me despedí sólo con una levantada de cejas y un ligero cabeceo.

Mientras caminaba le fui dando vueltas al jueguito. Y después de un rato no lo encontré tan jueguito, o sea, una cuestión vana y superficial. De hecho, para empezar me di cuenta que se lo podría estar jugando desde hace décadas. Salvo por detalles que delatan que estamos en los últimos días del año 2008, las imágenes televisivas y las fotografías de Gaza podían tener varias décadas. Es más, podían ser de cualquier lugar de Palestina en donde se resiste. Porque, siempre es necesario recordar, no estamos ante una guerra como otras. Es una ocupación y una resistencia. Que a veces no se compartan los métodos de los combatientes que luchan contra el conquistador, no cambia el fondo del asunto: es una ocupación y una reacción a ella que se llama resistencia.

La tonta sensación de haber sido derrotado por un tonto jueguito, se tornó en una sensación de derrota profunda. De una insondable derrota de mi persona en sí. Pero que en realidad era como una parte de una amarga derrota de la humanidad toda. Una derrota, finalmente, de lo humano. Fue cuando recordé las palabras de Gilad Atzmon, músico y escritor israelí: “Israel funciona como un megalómano y violento gueto judío, motivado por un fanatismo homicida que utiliza como herramientas la letal tecnología yanqui”.

No me deja de enternecer las décadas de sufrimiento del pueblo palestino. No dejo de admirar la valentía del pueblo palestino. Menos cuando su sufrimiento y su valentía ha sido una especie de compañía desde que tengo conciencia y recuerdos. Algo muy parecido me ocurre con los horrores nazis y en particular con el sufrimiento del gueto de Varsovia. A pesar de que no los viví contemporáneamente, tampoco me ha dejado nunca de enternecer la valentía de esos judíos y tampoco he dejado nunca de admirarlos.

 

NOTAS:

(1) www.piensachile.com/secciones/opinion/4976-adivina-buen-adivinador.

(2) Originalmente esta columna fue escrita a raíz del ataque del Estado Judío de Israel contra la franja de Gaza (operación "Plomo Fundido") entre diciembre de 2008 y enero de 2009. El balance de los 25 días de ataque fue de "1.300 palestinos muertos, de los que un tercio son niños; 13 soldados israelíes muertos, cinco de ellos por fuego amigo; y 4 civiles de Israel muertos por los 778 cohetes lanzados por Hamás" (http://www.elmundo.es/elmundo/2009/01/03/internacional/1231014514.html).

FOTO del encabezado copiada desde: http://elromancesonambulo.blogspot.com/2010/06/israel-nazi.html

26/09/2011 09:55 andrés monares #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris